Los niños volvieron a llenar de ilusión cofrade las calles de Levante

Hoy, Domingo de Pasión, ha sido el primer contacto para muchos niños del Colegio de los Franciscanos de lo que es ponerse una túnica  nazarena. Hoy ha sido una realidad por las calles de la feligresía de la Parroquia de Santa María de Guadalupe en el barrio de Levante.

Tarde de ilusión en los más pequeños -y por qué no decirlo, en sus padres, y de eso puede dar fe el que os habla,  conformando el cortejo de la Procesión Infantil que el centro escolar, junto con la Hermandad de María Santísima en su Soledad, lleva organizando desde hace más de dos décadas.

Cortejo de pequeños cofrades con miradas perdidas, buscando el saludo con familiares y amiguitos que han ido a verlos. Padres con pequeños en sus brazos. Madres cogidas de las manos de sus pequeñas vestidas de mantilla o de sus costaleros esperando volver a meter su hombro bajo la parihuela que porta la imagen de Jesús Nazareno. Y adolescentes que entran por primera vez bajo unos faldones para ser los pies de la Madre de Dios en su altar itinerante.

Un barrio que ya se puede considerar cofrade, que vive la devoción a una Imagen de una forma más cercana, que ya se ha acostumbrado a traslados, Via Crucis, últimos ensayos y “pinchás” de flores y fundidos de cera; en unos días que avanzan con rapidez al Viernes Santo, el día más grande del barrio de Lepanto.

Pero hoy han sido los más de doscientos alumnos del Colegio los protagonistas de su manera de vivir la Semana Santa, de su procesión, de su Fe y de su devoción… del principio de un sentir que hará que nuestra Semana Santa continúe tras la marcha de quienes ya son un poco “abueletes” de esto. Porque, en su pequeño mundo cofrade, son los protagonistas de una experiencia que les marcará su devenir y su camino en este mundillo.

Enhorabuena un año más a la Hermandad de la Soledad y al Colegio Santa María de Guadalupe por esta ya tradicional Procesión Infantil, procesión que se ha convertido en un acto más de nuestra Semana Mayor, y que anuncia que la Semana Grande está más cerca.

No me queda más remedio que volver a repetirlo: “el arbolito desde chiquito”. Y doy fe, como que hay Dios, de que es así.