La Junta de Gobierno de la Hermandad de la Resurrección ha convocado a sus hermanos a la celebración de un importante cabildo general de índole extraordinario que tendrá lugar el viernes 7 de febrero de 2025 a las 20.00 horas en primera y única convocatoria.
El cabildo, que se celebrará en la Iglesia de Santa Marina y San Juan Bautista de la Salle, tiene un punto esencial en el orden del día, las propuestas de restauración de las imágenes de Nuestra Señora de la Aurora y María Santísima del Amor. Propuestas que llegan tras la exitosa intervención realizada sobre el Señor de la Sagrada Resurrección por el prestigioso restaurador Pedro Manzano.
Nuestra Señora de la Aurora

Formalmente, nos encontramos con una nueva recreación del rostro ideal que Antonio Dubé, con las diferencias que cada caso requiere, busca desvelar en sus imágenes de María. Podemos reconocer una mano experta en el dibujo y segura en el modelado, que traza un rostro exento de tensión o dureza, impregnado de recogimiento y una paradójica introspección comunicativa que suele atraer poderosamente la atención del fiel, quizás por su naturalidad o por manifestar un profundo pathos (íntima emoción que despierta otra similar en quien la contempla) más allá de la aparente serenidad. Es evidente que estos rasgos ya están presentes en la imagen antes de ser escogida por la Hermandad; pero también está claro que la imagen es escogida precisamente por poseer tales rasgos.
La expresión de todos aquellos conceptos teóricos los confió el autor al retoque mediante la policromía de unos ojos grandes y vivos, una boca entreabierta de labios elegantes con comisuras de estudiado ángulo y unas mejillas sonrosadas, en el marco de una inclinación de cabeza asociable a la solicitud materna. Las veraces proporciones y el más que correcto estudio anatómico, con el añadido del característico hoyuelo de las obras del autor, presentan al espectador un rostro que se mece entre lo ideal y lo real, orientado a evocar las emociones deseadas tanto por el imaginero como por la Hermandad: no transmite dolor ni tampoco alegría plena (o, tal vez, un poco de ambos sentimientos dependiendo del ángulo de observación); claramente revela meditación, firmeza, esperanza y, entreviéndose, un naciente gozo interior.
Se la atavía con vestiduras regias, con corona o diadema, salvo en cuaresma, que es vestida de hebrea; por su referencia y asociación al misterio pascual, en cuaresma (y noviembre) suele llevar pañuelo en la mano derecha (en ocasiones sostiene corona de espinas), mientras que el resto del año porta una rosa en la mano derecha y rosario en la izquierda.
María Santísima del Amor

Con evidente influencia de su padre (el tono místico general; el grupo nariz, boca y barbilla; sin olvidar las manos de exquisito modelado), Santos Calero define su personal visión de la dolorosa (que bien poco desarrolló, por otra parte), de ojos entreabiertos, tristes, cansados; nariz recta muy bien dibujada, boca pequeña; lejos de cualquier estridencia, la imagen se presenta serena, sosegada, resignada podríamos decir; a ello contribuye el primado de la simetría y el dibujo sobre el color, su frontalidad mayestática, y el gesto facial contenido. A la efigie se la dota de los atributos habituales: puñal en el pecho, pañuelo en la mano derecha, rosario en la izquierda; viste ropajes reales con corona o diadema, salvo en cuaresma, en que viste a la hebrea.
Desde 1979 hasta 1994, la imagen fue acogida en depósito por las Madres Comendadoras del Espíritu Santo en la capilla de su Convento de Dueñas, siendo en este último año recuperada para la Hermandad y trasladada a Santa Marina, donde volvió a recibir culto hasta el punto de ser incorporada, con su nueva advocación del Amor, como titular de la Corporación; ésta invita al Hermano en sus Reglas (10.5) a contemplarla como “Madre Dolorosa que, firme junto a la Cruz de su Hijo, recibió su testamento de Amor divino». Hasta el momento no ha necesitado de ninguna intervención restauradora.





