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El Rincón de la Memoria, Sevilla

La Virgen del Carmen de las gradas del Salvador

En el siglo XIX se celebraba una solemne velá en su honor los días previos a su festividad

La historia de la pequeña imagen de la Virgen del Carmen que se custodia en una pequeña capilla antes de acceder al templo del Salvador está rodeada de una impronta popular que el paso del tiempo se ha empeñado en borrar de la memoria de una ciudad que en este mes dirige su mirada a una devoción sin la que no se entenderá la religiosidad en Sevilla.

¿Cómo llegó esta imagen a su emplazamiento actual? ¿Cuál es su origen? Para responder a estas preguntas habría que viajar hasta 1671, cuando en la antigua calle Mozas, hoy Moreno López, se encontraba un lienzo que representaba a la Virgen del Carmen y que llegó a gozar de una gran devoción. Tanto que durante los días previos a su festividad se celebraba una novena al aire libre, contando con la asistencia de numeroso público.

El fervor que despertó la devoción hacia este lienzo propició la creación de una congregación que ya existía antes de los años treinta del siglo XVIII, lo que da idea de su antigüedad. De 1731, según recoge Martínez Alcalde, datan las reglas que fueron renovadas en las postrimerías de finales del XVIII. Casi veinte años después, en 1816, la pequeña imagen de la Virgen del Carmen viene a sustituir al lienzo, siendo colocada en el mismo espacio que ocupaba este. Lo hizo por poco tiempo, ya que en 1820 las obras que se acometerían en este domicilio provocarían el traslado de la Virgen hasta la cercana capillita de San José. En cuanto a la talla, se trata de una escultura estofada y policromada, aproximándose a medio metro de altura. La Virgen sostiene al Niño Jesús sobre una nube donde sobresalen dos cabezas de querubines. Con relación a su hechura, expertos como el profesor José González Isidoro atribuyen su hechura a Juan Bautista Petrone.

Aspecto de la Plaza del Salvador a mediados del siglo XIX

En el barroco templo permaneció hasta que dos años más tarde se traslada a la Colegial del Salvador. Aunque en un principio sus responsables se fijaron en el patio de los naranjos, el poco espacio que había disponible provocó que entonces cambiasen de opinión, centrándose en una pequeña capilla que se encontraba en las gradas de la puerta principal, lugar que había sido ocupado hasta hace poco por la Congregación del Santo Rosario, que acabaría fusionándose con la hermandad del Rosario y Cristo Crucificado de la Colegial. Gómez Piñol recoge en su obra sobre el Salvador que “se concertó igualmente que un farol alumbrase diariamente a la Virgen, no solo por devoción, sino también para cumplir una importante finalidad práctica de policía urbana, no del todo atendida por las autoridades municipales”.

Chaves Nogales refiere que la Plaza del Salvador acogía días previos a la celebración de la Virgen del Carmen “una velada a la Virgen del Carmen, la cual tuvo años de no poco esplendor, viéndose entonces adornada la capilla con vasos de colores y con banderas y arcos el paseo, alrededor del cual se instalaban puestos de avellanas, de turrones, de garbanzos y de los célebres alfajores que vendían las serranas de enaguas rayadas, chaquetas de paño y sombreros de castor”. Posteriormente, afirma que “de estas veladas aún queda hoy algo, si bien de nota incolora, sin aquel sabor característico, pues ya no se ven allí ni los majos decidores, ni las majas desenvueltas, ni todos aquellos tipos sevillanos que con tanta exactitud retrataba don José Bécquer en sus acuarelas y lienzos”. Según consta, la velá siguió celebrándose durante las primeras décadas del pasado siglo.

Martínez Alcalde declara además que para evitar pleitos con la corporación del Rosario se le prohibió realizar rosarios de la aurora, por lo que este hecho supuso coartar parte de sus cultos externos, aunque ello no impidió que creciese el fervor hacia esta imagen. El mismo autor señala que no debieron estos rosarios alejarse mucho del que representó en 1897 José Jiménez Aranda y que se conserva en el madrileño Casón del Buen Retiro, siendo propiedad del Museo del Prado, titulado “Una procesión en el mes de María”. En el mismo puede observarse un rosario saliendo del Salvador, apareciendo también la puerta acristalada de la capillita del Carmen.

En el siglo XX no pocas corporaciones visitaron el rosario de la aurora la citada capilla situada en las gradas del Salvador, como el que realizó la Amargura en 1925, lo que da idea de la devoción que despertaba esta imagen de la Virgen del Carmen durante la pasada centuria. En la década de los setenta, concretamente en 1975, la Colegial acogió la celebración de una misa por los ciento veinticinco años que la imagen llevaba residiendo en la capilla —en 2022 se cumplirán doscientos años del traslado desde el templo de San José—.

Durante la restauración de la fachada de la Colegial la Virgen fue retirada de su emplazamiento habitual, volviendo en 2008. Regresó a un espacio que no parecía ser el suyo, a tenor de la escasez de elementos que fueron retirados y que no han sido devueltos a su lugar. Durante este tiempo fue intervenida por Forja XX, empresa que también hizo lo propio con otra Virgen del Carmen que se encuentra en el interior del Salvador. Hoy la recogida capilla se muestra fría, con la Virgen sobre una columna, titular de una corporación que atraviesa una profunda crisis que la ha llevado a la inactividad. Una página de la religiosidad popular que está a punto de desprenderse.

La Virgen del Carmen, en el palio de la Trinidad

Manuel Seco Velasco realizó los respiraderos del paso de palio de la Virgen de la Trinidad. Fueron ejecutados entre 1951 y 1958 bajo diseño de Carlos Bravo Nogales. Devociones marianas en las capillas, a las que dio forma Sebastián Santos Rojas. La Virgen de los Reyes, la Pura y Limpia, la Asunción de Cantillana, la Reina de Todos los Santos, la Virgen de la Paz de Santa Cruz, la Salud de San Isidoro, la Pastora de la capilla de San José, la Encarnación de los Terceros, la Virgen del Rocío de Almonte, la Merced de la capilla del Museo, María Auxiliadora de la Trinidad, la del Rosario de las Aguas y la Virgen del Carmen de las gradas del Salvador son las imágenes que pueden observarse en uno de los palios que mejor andan de la Semana Santa hispalense.

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