Martín Mena ha vuelto a crear una magnífica obra para el patrimonio artístico de la Semana Santa de Lebrija, utilizando técnica mixta sobre papel encolado a tabla. Ha usado materiales como el café, con el fin de teñir el papel, junto con el grafito, la acuarela y el acrílico. De esto modo, aportan una textura rica y orgánica que remite a escenas del pasado a través de un lenguaje visual contemporáneo. Como bien explica el autor «cada elemento de la composición está cargado de simbolismo».
Se contempla en el centro, la silueta de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna, «que rompe la obra para revelar su interior», además «las curvas y volúmenes que modelan su contorno evocan la labor alfarera que define la identidad cultural de Lebrija. Como el barro moldeado por las manos del artesano, con trabajo paciente y constante, se da forma a la fe y al carácter de un pueblo».
Ha querido representar «un fondo que evoque una pared encalada de una casa y donde se abre una ventana al pueblo», mandando «el mensaje de que la Semana Santa no se limita a las calles, sino que impregna cada rincón de cada hogar, siendo parte esencial de la vida cotidiana de sus habitantes y el corazón de la identidad lebrijana».
En la columna del Señor aparecen nueve velas encendidas que derraman su cera sobre el mármol, representando a las nueve hermandades que «iluminan y llenan de fervor las calles de Lebrija durante la Semana Mayor. Todas ellas se apoyan en la misma columna que sostiene a Cristo, simbolizando cómo las hermandades, con sus diversas identidades, se integran en una sola comunidad cristiana, sólida y vibrante, unidas por la palabra de Dios».
Estas luces sirven de base para la candelería de la Virgen del Castillo, «sacada de una fotografía antigua bajo su palio de crestería» y que le ha servido al Aitor para «resaltar la tradición y el fervor popular que han dado forma a las hermandades a lo largo de los siglos. Esta añeja imagen representa el vínculo entre el pasado y el presente, siendo un símbolo de devoción que ha perdurado durante generaciones. Su inclusión en la obra rinde homenaje a la fe y a la historia que han moldeado la identidad cultural y religiosa de la ciudad».
Aparece también la silueta de la torre de la Iglesia de la Oliva, «un icono monumental que conecta la devoción con el patrimonio arquitectónico que se complementa en la parte inferior con una vista periférica de la Ermita del Castillo, que cierra la composición, destacando el vínculo inseparable entre el patrimonio monumental y el devocional que define a Lebrija».
Martín Mena ha regalado a esta localidad sevillana un cartel donde se contempla «la Semana Santa a través de sus raíces más profundas, donde la fe, la historia y la cultura se entrelazan como un todo indivisible».






