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La Soledad de Arcos hace historia y nos devuelve la Esperanza

La procesión extraordinaria de la Virgen de la Soledad de Arcos de la Frontera con motivo de su 450 aniversario fundacional ha venido a marcar un antes y un después tras la devastadora situación pandémica que ha atravesado nuestra sociedad en general y el orbe cofrade en particular. Al ser la primera procesión a todos los efectos, con costaleros y acompañamiento musical, que ha vivido la Andalucía cofrade, viene a ser un auténtico halo de esperanza para las hermandad. De ello ha sido testigo nuestro compañero David Villalba, quien ha plasmado en un maravilloso reportaje tan histórico momento que quedará para la posteridad.

En torno a las siete de la tarde se abrían las puertas de la Parroquia de San Pedro, que bien podría simbolizar la apertura de las puertas del cielo para los cofrades. Plantaba la cruz de guía la corporación arcense en la plaza, abrazada por una sentida ovación del emocionado público que se citaba en tan bello enclave. Una cruz de guía que se estrenaba, habiendo sido ejecutada y diseñada por la Orfebrería Virgen del Castillo (Lebrija), realizadas en metal repujado, cincelado y plateado con base de cedro real con estructura metálica de acero al carbono.

Acto seguido hacía presencia en la plaza el palio de la Soledad, que debía ejecutar en sus primeros metros en la calle una muy dificultosa bajada de los escalones de San Pedro. La bellísima imagen dolorosa portaba la saya realizada por José Antonio Grande de León, estrenada recientemente, siguiendo la técnica mixta del bordado en oro sevillano con una mezcla del bordado en oro y de aplicación, donada por un grupo de hermanos. Además, procesionaba la Soledad con la corona realizada por Orfebrería Villarreal en 1960, su habitual manto de salida, una mantilla recientemente donada por la Hermandad del Dulce Nombre, los broches con la Cruz de Jerusalén y la Cruz de San Antonio, ofrendados por las hermandades de San Antonio y Nazareno y la Medalla de la Ciudad.

Escribía un servidor hace más de un año que en la recogida de la Esperanza de Triana del Viernes Santo de 2019, la última marcha en sonar antes del Himno Nacional había sido «Siempre la Esperanza«, y dos veces, de Jesús Joaquín Espinosa de los Monteros, que vino a poner la guinda a la estación de penitencia de la dolorosa trianera. Una marcha que, una vez sobrevino el confinamiento, se erigió en un auténtico himno para los cofrades durante la pandemia, no solo por la excepcional idoneidad de su título, sino por la belleza plástica y dulzura que encierra la pieza. Fue lo último que pudo escucharse en un lugar tan emblemático para la advocación de la Esperanza como lo es la calle Pureza, tan necesaria en esta etapa tan oscura.

Por ello, con gran tino y acierto por parte de la Hermandad de la Soledad de Arcos, la primera marcha que ha sonado una vez el paso de palio se ha plantado en las calles del municipio gaditano ha sido «Siempre la Esperanza«, levantando emociones desde la primera nota hasta la última, con continuas y sonadas ovaciones durante la interpretación por parte de una de las grandes formaciones musicales no solo de Cádiz, sino de toda nuestra geografía, la Banda de Música del Maestro Dueñas de El Puerto de Santa María, que ha interpretado un repertorio variado, demostrando una vez más su incuestionable valía.

Las casualidades raramente existen, por el contrario, todo está dispuesto por intercesión divina en nuestros caminos. Que la excepcional marcha de Espinosa de los Monteros sonara en una recogida tan emblemática como la de la Esperanza de Triana, y por partida doble, posteriormente se convirtiera en uno de los himnos cofrades del confinamiento, y suene en la primera procesión tras la pandemia -sé que esto último estaba perfectamente planeado de antemano-, viene a ser el cierre perfecto, esperemos, a la época tan oscura que nos ha tocado vivir por desgracia, y que tantas vidas se ha llevado antes de tiempo.

Vídeo | David Villalba Téllez

La corporación arcense recorre, posteriormente, las calles Núñez de Prado, Boticas, Plaza Boticas, Escribano, Pesas del Reloj, Callejón de las Monjas, Dean Espinosa, Cuesta de Belén, Corredera, Peña Picada, Cuesta del Pilar, Alameda, Plaza Rafael Pérez del Álamo, Álamos, Plaza de las Aguas, San Francisco, Gomeles, Romero Gago, Plaza Rafael Pérez del Álamo, Peña Picada, Corredera, Cuesta de Belén, Nueva, Plaza del Cabildo, Escribanos, Plaza Boticas, Boticas, Núñez de Prado, para volver de nuevo a San Pedro ya pasada la medianoche. Todo ello arropado por el clamor popular de un público muy concienciado con las medidas sanitarias, haciendo visible la viabilidad de organizar una salida procesional tal y como las conocíamos hasta antes de la pandemia, al igual que otros eventos también recuperan su normalidad ordinaria. De especial belleza plástica el transcurrir del sobrio paso de palio de la Soledad por Escribanos, y la emoción y precisión de la cuadrilla, que ha demostrado muchas cosas en el día de hoy, del emblemático Callejón de las Monjas, además de la ya mencionada bajada de las escaleras de San Pedro.

En opinión de quien les escribe, que sea la Hermandad de la Soledad de un lugar como Arcos de la Frontera la que abandere el retorno de las salidas procesionales a la calle tras la crisis pandémica, con el permiso de Jerez de la Frontera, es un síntoma de una nueva época para la Semana Santa andaluza. Una época que escapa de la centralización cofrade de ciudades que tradicionalmente han acaparado los focos mediáticos, que ahora se reparten de forma más disgregada y justa gracias a la globalización que también ha afectado al orbe cofrade, que permite conocer y valorar las bonhomías y las riquezas de la Semana Santa de cualquier rincón de nuestra bendita tierra. En esta ocasión, los cofrades de toda nuestra tierra se han aferrado a la cautivadora talla de la Virgen de la Soledad. Además, se ha podido descubrir a la Cofradía de la Soledad, fundada en 1571, que procesiona la dulce imagen atribuida al maestro sevillano del barroco Ignacio López (Sevilla, 1658 – El Puerto de Manta María, 1718) de finales del Siglo XVII bajo un bello paso con respiraderos de Orfebrería Villarreal y palio de terciopelo negro con apliques de plata, estrellas y flores. Las Bambalinas de terciopelo negro bordado en plata con rosas de pasión y lirios fueron bordadas en los talleres Burillo de Valencia en 1928. En el frontal escudo del Santo Entierro con Ángeles bordados en seda, en la parte trasera el Ave María y medialuna. En el lateral derecho, cruz y venda y en el izquierdo corona de espigas y tres clavos.

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