Córdoba

Las Vírgenes que participarán en la Magna

Como es de sobra conocido por todo el universo cofrade desde hace meses, la Santa Iglesia Catedral de Córdoba acogerá el próximo mes de septiembre una histórica exposición que, convocada en torno a la advocación de Jesús Nazareno, congregará algunas de las imágenes devocionales más relevantes de la diócesis entre las que figuran varias imágenes de la Madre de Dios. Imágenes marianas que integran, todas ellas,  diversos pasos de misterio que participarán en la exposición y en los traslados que se convertirán en auténticas procesiones de carácter extraordinario que inundarán de aroma de incienso y de un considerable gentío las calles de la ciudad de San Rafael y propiciarán que todas las miradas vuelvan a dirigirse a lo que en ella se cuece.

Dolorosas entre las que hay que destacar a la Virgen de las Angustias, la joya cuasi póstuma que dejó en herencia el inmortal imaginero cordobés Juan de Mesa y Velasco que, acompañada de su Hijo conforman cada Jueves Santo uno de los pasos de misterio más importantes de cuantos recorren las calles de la Andalucía Cofrade cada Jueves Santo. En 1626 la hermandad encargó la hechura de sus titulares al escultor afincado en Sevilla. El provincial de los agustinos, Fray Pedro de Góngora, antiguo prior de San Agustín, fue el intermediario en la operación. Juan de Mesa falleció el 26 de noviembre de 1627, cuando terminaba las imágenes. Su testamento así lo atestigua: «Estoy obligado a hacer una Virgen de la Soledad o Angustias para el convento de San Agustín de Córdoba, a la cual no le faltan tres días de trabajo». Ambas imágenes fueron bendecidas el 18 de marzo de 1628 en San Agustín.

Con ser una de las joyas incalculables de toda la Andalucía Cofrade, no es en modo alguno la única dolorosa que participará en este evento histórico. Acompañando al Cristo del Amor, procesiona cada Domingo de Ramos, y hasta el momento, nada hace indicar que no lo haga el próximo mes de septiembre, una pequeña imagen de la Virgen María. Una obra anónima del siglo XVI que, al igual que sucede con la imagen de San Juan y el propio Cristo del Amor, que fue restaurado por Luís Álvarez Duarte, está atribuida a Martín de la Torre.

También Nuestro Padre Jesús del Buen Suceso, que cada año se encuentra con su Madre, la Virgen de los Dolores en la calle de la Amargura, se trasladará acompañado de la imagen mariana que forma parte de su paso de misterio hasta el mayor templo de la Diócesis. Y es que la corporación de San Andrés, incorporó en 1977 a una dolorosa con vistas a que fuese entronizada en el paso de palio de la cofradía. Una imagen mariana que originalmente fue conocida como María Santísima de la Caridad en sus Dolores y que actualmente acompaña al Nazareno de San Andrés cada Martes Santo, y volverá a hacerlo en apenas unas semanas.

Otra de las dolorosas que participarán en la Exposición Magna -si bien no en las procesiones de traslado- llegará desde el barrio de Palmeras, acompañando al Cristo de la Piedad. María Santísima de Vida, Dulzura y Esperanza Nuestra es una imagen de candelero cedida de forma gratuita por los claretianos sevillanos de la casa-capilla de la calle doña Guiomar. La talla recibe inicialmente el nombre de Nuestra Señora de la Esperanza, incorporándose al paso del Cristo en 1983 para ser situada a sus pies. Posteriormente, coincidiendo con la redacción de los nuevos Estatutos recibe la actual advocación de Vida, Dulzura y Esperanza Nuestra. La imagen de la Santísima Virgen es una obra anónima del siglo XIX realizada en madera de cedro. En el año 2015 fue restaurada por el imaginero cordobés Antonio Bernal Redondo, devolviendo a la Imagen su esplendor.

Desde el Campo de la Verdad llegará otra de las «vírgenes» que formarán parte de la Magna, María Santísima del Refugio, dolorosa realizada por el imaginero cordobés Miguel Ángel González Jurado y bendecida en la Cuaresma de 1993. Al pie de la Cruz, contempla desolada el descendimiento del cadáver de Cristo. De tostadas carnaciones, posee la mirada elevada hacia el cuerpo inerte del Hijo, ojos de cristal grandes y expresivos, cejas finas, recta nariz, mejillas carnosas, labios jugosos y anhelantes y pronunciado mentón tocado por hoyuelo. El cuello aparece crispado por la angustia y los brazos, con las manos extendidas, se hallan abiertos en disposición de recoger los restos mortales de Jesús. Como suele ser habitual en las obras del imaginero cordobés, muestra un modelado de gran clasicismo, esbelto y elegante. Imagen del vestir, posee un candelero o bastidor interno de traza cónica y base ovalada que le sirve de sustento, elaborado en madera de cedro.

La última de las dolorosas que integrarán este histórico acontecimiento, más allá de alguna presencia inesperada de ultima hora, vive en la Calle del Sol, en el corazón del barrio de Santiago. Nuestra Señora Madre de los Desamparados es obra del imaginero sevillano Antonio Eslava Rubio. Fue adquirida el 17 de marzo de 1973 y bendecida por el entonces obispo de córdoba don José María Cirarda Lachiondo. La Coronación Diocesana tuvo lugar el 9 de marzo de 1980 en la iglesia parroquial de San Pedro, por el obispo don José Antonio Infantes Florido. Es una imagen de candelero, que lleva talladas la cara y las manos en madera de pino de Flandes. Morfológica e iconográficamente, responde al gusto neobarroco. Su rostro maduro, de pálidas carnaciones, se anima con los consabidos postizos: ojos y lágrimas de cristal y pestañas de pelo natural. María eleva la mirada al cielo, y en la expresión del rostro, de facciones redondeadas, grandes ojos enmarcados por arqueadas cejas y entrecejo fruncido y boca entreabierta con labios temblorosos, concentra toda la grave carga del dolor. Las manos, artísticamente movidas, refuerzan el sentimiento de pesar que quiere transmitir la imagen.

Un importante elenco de imágenes de la Madre de Dios, cada una con su propia idiosincrasia, origen e historia, que serán elementos insustituibles y esenciales de un cita que pasará a formar parte de la historia de las hermandades de la Diócesis y que, pese a que la cita haya sido concebida en torno a la figura de su Hijo, no deben ser jamás olvidadas.