El Capirote, Opinión, Sevilla

La solución para la Semana Santa

Termina la feria de abril y se pone punto y final a la otra gran fiesta de la primavera. Tan distinta pero con tantos puntos en común con la Semana Santa, aunque haya quien no le encuentre el más mínimo de los parecidos. Les contaré uno de ellos.

Escuchaba el pasado martes en «Mesa de análisis», un programa de nuestra televisión pública (y digo escuchaba porque a la televisión siempre hay que tenerla de fondo) a una señora que suele colaborar habitualmente afirmar que no le gustaba tanto forastero en la feria, que ella era más de la Sevilla clásica. Y en ese instante uno sufre un cortocircuito en el cerebro porque no logra conectar una idea con otra. Pero rápidamente se solucionó este problema accidental en mi mente cuando resurgió otra palabra para definir a la persona que no le «gusta tanto forastero». Y no, no tiene nada que ver con ser «de la Sevilla clásica».

Y de un medio público a otro privado. El miércoles Alberto García Reyes realizaba una crónica de la feria sobre el día anterior. Y centraba parte de su texto en abordar un problema con el cáterin por la tardanza en servir los platos. Tanto que el presidente del módulo tomó su micrófono y dijo que la culpa era de un tal José Luis, que es de Écija. Y uno puede continuar leyendo o no. Porque cuando uno toma un libro, un periódico o una revista puede hacer cientos de cosas: cerrar, abrir, pensar, indagar, buscar… Puede hasta dormirse. Pero quien aquí suscribe empezó a desmenuzar cada párrafo y llegó a preguntarse: ¿hubiera descrito la situación del mismo modo si el del cáterin (que no catering, como ya avisa el Panhispánico de dudas) hubiera sido sevillano? Es más, ¿existiría alguna referencia de haberlo sido? Pensó este (que también es sevillano). Más adelante leo «El real era otra vez el campamento de San Fernando para la reconquista. Fuera los invasores», que menos mal que el santo no les dijo esto a los cántabros cuando nos ayudaron a liberar la ciudad. Es curioso, pero en política intuyo que los extremos se acaban tocando. Fíjense sino en los independentistas catalanes y los conservadores que en estas tierras tenemos. Aunque encuentro alguna que otra diferencia. Los primeros disparan contra el estado español. Los segundos parece que lo hacen contra todos. Hasta contra la provincia.

Y tras esta extensa introducción y el debate eterno entre lo que aquí tenemos y lo que de fuera nos llega me pongo a favor de quienes sueltan tales afirmaciones y me pregunto: ¿y si la solución de la Semana Santa pasara por no dejar entrar al forastero? Imagínense, habría mucho menos turismo. Y disfrutaríamos mucho más de nuestras fiestas. A nosotros no nos hace falta el dinero. Sevilla tiene una inversión tecnológica mayor que Shanghái, una industria que es la envidia de Occidente. No necesitamos aviones, trenes ni yates. En la ciudad donde se cometió uno de los mayores fraudes de Europa (el caso ERE, por si no lo recuerdan), tiramos los billetes por las ventanillas.

Si negamos la entrada al que viene de fuera podría mejorar nuestra semana mayor en muchos aspectos. Las hermandades podrían negar a los foráneos formar parte de sus filas. Perderían miles de euros pero qué más da, podríamos ver los pasos en un menor tiempo. Y si hay bandas punteras en Andalucía que son las mejores no pasa nada por impedirles la entrada. Abajo los contratos. Boicot. Que contraten a aquellas formaciones musicales cuyos directores le dijeron al actual hermano de la Sed, Pepe Cataluña, las marchas que debía tocar Rosario de Cádiz tras el crucificado (todavía espero que alguno dé la cara en esta ciudad donde reina la Virgen de los Reyes ¿o están escondidos?). Y que toquen las de aquí, aunque algunas estén de capa caída. Se ahorrarían legiones de seguidores que se acercan a escucharlas, y a las familias y amigos que vienen a ver a sus conocidos salir por primera vez o acompañar a sus pequeños hasta donde puedan porque algún día visualizaron un vídeo en Youtube y quedaron enamorados de tal devoción. Y tampoco dejaríamos paso a compositores que no son de aquí. López Gándara pues a su casa, allí por los cerros de Úbeda. Por poner un ejemplo. Y los costaleros que llegan desde otras provincias, una palmadita en la espalda y «au revoir» o «hasta luego, Lucas» que es una expresión más conocida que aquella en todo el mundo.

Y para mejorar todavía más reduciríamos el alance de determinados programas radiofónicos para que solo se escucharan en la provincia. Y los periódicos se distribuirían solo aquí. Y a las agencias de viajes les diríamos que no trabajasen para Semana Santa, que se fueran de vacaciones. A Isla Mauricio o a Cargados Carajos, que está muy cerca. Podríamos seguir hablando de la capital de la religiosidad popular sin problema. ¿Que por casualidad uno se encuentra con un periódico nacido en la capital de Andalucía en otra región por error? Calma, como quien oye llover. Y si se cuela alguna emisora donde se ríen de tus tradiciones cambiar de dial solo llevará unos instantes.

Y dado que no se quiere ningún elemento externo lo más lógico sería no exportar tampoco ninguno. Que si no quieres recibir tampoco quieres dar. Todo naturalmente sevillano. Si viene alguien de Cádiz a encargar la ejecución de un paso que pase de Sevilla y lo busque en Huelva o en Málaga. Y si quieres que a la extraordinaria de tu pueblo acuda Tejera busca en Córdoba o en la serranía de Ronda. Y por supuesto, no seguir perfiles en redes sociales cuya ubicación esté aquí. Ni hagan clic en ningún medio no vaya a ser que sean detectados se les infecte su pc o smartphone. Que si fuera por odio más de uno habría ido al MediaMarkt a reemplazar su portátil al verlo inutilizado. No se preocupen que en verano seremos fieles a nuestros ideales y nos bañaremos en el Guadalquivir y para la feria de 2023 el pescaíto irá directamente desde las aguas del muelle de Nueva York hasta el real. Y no habrá pavías de bacalao, que según ciertas teorías las inventaron los franceses. ¡Ah! Y un apunte muy importante: nuestros hijos no irán a Deusto, Comillas, Milán u Oxford. Porque si amamos la sevillanía tan intensamente es para vivirlo todo con intensidad.

Todo serían noticias buenas. Y ahora que Zaragoza está a punto de superarnos como cuarta ciudad de España en número de población y que la inversión en industria brillará más por su ausencia es cuando tenemos que actuar. Los millones irán a otras zonas de España. Como País Vasco o Cataluña. Quedarían encantados. Los independentistas catalanes y los conservadores agradecidos a partes iguales. Quién iba a decirlo. Piensen en el prójimo. Ayudemos a todos aquellos que quieren un gran cortijo con quienes ellos prefieren (que tampoco serás tú, por muy sevillano que seas). Cumplamos sus sueños.