Córdoba, ⭐ Portada, 💚 El Rincón de la Memoria

La procesión extraordinaria de San Rafael de mayo de 1939

Adolfo Pérez Muñoz propuso esta celebración excepcional en el Templo Mayor de la diócesis y que fuese dedicada también a la Virgen de la Fuensanta y a los Santos Mártires

La memoria de las cofradías cordobesas almacena un incontable rosario de recuerdos fruto de los acontecimientos diseminados a lo largo de los siglos. Hitos, en ocasiones casi desconocidos por el pueblo cofrade, pero que forman parte de la historia de nuestra religiosidad popular. Uno de estos acontecimientos tuvo lugar en mayo de 1939, apenas unas semanas después de que concluyera la Guerra Civil cuyo último parte de guerra fue firmado en Burgos por el general Francisco Franco el 1 de abril de 1939. El conocido cofrade, colaborador y buen amigo de Gente de Paz, David Simón Pinto Sáez, narraba este acontecimiento histórico que inundó de fieles las calles de Córdoba en aquellas jornadas inolvidables en las que los sentimientos se entremezclaban potenciando todas las emociones, qué duda cabe, a consecuencia de todo lo vivido en los años precedentes. 

Lo hizo en su interesantísimo libro «Historia y vida de la Semana Santa de Córdoba», publicado en 2013 por Abec editores, en concreto en el capítulo dedicado a los actos religiosos extraordinarios celebrados con motivo de la posguerra. Al respecto, Pinto Sáez explica que las circunstancias propiciaron que las tradicionales celebraciones en la iglesia del Juramento con motivo de la celebración anual de la aparición del Arcángel al Padre Roelas, fuesen sustituidas en 1939 por un traslado extraordinario de la imagen de San Rafael a la Santa Iglesia Catedral. Un traslado derivado de la propuesta formulada por el propio obispo de Córdoba, Adolfo Pérez Muñoz, para celebrar esta fiesta anual de manera excepcional en el Templo Mayor de la diócesis y que, para convertirla en aún más extraordinaria, fuese dedicada, además de al Custodio, a la Virgen de la Fuensanta y a los Santos Mártires.

Pinto explica que «la fiesta se plantea como un acto para la admiración y el recuerdo, engalanándose los muros del crucero de la Catedral con los tapices de terciopelo rojo galoneados en oro, propiedad de la Catedral, que no se utilizaban desde el inicio de la II República». Un gesto evidente que el propio autor del libro califica, de manera reveladora, como «toda una declaración de intenciones». «Bajo ellos -prosigue- se colocan las imágenes de San Rafael y la Virgen de la Fuensanta así como la urna con los restos de los Santos Mártires».

En concreto, tal y como se vislumbra en la fotografía que abre este rincón de la memoria, -que forma parte del archivo de la hermandad de la Misericordia-, la imagen de la Virgen de la Fuensanta fue situada en el altar mayor disponiéndose, en el lado del Evangelio, la arqueta que encierra las reliquias de los Santos Mártires mientras que la imagen del Custodio de Córdoba fue colocado en el lado de la Epístola. Pinto Sáez narra que «los cultos en honor de San Rafael se celebran entre el 7 y el 15 de mayo, a partir de las 10 de la mañana». En concreto, el ciclo comienza con la fiesta votiva en acción de gracias por la protección que el arcángel dispensa sobre la ciudad en el terremoto de 1755 y concluye, el día 15, con una solemne fiesta en acción de gracias por los favores recibidos durante la guerra.

Respecto al traslado de las imágenes, convertido en toda una suerte de procesión extraordinaria, David Pinto precisa que generó una enorme expectación en la ciudad, siendo «anunciada con un repique general de campanas el mismo sábado a partir de las 12 de la mañana, manteniéndose los edificios públicos adornados e iluminados no solo durante la procesión, sino también durante el mismo día 7 de mayo». Conviene subrayar que cada hermandad fue la encargada de organizar su propio traslado, la tarde del sábado 6 de mayo, estableciéndose como punto de encuentro la iglesia de San Pedro.

El inicio del traslado de la imagen del Arcángel, siempre según la narración de Pinto Sáez, se realizó a partir de las 4 de la tarde, siendo acompañada la imagen por la cruz y el clero parroquial de San Lorenzo así como por la Hermandad del Santo Ángel. El cortejo recorrió, desde la plaza de San Rafael, las calles Arroyo de San Rafael, Arroyo de San Lorenzo, plaza de la Magdalena, Borja Pavón y Alfonso XII, desde donde llegó a la iglesia de San Pedro, en concreto a la puerta denominada de la sombra situada frente a la plaza de Aguayos.

La Hermandad de La Fuensanta partió a la misma hora, junto con la cruz y el clero parroquial de Santiago, recorriendo las calles Carrera de la Fuensanta, Campo de Madre de Dios y Agustín Moreno hasta alcanzar la puerta llamada del sol. Desde la iglesia de San Pedro, el cortejo, convertido en uno solo, discurrió hasta la Catedral, ya incorporada la urna de los Santos Mártires, conformando una jornada que ya forma parte indisoluble de la memoria cofrade de la ciudad de San Rafael.

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