La imagen llegó a contar con una cofradía que le rendía culto
La parroquia mayor de San Pedro es uno de los templos más conocidos de la capital onubense. En parte debido a la rica historia que atesora, entre cuyos muros aguarda parte de lo que un día llegó a ser y que se llevaron por delante diversas restauraciones o la Guerra Civil.
Entre sus muros se encuentra una imagen de la Virgen de los Reyes, que vino a sustituir a otra anterior. Sobre la primitiva apenas existen referencias, hallándose las más antiguas a finales del siglo XVI, gracias a las testamentarías que dejaban diversos enseres y parte de su propio ajuar para que formara parte del de la Virgen, lo que confirma que se trataba de una imagen de candelero.

La hermandad
Titular de una cofradía de labradores desde el siglo XVII, salió en numerosas rogativas para pedir por el fin de la sequía, pero también para que cesaran las epidemias que asolaban la población. En 1586, por ejemplo, se celebra un cabildo de urgencia para pedir por la llegada de las lluvias, implorándose la intercesión de la Virgen de la Concepción, la de la Cinta y la de los Reyes, celebrándose procesiones marianas y misas ante el altar de esta última, en su sede canónica.
Otra referencia hallada tiene lugar en 1612, también por el mismo motivo, dedicándose una novena a la imagen llegando esta a salir en procesión hasta la céntrica parroquia de la Concepción. El cabildo se afanó en que este acontecimiento contara con la mayor asistencia posible de público, llegando a informar de castigos a quienes no acudieran. Por tanto, recordó que era indispensable la asistencia de todas las cofradías con sus estandartes y de todos los vecinos de Huelva. Una vez realizada la procesión, se concluyó con una misa donde el público que no pudo acceder se apostó en las inmediaciones del templo.
Más datos hay en años venideros, como 1634 o 1641. Años más tarde, en 1649, el Ayuntamiento acordó una novena y procesión no solo por la acuciante sequía sino también por la peste que diezmaba cada día la población. Dos años después volvía a producirse una procesión hasta la parroquia de la Concepción.
A finales del siglo XIX estaba conformada solamente por mujeres al ser las Hijas de María quienes se encargaron de continuar el culto a la imagen. Una de las camareras, María de Mora de la Corte era la propietaria de gran parte de los enseres que había en la capilla durante esta época.
El patrimonio
Las testamentarías arrojan información sobre vestidos y sayas para la imagen, aunque para conocer el patrimonio con el que contó hay que acudir al inventario que se realizó de la parroquia en 1883, donde se detalla que contaba con mobiliario, diversos manteles, candeleros, vestidos y mantos. En el ajuar destacaba una corona de plata. Una colección de enseres que eran propiedad de la citada María de la Mora de la Corte.
Distintos inventarios vienen a arrojar nuevos datos. El de 1921 confirmaba el crecimiento al respecto del ajuar, como el centro para la Santísima Virgen, de plata, igual que la corona, y potencias para el Divino Infante. Entre otras piezas, dos arañas de cristal y un juego de sacras de madera. Ya en casa de una de las Hijas de María, Francisca Pinto, se encontraba una candelería de plata, otro cetro de plata para la Virgen, doce candelabros, un manto de terciopelo o varios floreros de cristal.
Por esta época los cultos en su honor se celebraban durante el mes de mayo, como normalmente solían hacer las distintas asociaciones de las Hijas de María. En lo que concierne a la que tenía sede en San Pedro, era la más antigua de la capital.
La devoción debió decaer durante estos años. Ya en 1925, la imagen, que permaneció en una capilla de la nave de la Epístola durante siglos, acaba dejando su hornacina para dar paso a una representación de la Virgen de la Cinta. En aquel año, diversas reformas afectaron al tempo.
De la Guerra Civil a la actualidad

Pocos días después del comienzo de la Guerra Civil, la parroquia es presa del odio y la ignorancia. El 21 de julio de 1936 la imagen acaba siendo destruida. Dos años más tarde, una Virgen de Gracia del siglo XVI termina siendo readaptada, donada por Manuel Jiménez Jerez. De candelero, mide 1,30 m presentándose sedente sobre un sillón de cedro, con el Niño Jesús en el centro. Si de la primitiva imagen no consta documento gráfico, de esta sí que se conserva una instantánea en el fondo documental de Huelva, donde puede observarse durante la procesión del Corpus de los años 50 del pasado siglo. Y es que formó parte de los pasos que discurrían junto con la Custodia uno de los jueves que relucen más que el sol.
Será en 1960 cuando llegue la que actualmente se encuentra en la nave de la Epístola, ejecutada en madera tallada, dorada y policromada, obra de Antonio León Ortega. Se ubica al lado de la capilla donde durante siglos llegó a contar con un fervor que hoy solo forma parte de la historia.






