La Semana Santa de los Reyes de España

La Semana Santa de 1930 fue la de la Exposición Iberoamericana y la primera sin la dictadura de Primo de Rivera, pero también fue la Semana Santa de los Reyes de España porque estuvo marcada por la visita de los monarcas a la fiesta mayor de la capital andaluza. El Domingo de Ramos, el príncipe don Carlos acompañado de su preceptor José Sebastián Bandarán asistió a la salida de la Hermandad de la Hiniesta, estrenando la Virgen el pasado de los bordados del manto de Rodríguez Ojeda por el taller de Carrasquilla.

El Rey de España, Alfonso XIII, llegó a Sevilla el Jueves Santo para asistir a los Oficios celebrados en la Catedral. Para esta ocasión, los monarcas se establecieron en el presbiterio bajo en unos sillones y reclinatorios cubiertos por un rico tapiz del siglo XV. Los Reyes, llegaron por la Puerta del Príncipe y llevaban uniforme de capitán general de gran gala con el Toisón de Oro y traje malva con mantilla negra. Como era de esperar, los Oficios ofrecieron un extraordinario esplendor.

En el contexto de una típica tarde de Jueves Santo, ambiente primaveral, expectación en las calles y un sol radiante sobre un cielo azul inmaculado; el Rey presenció las cofradías de la jornada desde la tribuna de la Plaza de San Francisco. Las hermandades que pasaron delante del monarca fueron la de la Trinidad, los Negritos, la Exaltación, las Cigarreras, Monte-Sión, Quinta Angustia, Valle y Pasión.

Cuando el paso de palio de la Virgen de la Victoria de las Cigarreras procesionaba a la altura del Casino Militar de la calle Sierpes se incorporó el Rey a la comitiva del cortejo. Desde ese momento, presidió la delantera del palio con la vara de Hermano Mayor hasta la Plaza de San Francisco, acompañado del director de la Fábrica de Tabacos, el gobernador civil y varios consiliarios de la corporación.

Monte-Sión recibió un oficio de la Mayordomía Mayor de Palacio, concediéndole la representación Real y que llevara un piquete, por haber sido la Reina doña María Cristina Hermana Mayor de esta hermandad. Como esta Soberana había fallecido tan solo un año antes, la Virgen del Rosario llevaba crespones negros en sus varales.

En el cortejo de Pasión, el príncipe don Carlos y la princesa doña Mercedes, camarera de la Virgen de la Merced, acompañaron a los pasos.

En la Madrugá sevillana, los Reyes de España contemplaron la salida del Gran Poder desde los balcones del edificio de Obras Públicas en la Plaza de San Lorenzo. Como hecho significativo, la infanta doña Luisa fue detrás de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder como una sevillana más.