La Pro Hermandad de la Salud en su Divina Misericordia en el Beso de Judas y María Santísima de Regla, con sede en la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen, se dispone a afrontar una nueva salida en un contexto marcado por la dialéctica entre expansión y crisis, entre la afirmación de un proyecto cofrade en crecimiento y las tensiones internas que han condicionado su evolución más reciente. Fundada en 2012 por un grupo de fieles vinculados a la feligresía de Puerta Nueva, bajo el impulso inicial del prior Fray Manuel Conde Pérez y con Rafael Cano Corpas como primer presidente de la agrupación parroquial, la corporación experimentó desde sus orígenes un crecimiento sostenido y de notable intensidad, consolidándose como una realidad emergente dentro del tejido devocional de la ciudad.
Ese proceso de expansión, caracterizado por la ampliación de su base social, el fortalecimiento de su identidad espiritual y la progresiva definición de su patrimonio, se vio abruptamente interrumpido en 2025, cuando el Obispado de Córdoba decretó la intervención de la corporación, con la consiguiente destitución del hermano mayor y el nombramiento de un comisario episcopal. Las razones aducidas, si bien enunciadas en su momento, fueron difuminándose con el paso del tiempo en el ámbito público, generando un escenario de incertidumbre institucional que ha proyectado su sombra sobre el presente inmediato de la entidad.
El misterio del Beso de Judas y su desarrollo escultórico
En el núcleo simbólico y teológico de la corporación se erige Nuestro Padre Jesús de la Salud en su Divina Misericordia, obra del imaginero cordobés Manuel Luque Bonillo, bendecida el 23 de octubre de 2021 por el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández. Esta imagen, que vino a sustituir a una anterior del mismo autor, no solo ocupa el centro físico del paso, sino que se configura como el eje vertebrador de la narrativa pasionista, articulando en torno a sí el pasaje del Beso de Judas con una notable carga expresiva.
El conjunto escultórico se completa con la figura de Judas Iscariote y los apóstoles San Juan, San Pedro y Santiago el Mayor, cuya incorporación en 2023 supuso un enriquecimiento sustancial de la escena, tanto desde el punto de vista compositivo como catequético. De este modo, el misterio adquiere una dimensión didáctica y contemplativa, en la que cada figura dialoga con el espectador en un juego de tensiones, gestos y silencios.
Un paso procesional de nueva factura y un capataz con estilo propio
La evolución patrimonial de la corporación encontró un hito decisivo en 2024 con la presentación de su nuevo paso de misterio, concebido en estilo neobarroco y de planta rectangular, conforme al diseño de Jesús Benzal y materializado por Fernando Alcalá Morales. Se trata de una estructura que no solo responde a criterios estéticos, sino que traduce en madera tallada una voluntad de permanencia y proyección futura, integrando elementos formales que remiten a la tradición sin renunciar a una lectura contemporánea.
Al frente de la cuadrilla costalera volverá a situarse José Ángel Tejero, garantizando la continuidad en la dirección de un paso que ha ido consolidando su identidad en los últimos años, primero de la mano de Juan Horario de la Rosa y Jesús Ortigosa y ahora con el también capataz del misterio del Señor de las Penas de San Andrés. Su labor, inscrita en la lógica interna de la cofradía, contribuye a dotar de coherencia y estabilidad al desarrollo del conjunto.
Un itinerario concebido como arquitectura del tiempo y del espacio
En este contexto de complejidad institucional y afirmación patrimonial, la corporación ha diseñado con minuciosidad su itinerario para la noche del Jueves de Pasión de 2026, entendiendo el recorrido no solo como una sucesión de calles, sino como una auténtica arquitectura del tiempo y del espacio.
La salida tendrá lugar a las 21:00 horas desde la Ronda de Andújar, punto de partida de un discurrir que, a las 21:10 horas, alcanzará Alfonso XII, para dirigirse hacia la Plaza de San Pedro, donde se prevé su llegada a las 21:50 horas. A las 22:00 horas, el cortejo llegará a la Basílica Menor de San Pedro, uno de los enclaves de mayor densidad simbólica del recorrido.
El tránsito por el casco histórico continuará por Escultor Juan de Mesa (22:15 horas) y Gutiérrez de los Ríos (22:30 horas), prolongándose por Fernán Pérez de Oliva (22:50 horas) hasta desembocar en la Plaza de San Andrés a las 23:00 horas. A partir de ahí, el itinerario se desplegará por Hermanos López Diéguez (23:45 horas), Enrique Redel (23:30 horas) y Rejas de Don Gome (23:45 horas), configurando una secuencia espacial de notable coherencia.
La llegada de la medianoche marcará el paso por San Agustín a las 00:00 horas, continuando por Montero (00:20 horas) y Jesús del Calvario (00:40 horas), en un avance que conjuga la regularidad horaria con la carga simbólica de los enclaves.
Tramo final y regreso al templo
El recorrido continuará tras su paso por el entorno de San Lorenzo, desde donde la corporación emprenderá el itinerario de regreso retomando la Ronda de Andújar. El tránsito por la Plaza de la Magdalena a las 01:40 horas marcará uno de los hitos del tramo final, continuando posteriormente por Francisco de Borja Pavón y enlazando nuevamente con Alfonso XII, en una progresión que anticipa la clausura del recorrido. Finalmente, la entrada en la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen se ha fijado a las 02:00 horas, poniendo término a una jornada para el recuerdo.
La dimensión musical de la procesión
El acompañamiento musical corresponderá a la Agrupación Musical Cristo de Gracia, cuya intervención no se limita a un mero acompañamiento, sino que actúa como un discurso sonoro paralelo, capaz de subrayar los momentos clave del recorrido y de intensificar la experiencia estética y devocional. En este sentido, la música se integra como un elemento estructural más dentro de una jornada definida por la precisión organizativa, la densidad simbólica y la complejidad de su contexto histórico reciente.
Bajo este prisma, la salida de la corporación no se reduce a una mera sucesión de tramos horarios y enclaves urbanos, sino que se erige como un itinerario interior, donde cada paso, cada acorde y cada silencio se convierten en vehículo de oración contenida y emoción compartida. A lo largo de la noche, las miradas se elevarán entre la penumbra y la luz, mientras el murmullo devoto se entrelaza con el recogimiento, configurando un clima en el que el sentimiento adquiere una dimensión colectiva. Así, la presencia de la Salud de Puerta Nueva transitará no solo por las calles, sino también por la intimidad espiritual de quienes acompañan, dejando tras de sí una estela de fe, contemplación y hondura emocional que trasciende lo visible.





