Lo decíamos hace tan solo unas horas: quien no sepa lo que es la Semana Santa, quien no esté preparado, mejor que no firme parte de ella. Lo decíamos a cuento de la participación de algunos números de la Guardia Civil que escoltaban a los pasos de la Paz y Esperanza, que se quejaban de la bulla y volvemos a repetirlo a consecuencia de la bochornosa actitud de algún miembro de la Policía Local que precedía el discurrir del paso del Cristo de Gracia por la calle Don Rodrigo.
En un tramo en el que la calle se estrecha, cuando el paso del crucificado indiano se acercaba, un policía local comenzó a echar a empujones, «a lo almonteño», al público que en fila de a uno estaba esperando la llegada del Cristo de Gracia, como hace cada año, después de haber presenciado por ese punto el paso de la Virgen de las Angustias. Bien es cierto que el paso del Cristo de Gracia es más ancho que los demás, pero no es menos cierto que pasa por ese punto todos los años sin que ocurra lo que ha sucedido éste.
Sea como fuere y con independencia de que sea o no necesario sacar al público de ese enclave (probablemente lo sea), lo que resulta de todo punto inconcebible es que se haga a empujones y con malos modos. Cuando una señora ha pedido que al menos le dejen sacar el carrito de bebé que llevaba, el policía ha respondido a gritos y con malos modos, palabras malsonantes (blasfemas) incluidas. El resultado de todo ello ha sido un auténtico desaguisado, que ha perjudicado el normal desarrollo de la cofradía hasta el punto de que una mantilla ha tenido que ser atendida por un mareo, amén de los llantos de los niños asustados que se han visto obligados a cangrejear delante del paso, con sus padres, hasta salir de allí.
Seguridad sí, pero con respeto, saber estar y sin malos modos. Aunque para eso es necesario que los agentes de policía que hacen esta encomiable labor delante de los pasos o gestionando las bullas de Semana Santa sepan hacer bien su trabajo. Y para eso, probablemente hagan falta dos cosas: agentes preparados para desenvolverse en estos ambientes y formación específica, que gestionar una bulla de Semana Santa nada tiene que ver con poner multas, controlar una carrera o dirigir el tráfico. Formación, que no todo es poner en jaque a la ciudad si no se admiten las demandas laborales. Y que el ayuntamiento tome nota para estas barbaridades no vuelvan a ocurrir.





