El Calvario someterá a Cabildo la restauración de Nuestro Padre Jesús del Calvario

La intervención sobre la imagen, realizada en 1724 por Fray Juan de la Concepción, será sometida a la aprobación de los hermanos el próximo 9 de octubre en San Lorenzo

La Hermandad del Calvario de Córdoba ha convocado a sus hermanos a un Cabildo General Extraordinario que tendrá como único asunto la restauración de Nuestro Padre Jesús del Calvario y la aprobación, si procede, de la intervención planteada sobre la venerada imagen. La cita tendrá lugar el próximo viernes 9 de octubre, a las 21:15 horas, en la Real Parroquia de San Lorenzo Mártir, una vez concluya la Misa de Triduo.

La convocatoria se realiza conforme a lo establecido en los Estatutos de la corporación, que ha solicitado a los hermanos su presencia y máxima puntualidad ante una reunión de especial relevancia para la conservación de una de sus principales devociones. El orden del día queda circunscrito a un único punto: «Restauración de Nuestro Padre Jesús del Calvario y, aprobación, si procede».

Una imagen concebida para despertar la devoción

La historia de Nuestro Padre Jesús del Calvario se remonta a 1724, cuando el religioso trinitario Fray Juan de la Concepción realizó la talla. Su ejecución respondió a una disposición contenida en la segunda regla de las constituciones primitivas de la cofradía, que establecía la necesidad de disponer de una imagen de Jesús Nazareno capaz de mover a los fieles a la devoción durante los ejercicios de la Vía Sacra que se desarrollaban en el campo del Marrubial.

Aquellas constituciones explicaban la finalidad de la imagen aludiendo al atractivo y a la ternura que debía suscitar la contemplación de Jesús cargando con la Cruz camino del Calvario. En ese contexto se entiende la concepción de una escultura destinada no únicamente a representar el pasaje evangélico, sino también a favorecer, mediante su presencia, la experiencia devocional de quienes participaban en aquellos ejercicios.

El 9 de abril de 1724, Viernes Santo, la Cofradía trasladó la recién realizada imagen de Jesús Nazareno hasta el Palacio Episcopal para que fuese bendecida por el obispo Marcelino Siuri. Tras recibir la bendición episcopal, el Señor salió aquella misma noche hacia el barrio de San Lorenzo con motivo del Santo Ejercicio del Vía Crucis.

La huella granadina y el lenguaje del rococó

La formación de Fray Juan de la Concepción durante su periodo de noviciado en Granada constituye uno de los elementos que permiten explicar la personalidad estética de la talla, vinculada a los gustos propios del barroco granadino. La imagen fue realizada en madera de pino de Flandes, material sobre el que el escultor desarrolló una concepción plástica caracterizada por la delicadeza de sus formas.

Su lenguaje formal se inscribe, además, en los aires dulcificadores que recorren los años del rococó. La escultura presenta formas menudas concebidas para producir delectación en quien la contempla y que encuentran en la ternura, la debilidad y la compasión algunos de sus principales valores expresivos. La belleza se convierte así en el instrumento mediante el cual la imagen alcanza el propósito fundamental para el que fue concebida: atraer hacia la devoción.

Como sucede habitualmente con las imágenes de vestir, el tratamiento escultórico adquiere una atención especialmente acusada en aquellas partes destinadas a permanecer expuestas a la contemplación. Las extremidades inferiores, anatomizadas, generan un movimiento de avance discreto mediante el adelantamiento del pie izquierdo.

Los brazos presentan articulación en los codos, una solución que facilita tanto el revestimiento de la imagen como su disposición con las manos sobre la Cruz. Ambas manos abrazan con suavidad la mitad inferior del palo menor, situándose la diestra algo más baja y siguiendo la inclinación que marca el torso. La documentación fotográfica antigua permite constatar, además, una disposición diferente en determinados momentos, pues en esos testimonios el Señor aparece sujetando con la mano izquierda la cabecera de la Cruz.

Un rostro marcado por la delicadeza y el dramatismo contenido

El modelado de la escultura rehúye los alardes anatómicos y opta por una ejecución acorde con el decoro propio de una imagen destinada al culto. Dentro de este planteamiento, la cabeza constituye uno de los principales focos de atracción de Nuestro Padre Jesús del Calvario y una de las claves de la capacidad devocional que la imagen ha conservado durante casi tres siglos.

El rostro presenta una frente despejada, cejas finas y arqueadas, grandes ojos cristalinos de mirada baja y una boca pequeña y entreabierta. El semblante queda enmarcado por pequeños mechones longitudinales de bigote y barba, mientras que esta última, de configuración bífida, permite contemplar la parte superior de la barbilla.

La larga cabellera se adapta al cráneo y desciende suavemente hacia la espalda. Sobre este tratamiento de delicada expresión se incorporan elementos destinados a introducir un componente pasionista más evidente: los regueros de sangre y el hematoma localizado en el pómulo izquierdo aportan dramatismo a la representación, aunque sin quebrar la mesura que caracteriza al conjunto. Las cálidas carnaciones contribuyen, finalmente, a reforzar sus valores escultóricos.

Tres intervenciones precedentes

La imagen ha sido objeto de tres restauraciones a lo largo de su historia reciente. La primera tuvo lugar en 1949, cuando la intervención fue realizada por Amadeo Ruiz Olmos.

La segunda actuación se produjo en 1984, de la mano de Miguel Arjona Navarro. En aquella ocasión se procedió a restituir las partes deterioradas de la policromía y se reforzaron las piernas mediante nervios de hierro.

La tercera restauración se llevó a cabo en 2001, siendo Enrique Ortega Ortega el encargado de realizarla. Con estos antecedentes de conservación, la Hermandad del Calvario plantea ahora ante sus hermanos una nueva intervención, cuya aprobación deberá ser abordada en el Cabildo General Extraordinario convocado para el 9 de octubre.