La Virgen de Montserrat firmó una página excepcional en la historia de las cofradías al recorrer en santo rosario los alrededores del Santuario de Montserrat, en un enclave central del catolicismo catalán y universal. La salida, celebrada este sábado, se enmarcó en los actos del primer milenio de la Abadía, convirtiéndose en un acontecimiento de profunda carga espiritual, simbólica y patrimonial.
Un rosario extraordinario en un enclave único
La imagen realizó el rosario sobre el palio de traslados de la Virgen del Rosario de Montesión, en una estampa marcada por la orografía escarpada, la amplitud del paisaje y la monumentalidad del santuario donde recibe culto la Moreneta. La salida se produjo a las 10.10 horas desde la abadía benedictina de Santa María de Montserrat, regresando antes del mediodía tras un recorrido breve pero de enorme densidad devocional.
Durante el itinerario, la Virgen quedó enmarcada únicamente por la montaña y el templo, generando escenas de gran fuerza visual y espiritual, en un entorno descrito como especialmente fotogénico por el consejero editorial de Grupo Joly, José Joaquín León.
Autoridades, hermandades y respaldo institucional
La comitiva estuvo integrada por un numeroso grupo de hermanos, encabezados por el hermano mayor Juan Antonio Coto, junto a representantes institucionales. Entre ellos figuraron Patricia del Pozo, delegada de Cultura —con un apoyo institucional considerado esencial por parte de la Junta de Andalucía—, y Evelia Rincón, quinta teniente de alcalde del Ayuntamiento.
También participaron diversas hermandades de Barcelona y de otras provincias, como Lleida, además de costaleros procedentes de L’Hospitalet de Llobregat, que se turnaron bajo las andas en distintos momentos del rosario.
Una imagen vestida para la historia
La Virgen de Montserrat apareció vestida con un terno perteneciente a la Virgen de la Amargura de los Afligidos de San Fernando, obra de Paquili, preparado para esta cita excepcional. Con el avance de la mañana, el sol fue disipando las nieblas invernales de diciembre, iluminando el rostro de esta dolorosa, considerada una de las más logradas de la Semana Santa sevillana.
Rosario cantado y momentos de especial hondura
El rezo se desarrolló como rosario cantado al modo de Gines, dejando escenas imborrables tanto por el canto como por las primeras preces que surgieron en torno a la imagen. Destacó la participación de la Hermandad del Rocío de Barcelona, cuyos cantes acompañaron a la Virgen durante distintos tramos.
Las andas estuvieron dirigidas por el capataz Fernando Fernández Goncer, guiando un discurrir pausado que fue ganando poso y profundidad espiritual conforme avanzaba el rezo, ya con las velas encendidas en el tramo final.
La veneración previa y una misa solemne
La expedición hispalense había venerado el día anterior en besamanos a la Moreneta, con la presencia del pregonero de la Semana Santa de 2026, José Antonio Rodríguez. Como culminación de la jornada, a las 12.00 horas se celebró santa misa presidida por el arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, también presente durante el rosario.
A la eucaristía asistió igualmente Juanma Moreno, presidente de la comunidad, en una muestra más del respaldo institucional a este acontecimiento de carácter extraordinario.
Un vínculo histórico entre Cataluña y Sevilla
El rosario se inscribió en una conmemoración doble: los mil años desde que el abad Oliba consagrara el cenobio en la Montaña de Montserrat en 1025, y los 425 años de fidelidad y devoción en Andalucía ligados a esta advocación. La hermandad fue fundada a finales del siglo XVI por comerciantes catalanes, estableciéndose en la parroquia de San Ildefonso y realizando su primera estación de penitencia en 1601.
Ese legado histórico volvió a hacerse visible en la participación de los devotos, recordando también el peso de los Duques de Montpensier, nombrados hermanos mayores honorarios en 1851, un vínculo que forma parte de la memoria de la corporación del Viernes Santo.






Un mensaje compartido de fe y evangelización
Durante la jornada se subrayó la sintonía entre Sevilla y Barcelona, con una lectura común de estilos y sensibilidades —barroco y gótico— puestos al servicio de una misma Iglesia peregrina. El propio arzobispo de Sevilla reconoció públicamente la devoción familiar a la patrona de Cataluña, reforzando la dimensión íntima y compartida del acto.
Las referencias simbólicas se sucedieron en el recorrido, desde la evocación de la aldea y la abadía, hasta los vínculos espirituales con enclaves sevillanos como el crucificado de Juan de Mesa, en una narración continua de fe y memoria.
Costaleros, oración y despedida
Los costaleros, incluidos vecinos de L’Hospitalet, se turnaron por chicotás para portar a la Virgen, conscientes del carácter irrepetible del momento. Las oraciones se sucedieron sin interrupción, con los hermanos repitiendo letanías y expresiones de alabanza mientras el rosario avanzaba entre montañas.
La Virgen regresó finalmente al interior de la abadía por la puerta ojival, cerrando un recorrido breve en tiempo pero extenso en significado. La imagen volverá en las próximas horas a Sevilla, trasladada por vía terrestre con todas las medidas de seguridad, junto al resto de los enseres.
Un hito que abre caminos futuros
El rosario dejó una estampa que conecta pasado y porvenir, sellando un encuentro entre dos territorios unidos por la devoción mariana. Montserrat obtuvo la venia del corazón mariano de Barcelona y la respuesta fue afirmativa. Desde ahora, la Moreneta mantiene abiertas todas las puertas en Sevilla, tras un acontecimiento que ya forma parte de la historia viva de las cofradías.
Foto portada: Esteban Olea





