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Córdoba

Las manos de Manuel Jiménez seguirán vistiendo a las Angustias

La Córdoba Cofrade está de enhorabuena porque una de sus joyas incalculables seguirá estando en las manos de uno de los mejores creadores del actual panorama del arte de vestir a la Virgen, Manuel Jiménez, que seguirá dejando su impronta en virtud de su nombramiento como vestidor de una de las bellezas más impactantes, singulares, personales e intransferibles que habitan el universo cofrade. De la incalculable sabiduría de Jiménez emana el arte con el que es capaz de potenciar desde hace años la belleza infinita de bellísimas dolorosas de la talla de la propia Virgen de las Angustias, Nuestra Señora de la Estrella o la Esperanza del Valle, logrando en cada composición elevar las almas y convocar a la ración, auténtico objetivo de cualquier vestidor que se precie. Una verdad irrefutable valorada por el nuevo equipo de gobierno de la corporación de San Agustín presidido por Antonio Susín, que ha mostrado su confianza en esta labor impecable.

En las manos de Jiménez, el dolor de María es dolor de Madre. Y ahí está Ella, al pié de la cruz metafórica que todos llevamos a hombros, sumida entre lágrimas, enclaustrada en su infinito sufrimiento imposible de contabilizar con medidas humanas. Ella, la que tuvo al mismo Dios en sus brazos cuando llegó al mundo, de la que aprendió a caminar y a levantarse cuando la vida le golpeaba; la que le enseñó a vestirse, a leer y a cantar, a comprender el por qué de tantas cosas ordinarias… a vivir su integridad, a soñar que puede modificarse el universo.

Ella, la que creyó en Él desde mucho antes de que brotara su semilla. La que confió en el anunciador de su existencia y en el Dios que lo enviaba. La que le protegió entre sus brazos de la tormenta y el frío y consoló su llanto en los desvelos de madrugada. Ella, la que fue elegida para ser maestra y Madre, la que nunca abandonó su orilla cuando hasta los que le seguían por los caminos, se refugiaron de sus miedos en su lejanía. La que le vuelve a tener en sus brazos, muerto por el horror del mundo. Con el alma arrancada de su corazón castigado. Ella que en virtud de la magia de Jiménez, seguirá asombrando y deleitando al mundo en virtud de su divina majestad.

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