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Las otras misiones

Los devotos del Señor y bienhechor de Sevilla están mudando la piel con la Santa Misión del Señor.

Y no se habla ahora del cuerpo, sino del corazón. La corteza de lo más profundo de cada ser, muchas veces dura como el hierro y fría como un iceberg, se reblandece ante milagros como el que se presencia durante estas semanas.

La inmensidad del Señor entre escenarios tan diferentes a las casa señoriales del centro o las grandes iglesias y conventos del Casco Histórico, verdaderamente sobrecoge. Y ahí está el milagro. Ése es el matiz, ver cómo mueven y conmueven acontecimientos como el del Gran Poder.

Las historias que hay detrás de estos traslados, los encuentros, las peticiones, los agradecimientos, la simple esperanza que conforma ya lo hace necesario.

Pero más allá del eco mediático y de la devoción popular que tiene la visita del Nazareno de Juan de Mesa a las Parroquias de la Blanca Paloma, la Candelaria y Santa Teresa, que calificamos certeramente de «extraordinarias», hay otras misiones diarias y calladas que suceden todos los días y conviene recordar.

Digo esto porque mientras quizás esté usted rezándole ahora mismo al Señor en la parroquia, hay una madre, un padre, una hija, un sobrino, un abuelo o una nieta en la cama de un hospital, desviviéndose para que su familiar salga adelante, a veces simplemente con su presencia, su sonrisa o la calidez de su mano.

Hablamos de familiares, pero qué se puede argumentar de esos ángeles sin nombre ni parentezco que deciden cuidar voluntariamente a quien lo requiera, o incluso aquellos que dedican su vida y su vocación a ello, como las Hermanitas de los Pobres que el Gran Poder visitó la semana pasada, la Orden de San Juan de Dios o las propias Hermanas de la Cruz.

Y sin ir más lejos, ya que se aborda el tema cofrade, las propias Diputaciones de Caridad de las hermandades y los economatos ayudan diariamente, dentro de sus a veces limitados recursos, a mejorar la calidad de la existencia de muchas personas haciendo lo posible y lo imposible.

Por no citar a los donantes. Ay, los donantes. ¿Cuántas vidas se han salvado por una transfusión sanguínea? ¿O un trasplante?

Pues todos y cada uno de estos ejemplos son pequeñas-grandes misiones. Menos mediáticas y espectaculares que la del Señor de Sevilla en los barrios, claro, pero misiones igual de importantes o incluso más todavía.

Digo esto para recordar al querido lector, a los devotos del Gran Poder, a los cofrades y a Sevilla entera que antes de que el Señor saliera de San Lorenzo el sábado pasado y después de que vuelva a su templo el 6 de noviembre, habrá millones de Santas Misiones en la ciudad y en todo el mundo que no congregan multitudes, pero sí una ayuda que no tiene precio, ni tiempo ni edad. Ésas son las otras misiones.

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