Córdoba

Los dos grandes misterios de Antonio Bernal para la Banda de la Salud

Si existe una formación musical, de cuantas han nacido en el seno de la Córdoba Cofrade, cuyo nombre se encuentra indisolublemente unido al concepto de éxito es la Banda de cornetas y tambores de Nuestra Señora de la Salud. Una banda que ha experimentado en la última década una evolución, asentada en el trabajo encomiable de quienes han tenido y tienen la responsabilidad de guiar sus destinos, en la generosidad inabarcable y la capacidad de aprendizaje y sacrificio de todos y cada de sus miembros y en una calidad indiscutible que se materializa en cada una de sus actuaciones, que solamente puede ser calificada de sobresaliente. Así lo demuestra su consolidación en el pódium metafórico de las formaciones musicales en su estilo, y en el hecho incuestionable de que su nombre se baraje, cada vez con mayor frecuencia, en las quinielas que inevitablemente surgen cada vez que un cambio de banda planea sobre alguna de las hermandades punteras de la geografía cofrade.

Con vistas a la próxima primavera, la magnífica banda del Naranjo está concretando una Semana Santa de ensueño, construida sobre el mantenimiento de contratos tan importantes como los que unen sus destinos a hermandades como el Amor del Cerro de Córdoba, a cuyo crucificado acompañarán los cuatro próximos Domingo de Ramos, el Resucitado de Luque, para poner con broche de oro su intensa Semana de Pasión, o el Cristo de la Vera Cruz de la Capital del Santo Reino. Renovaciones que dan buena cuenta de la realidad insultante, valga la expresión, en la que se ha convertido la situación actual de la banda de la Hermandad de la Agonía. Presencias que se unen a la que se hace realidad cada Martes Santo tras el Santísimo Cristo de la Agonía, el paso de misterio de la hermandad de la que forman parte esencial, y a dos importantísimas nuevas contrataciones que propiciarán el establecimiento de dos interesantísimas simbiosis, con el paso de misterio de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia el Miércoles Santo, primero de la Hermandad de la Paz y Esperanza de Córdoba y el misterio del Sagrado Descendimiento de Montilla, uno de los más portentosos de cuantos nutren el acervo patrimonial de la Semana Santa de la diócesis de Córdoba, que ha siempre sido acompañado bajo el cielo de Nisan por formaciones musicales de primer nivel, como la Coronación de Campillos o Rosario de Cádiz, lo que viene a subrayar el nivel en el que actualmente se encuentra la Banda de la Salud.

Dos grandes conjuntos escultóricos que, casualmente, tienen un denominador común, la gubia del imaginero que los concibió, el cordobés Antonio Bernal Redondo, una de las referencias indudables de la imaginería contemporánea que, en virtud del buen hacer de las cuadrillas de hermanos costaleros que tienen el privilegio de llevar sobre sus hombros al Humilde Rey de Capuchinos y al Señor en su Sagrado Descendimiento y el imprescindible complemento artístico de la música procesional convertida en oración que la formación del Naranjo ofrenda en cada una de las notas que interpreta, promete al más exigente de los paladares instantes inolvidables y escenas sublimes que, en buena lid, serán almacenados en la memoria colectiva del público cofrade, ávido de ser testigo de recuerdos imborrables. Consciente de que es el pasado inmediato el que ha colaborado de manera decisiva en el momento dulce en el que se encuentra la banda cordobesa, del que forman parte indiscutible la Hermandad del Cristo de la Agonía de Badolatosa y la presencia tras el Nazareno de San Lorenzo, Jesús del Calvario, que supuso el espaldarazo definitivo para una banda en cierto modo desdeñada por muchos de los que ahora se suben al carro del elogio, la Banda de la Salud afronta, desde el más profundo agradecimiento a ambas hermandades que depositaron su confianza en su trabajo, con una ilusión desmedida la posibilidad de que convertir en conjunciones perfectas, dos binomios que apuntan muy alto y de los que los amantes de la Semana Santa esperan altas dosis de calidad.

Nuestro Señor Jesucristo en su Sagrado Descendimiento fue la primera de talla completa que realizó el imaginero cordobés Antonio Bernal, realizado tras la aplaudida hechura del Misterio de Nuestro Padre Jesús de las Penas de Córdoba. Un misterio que muestra a Cristo suspendido de la cruz. Posteriormente, diseñaría y ejecutaría el espectacular misterio, concebido con la imagen de Nuestro Señor descendido por José de Arimatea, desde una de las dos escaleras que apoyan en la cruz, y por Nicodemo, al pie de ella. Allí mismo, su Madre, María Santísima de la Encarnación, junto a San Juan Evangelista y María Magdalena contemplan horrorizados la escena. Por su parte, en 1994 la cordobesa Hermandad de la Paz encargó a Bernal la composición y talla de las figuras para el nuevo misterio de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia. Completado tres años después, representa el momento en el que Jesucristo es despojado de sus vestiduras para ser crucificado en el Monte Calvario. Encabezando el cortejo se encuentra la imagen del Señor a quien un Sanedrita le proporciona un poco de vino mezclado con hiel a la vez que un romano trata de despojarle de sus vestiduras. En un segundo término, semidesnudos, están los dos ladrones que van a ser crucificados junto a Jesús mientras Simón el Cirineo, simbólicamente representado por el propio imaginero, aguanta la cruz. Tras ellos un romano montado a caballo manda a un sayón alzar la cruz para que comience la crucifixión.

Dos auténticas joyas de la imaginería que supusieron dos obras cumbre dentro de la prolífica, reconocida y exitosa carrera de Bernal, que la banda cordobesa tendrá la fortuna de acompañar la próxima Semana Santa. Dos de las grandes fusiones que han despertado grandes expectativas en el imaginario colectivo de los cofrades de los cuatro puntos cardinales de Andalucía que regalarán, sin ningún género de duda, momentos irrepetibles de talento y armonía, que se traducirán en arte, emoción y sentimiento.

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