En los últimos tiempos parece que el obispado de Cádiz se ha empeñado en ocupar de un modo u otro la primera plana de la actualidad cofrade. Primero fue la intervención de la hermandad del Perdón, a causa de que los dirigentes de la corporación gaditana no estaban por la labor de incumplir sus propias reglas corporativas, sancionadas por el propio obispado, no lo olviden, obedeciendo ciegamente las directrices que les obligaban a modificar su horario de salida. Una situación que terminó provocando que la cofradía no realizase estación de penitencia la pasada Semana Santa. Luego llegó el espaldarazo al vicario de Ceuta , para que continuase en su puesto después de permitir que una deidad hindú recibiera honores en el Santuario de la Virgen de África, patrona de la localidad.
Ahora, el obispado gaditano vuelve a acaparar la atención pública con un documento que, según apuntan ciertas fuentes, se está fraguando en Palacio, hay quien dice que en tono de recomendación y hay quien asegura que en forma de decreto en ciernes, que tendrá importantes consecuencias directas para los cofrades gaditanos. Al parecer, el documento prevé que desde su aplicación el obispado solamente autorice procesiones extraordinarias que se soliciten por aniversarios fundacionales o de coronaciones canónicas que sean múltiplos de 25, a imagen y semejanza de lo que ocurre en Sevilla. Además, el texto pretende limitar la celebración de vía crucis y rosarios públicos, autorizando exclusivamente aquellos que estén establecidos en las reglas de la hermandad – resulta llamativo que se conceda tanta relevancia a las reglas de todas las hermandades salvo a las del Perdón – y cuyo recorrido quede circunscrito a la feligresía a la que pertenezca la corporación, una vez más, a imagen y semejanza de Sevilla, cuestión que, con total seguridad apasionará a los gaditanos, lo de copiar a Sevilla, se entiende.
No obstante, si algo ha llamado poderosamente la atención y está provocando airadas reacciones en los mentideros, físicos y virtuales, es un fragmento del documento la necesidad de que capataces y pregoneros presenten una “vida normalizada” y una “moral sexual idónea”. Una “recomendación” que permite múltiples interpretaciones y casi ninguna políticamente correcta. Cabe recordar, no obstante, que esta “conducta intachable” ya se exige a miembros de juntas de gobierno por lo que el obispado ampliaría el espectro entendiendo que capataces y pregoneros son igualmente personajes que representan una cara visible del universo cofrade y como tales han de dar ejemplo. Como el siguiente paso sea extender la premisa a cortejos y costaleros, más de uno pensará que las cofradías gaditanas van a tener serios problemas. Sea como fuere para quienes se andan frotando las manos con el asunto son los chirigoteros que en apenas unas semanas comenzarán a poblar el Falla.





