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El Capirote, Opinión, Sevilla

La procesión que no fue

Proliferan hermandades, agrupaciones de fieles e incluso las llamadas “piratas” continúan emergiendo a pesar de ser conocedoras del escaso futuro que tienen por delante viviendo al margen de la Iglesia. Y así continúan, a la sombra, con sus tinglaos y sus actos, a sabiendas de que poco les resta para desintegrarse.

Tampoco las hermandades que se encuentran bajo la influencia de la Iglesia están exentas de atravesar por etapas problemáticas. Haciendo balance de los sucesos que últimamente pueden terminar por empañar la imagen de una corporación nos encontramos con denuncias, anónimos que llegan a las estancias palaciegas del arzobispado e incluso amenazas en cabildos ordinarios que terminan como el rosario de la aurora.

La acción puede menoscabar tanto el seno de una hermandad como el silencio. Porque, a veces, aunque este puede determinar el buen rumbo de los acontecimientos también puede desempeñar un papel altamente peligroso en ciertas cuestiones. Uno de los más llamativos, a tenor de su aparición en las juntas de gobierno es el de las elecciones.

El hecho de no encontrar candidatos puede terminar provocando la extensión de la fecha límite para la presentación de candidaturas o la tutela de una comisión gestora que se encargue durante un periodo no muy prolongado en el tiempo de organizar los cultos y actos de una corporación hasta que tengan lugar las próximas elecciones o se suceda la aparición de un candidato dispuesto a llevar adelante toda una hermandad.

Las comisiones gestores proliferan como lo hacen las asociaciones civiles. En Jaén, la hemos visto recientemente en la hermandad de la copatrona de la capital, Santa Catalina, que viene a ser de las últimas en ocupar una lista que crece a pasos más agigantados de lo esperado. La presidencia de una hermandad, en normas generales, tampoco atraviesa por buenos momentos. Familias que pujan por el poder en las juntas de gobierno, otras que quieren controlar en la sombra una hermandad de siglos a sus espaldas, personajes que se erigen como detectives y filtran informaciones erróneas para desestabilizar a los miembros de una hermandad…

El daño puede llegar incluso más lejos de lo pensado. En Écija, por ejemplo, me comentan que la hermandad de la Merced se encuentra atravesando una etapa donde las dificultades han imposibilitado que varias candidaturas se presenten a las elecciones. Podría extenderse el plazo, o que el arzobispo nombrase una gestora. Quizá podrían solucionarse los problemas, pero hay espacios donde el deterioro ahonda y deja una herida incluso mayor. El pasado mes de septiembre se esperaba la procesión de la Virgen de la Merced, titular de gloria de la corporación del Viernes Santo desde el convento homónimo. Su discurrir por zonas tan emblemáticas como la calle Emilio Castelar a su paso por el palacio de Peñaflor o el de Valdehermoso no fue posible porque el paso se quedó en el templo. La celebración de los 800 años de la Orden de la Merced habría tenido su homenaje con una procesión que, a pesar de estar anunciada, entre otros espacios, en la página del Consejo de Hermandades de Écija, no llegó a realizarse. En aquella ocasión, las puertas cerradas a cal y canto del convento de la Merced fueron la única respuesta.

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