Al Cielo con la Historia, Sevilla, ⭐ Portada, 💚 El Rincón de la Memoria

Los ángeles y sibilas de la Hermandad del Santo Entierro de Sevilla (1842)

Nadie duda que asistir a la estación de penitencia de las cofradías de Sevilla, es como viajar en una máquina del tiempo. Sin embargo, es cierto que la evolución estética de algunas corporaciones se ha ido modificando. Pero sin lugar a dudas, cuando hablamos de tradición y de fidelidad a un sello arraigado en siglos de tradición, no podemos dejar de mencionar a la Hermandad del Santo Entierro.

Según publicaba el diario El Correo Nacional el 29 de marzo de 1842 la Hermandad sacramental del Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, hacía publica en la prensa su próxima estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral. Dicho programa, nos ayuda a comprender como dicha cofradía ha mantenido su particular idiosincrasia, a la hora de realizar su salida desde mediados del siglo XIX. Sabemos en palabras del historiador sevillano Juan Colón Colón en 1842, que: Aunque las cofradías todas son iguales en su acompañamiento, hay sin embargo una, pues, señalada y notable es la conocida con el nombre del Santo Entierro, cofradía que se fundó en el año de 1582.

Las diferencias que Colón indicaba como particulares, era que, en su cortejo, sobresalían unos jóvenes vestidos de ángeles y sibilas, donde también aparecía un joven representado a la Verónica. ¿Pero quienes eran las Sibilas? Según la tradición, paleocristiana, fueron cinco mujeres sacerdotisas de Apolo, que anunciarían la pasión de Cristo. El Renacimiento, rescató su figura, añadiéndolos a los elementos de la pasión variando además en su número. Sin embargo, no sería hasta la Semana Santa de 1729, como afirma Pablo Alberto Mestre Navas en su obra Historia de la Real Hermandad del Santo Entierro de Sevilla: cuando se incorporaron a la procesión terminando por arraigar y convertirse en un elemento permanente del cortejo.

Así, y según consta en el programa que la Hermandad anunciaba su salida para la tarde del viernes santo de 1842- fecha original en la que realizaba su salida- la cual tendría lugar desde el templo del extinguido соnvento de San Pablo, donde según el historiador mencionado, llegó en 1834. El Santo Entierro, reclama ser la cofradía más antigua de la ciudad, remontando sus orígenes legendarios, en la antigua hermandad sacramental del Santo Entierro de nuestro Señor Jesucristo y María Santísima de Villaviciosa que sería erigida por el rey Fernando III el Santo. Según estos detalles históricos, la fundación se debió al hallazgo de la imagen de nuestro Señor entre las paredes de una de las casas del barrio de los Humeros. En dicho lugar, se le construyó una capilla al sitio llamado Monte Calvario, cercano á la Puerta Real y en el que después compartió el palacio de Colón para posteriormente fundarse el colegio de San Laureano.

Aquel 25 de marzo de 1842, viernes santo, abriría el cortejo de la hermandad un piquete de tropa a la que seguiría una escuadra romana a caballo. Después de la soldadesca, continuaría los propios hermanos, presidiendo un muñidor ataviado con ropones negros y bordados en oro, acompañado de dos diputados de la cofradía portando las varas de gobierno. En la comitiva, compuesta de 24 nazarenos acompañando al paso de la Santa Cruz, a la que custodiarían dos hermanos portando bocinas decoradas en terciopelo negro bordadas en hilo de oro. Tras las bocinas, un grupo de nazarenos, portando canastillas, los cuales suponemos que repartirían, como era costumbre, dulces entre el público. Para mayor solemnidad, un grupo de músicos interpretaría piezas fúnebres, para mayor realce de la procesión.

EL paso de la Santa Cruz, luciría unos faldones negros con galones en oro, y junto a esta, dos escaleras, y entre ellas la muerte, representada en un esqueleto sentado sobre un orbe. La cruz vacía, solo contaba con el adorno de una faja enlutada con la inscripción, estampada en plata: «Mors mortem superávit». Al conocido paso de la canina, le seguían las cruces parroquiales presididas por la de la parroquia de la Magdalena, rodeada por un grupo de niños ataviados como ángeles, que portarían diferentes atributos de la pasión. Delante de los niños pasionistas, un grupo de jóvenes representado a los 9 arcángeles, los cuales portan además de la espada, o el pez, unas inscripciones donde podía leerse:

San miguel con el escudo y la espada: ¿ Qui sicut Deus?

San Gabriel. Con el ramo de azucenas: Fortitudo Dei.

San Rafael con el Pez: Medicina Dei.

Detrás de la milicia celestial, le seguía el coro de las doce Sibilas, que no era otro que un grupo de niñas ricamente vestidas y portando cada una su profecía en la que podía leerse:

Pérsica. Con un velo blanco.

El celestial Redentor

Al mundo descenderá,

Cuya Madre vestirá

Veo de nieve candor

Eritreia: con una trompeta del juicio

Con majestad soberana

El mismo rey celestial.

En el juicio universal

Descenderá de carne humana

El Santo entierro de Sevilla. La ilustración Española y Americana. (30 de Abril de 1878) Fuente. (BNE)

Para cerrar el cortejo de sibilas, avanzaba una joven sola, ataviada como la Verónica llevando en sus manos el lienzo con el rostro de cristo, con la inscripción: «Specius forma prae filiis hominum”. Como la música tanto hoy como en el siglo XIX era un elemento importante de la Hermandad, al grupo de las sibilas, seguía un coro cantando el salmo: In exitu Israel de Egipto, rodeado de los nazarenos de luz, junto con los sacerdotes vestidos con casullas negras y los hermanos diputados de la cofradía. Tras ellos, el paso del Santo Entierro, donde tras una urna acristalada ya en ese año, los fieles podían ver la imagen de Jesucristo yacente. Tras el paso de la sagrada urna, tal como sigue transcurriendo en la actualidad, un palio enlutado, cuyas varas eran portadas por los clérigos luciendo estolas negras.

Al paso del cristo yacente, seguiría la popular escolta romana, que, desde finales del siglo XVI, acompañaba la procesión del Santo Entierro. La centuria, marcharía al son de unas trompetas junto al Senatus. De igual forma, aún en el siglo XIX se mantenía la tradición que ocho soldados romanos, rodearan el paso de misterio, simbolizando los ocho soldados que custodiaban el santo sepulcro el domingo de resurrección.

Delante del paso de la Virgen de Villaviciosa, un grupo de hermanos con cirios, entonaban el cántico Stabat Mater Dolorosa. A diferencia del actual paso de la titular, en aquel año de 1842, la Virgen de Villaviciosa, junto con San Juan, María Magdalena, las dos Marías, Nicodemo y los Santos Varones, se encontraban bajo un palio negro con galones y cordones de oro. Cerraba el cortejo de la hermandad del Santo Entierro, un piquete de soldados de la milicia nacional portando sus armas a la funerala. Aquel impresionante desfile procesional, tendría como itinerario, la salida desde San Pablo, discurriendo por la calle de La Muela, La Campana, plaza de la Constitución, Génova, para entrar en la Catedral. Tras realizar su estación de penitencia, regresaría a su templo por la calle Placentines, para continuar por la plaza de El Salvador, Cerrajería, llegando a la iglesia de San Pablo.

El cortejo de las sibilas y ángeles, permaneció con algunas variaciones hasta 1965, como apunta el historiador Mestre Navas, la propia hermandad decidió suprimirlos por considerarlos poco entendible y arcaico para los fieles. De esta forma, con esta crónica de esa semana santa decimonónica, podemos comprobar como la Hermandad de El Santo Entierro, que independientemente de las modas y cambios, ha seguido manteniendo en la actualidad la misma idiosincrasia en su cortejo. Así cuando podamos volver a presenciar el discurrir de esta antiquísima cofradía, podemos ser conscientes que uno de los mayores patrimonios de Sevilla es sin lugar a duda la historia plasmada en sus cortejos.

José M.ª Hermoso Rivero. (Historiador)

sanlucarcontemporanea@gmail.com

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup