Un llanto rompe el silencio del interior de una Iglesia cordobesa. En ese llamado Campo de la Verdad solo se la escucha a Ella. Las lágrimas amargas de una joven mujer ruedan por su faz morena resaltando más aún la belleza de su mirada.
En Ella me quiero perder y ser el consuelo de su llanto, pero yo soy la culpa de su lamento y el dolor que le causa tanto desgarro. ¿Como me presento ante ella? ¿Me puedo permitir tanto descaro? Yo solo quiero secarte las lágrimas y acogerme en tu maternal regazo.
Entre sus manos tortura y oración: corona de espinas y rosario de plegarias. Mirada perdida, ternura dolorosa; Reina vestida de doncella, hebrea y dulce corredentora.
Pensar que de esa piel morena, se Encarnó el Amor más puro, que milagrosamente Dios creó en Tus entrañas, hace que se revuelva mi corazón y que alma provoque en mí, lágrimas. Y aquí estamos Tu y yo Madre mía, llorando ambas desconsoladas.





