La rosa de oro es la Macarena

La Esperanza ya recorre Sevilla, camino de la Catedral

Arranca el día de la Inmaculada, el de la patrona de las Españas y, en un rincón de ellas, los fieles se arremolinan esperando a la Esperanza, a la Macarena. 

Llega la medianoche y la Madrugada se transporta al 8 de diciembre. Son millares de almas las que la aguardan a las puertas de su templo y prosigue la marea hasta la Resolana. Las esmeraldas se agitan en su pecho, señal de que sus costaleros ya están preparados. Y ese sutil temblor es el de las miles de almas que le rezan y que, poco después, la aclaman entre vítores. 

Suena Esperanza Macarena, le cantan la coral y el palio avanza, flamígero, entre la noche, en busca de la Catedral, pero pasando primero por su barrio, que rompe en aplausos. 

El tiempo se ha detenido en la mirada de la Esperanza. Hasta los cirios crepitan distinto cuando la alumbran y el son que marcan los varales es el péndulo del tiempo que no cesa y que, sin embargo, su mirada es capaz de detener, cuando su rostro se enfrenta al del cada devoto, desde una arista siempre diferente. 

En un cartel que le sale al paso, se dibuja su silueta, con la rosa de oro y la leyenda “rosal de amor”, pero aunque la lleva en su palio , casi a los pies, no hay Papá que pueda conferirle lo que es ella, la Macarena, la Rosa de Oro.