La rosa que deslumbra cada Cuaresma

San Francisco acoge a una rosa que cada Cuaresma parece deslumbrar y resurgir con mayor belleza, en este tiempo de austeridad. Estos 40 días la revitalizan y la despiertan mucho antes de tiempo, mucho antes del mes propio de la flor. El mirarla calma mi llanto y mi alma la espera como agua de Mayo, siendo esta la única capaz de calmar mi sed.

Su mirada desgarradora prende mi corazón, el cual se muere de hambre si ella en el no está, y es que en esta Cuaresma tardía, parece que ella se ausenta de mi vida, y lo entiendo, pues en estas fechas, tan solo en su hijo es capaz de pensar.

¡Qué rosa de belleza tan infinita y duradera! Parece la de un cuento que en mi infancia me solían contar. En él, la flor no desfallecía a no ser que el dueño de esta, su propia alma dejara de cuidar. ¿Es acaso eso Madre Mía? ¿Por el camino incorrecto me estoy dejando llevar? Será por eso por lo que lloras, porque por mis pecados, tu hijo, amarrado a una columna está.

Dejaré de ser esa «bestia» por la que Él sufre, y por la que sin merecerlo, la vida dará, pero para ello, déjame convertirme en el alma «bella» que de ti, Rosa Hermosa, sin duda cuidará. Y es que si algo ese cuento me enseñó, es que lo externo adorna el alma, pero no es eso lo importante, lo que urge es lo interior, lo que del alma nace y de lo que ella puedes entregar a Dios.