El Capirote, Sevilla, 💙 Opinión

Los invisibles

Es el cabildo que más expectación ha despertado en los últimos meses. Y es tal la confrontación entre quienes defienden la permanencia de la actual Virgen de la Cabeza y los que se oponen que precisamente la corporación ha informado de que se expulsara a quien grabe durante el mismo. Porque no nos engañemos, una reunión de tal trascendencia para los hermanos ha sido objeto de debates de tal magnitud que el asunto pasa por interesar hasta a quienes no tendrían nada que decir.

Y aquí han tenido la culpa, en mayor o menor medida los amigos del imaginero que han utilizado todo lo que ha estado a su alcance, como programas radiofónicos o las redes sociales para magnificar una cuestión que han llevado por desigual los dos bandos. Diciendo lo que tienen que hacer, ordenando como si ellos hubiesen creado la Semana Santa. Los que apoyan que llegue la dolorosa de Miñarro han dedicado horas a conquistar el pensamiento de los que prefieren que permanezca la actual imagen. Para ello han ido soltando ideas, con mayor o menos eficacia. Hemos oído —y también leído— que la Semana Santa ha ido siempre apostando por la mejoría del patrimonio, cuando no hay más que hablar con algún profesor en Historia del Arte de los que tienen cierto nivel —no los que por tener la carrera ya se creen Ceán Bermúdez— para que esa teoría sea rebatida con unos cuantos ejemplos, algunos tristes a la par que recientes, o que la hermandad ha caído en número de nazarenos, en especial la sección de la Virgen, sin tener en cuenta otras variables o sin compararlas con otras corporaciones. Ahora, sin finalmente la actual imagen permanece, volverán a cambiarse de bando y optarán por subirse al carro de los que opinan que “hay que respetar la decisión tomada”, cuando respetar es precisamente lo que no han hecho a lo largo de estos meses.

El otro sector ha permanecido en silencio. Y han intentado que saltaran por todos los medios, difundiendo noticias falsas que buscan la crispación y el desorden, como si no bastara con el cabildo, donde los ánimos llegarán más que crispados. Son muchas las impresiones y los puntos enfrentados pero nadie puede negar que de las dos partes, la que aboga por la permanencia de la Virgen, la que antes era un ángel —otro argumento sacado a la palestra para desestabilizar, como si no tuviéramos ejemplos de dolorosas que antes eran María Magdalena o cualquier otra figura secundaria del misterio—, ha sido la que más ha permanecido en silencio, mientras que los defensores han ideado una campaña que nos ofrecía declaraciones de Miñarro a cada instante. Algo así como un 24 horas donde volver a leer una entrevista del imaginero no llegaba a sorprendernos ante las decenas de veces que ya lo habíamos escuchado. ¿Ha quedado algún programa donde no ha estado presente?

Ahora les toca el turno a los hermanos. Tanto a los que han hablado como a los que no. Porque se le ha querido dar tal voz a una parte que la otra parecía invisible. Hablará ese sector que apenas ha mostrado su opinión en público, que no ha concedido entrevistas buscando el beneplácito de los demás, que sabe cómo es su Virgen de la Cabeza y que así la quieren, que con eso basta, y que no ha ido buscando entre los periodistas alguno que vociferara en cuanto tuviera ocasión argumentos de poco peso que pretendían presentar al otro bando como reaccionario, cuando precisamente habría que preguntarse primero si no han sido estos los que han cruzado las líneas rojas, entrando en cuestiones que a sabiendas de lo espinoso del asunto han provocado heridas que tardarán tiempo en cicatrizar.

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