Sin ánimo de ofender, 💙 Opinión

Los pintorescos personajes del mundo cofrade

No cabe duda alguna de que el mundo cofrade nos ha ido dejando siempre una ingente cantidad de historias y anécdotas, unas veces emotivas y dignas de halago y por lo tanto de ser recordadas y otras polémicas, sujetas a críticas y a opiniones para todos los gustos, incluso a pesar del paso del tiempo. Aunque por supuesto, también hay cabida para cánones y figuras tan típicas como extravagantes que a menudo se convierten, y con razón, en recurrente objeto de burla y caricatura.

No nos son para nada extraños los enfervorecidos padres que tanto se apresuran para colocarse en primera fila – como el que madruga para coger sitio en la playa – con sus respectivos cochecitos, a ser posible formando auténticos convoyes, con los que pretenden abierta y orgullosamente obstaculizar el paso, evitando de este modo el tránsito normal y propio de la Semana Santa.

No podían faltar en este grupo los costaleros, tan susceptibles de parodias, máxime en una época en la que internet juega un papel tan esencial en nuestras vidas y que por lo tanto es escogido como tema principal de vídeos burlescos que nos muestran a ese típico muchacho con el costal bien encajado hasta los ojos, privado de toda visibilidad y de calcetines tan subidos como remangados pantalones.

Sin embargo, para volver a reencontrarnos con los personajes anteriormente mencionados todavía deberemos aguardar a la llegada de la próxima Semana Santa. Hasta entonces, deberemos ser pacientes conformarnos con los peculiares corrillos de personas que parecen quedar expresamente para estudiar, absortos y durante un tiempo indefinido, los medidos y minuciosos movimientos que las cuadrillas de costaleros ejecutan durante sus tradicionales ensayos, independientemente de que tengan o no vínculo o función alguna dentro de la hermandad en cuestión.

En definitiva, solo cabe pensar en estos singulares estereotipos como uno más de los muchos y variopintos elementos de los que se nutre el ámbito cofrade y a los que no nos queda más remedio que restarles importancia – por muy chocantes, incomprensibles o molestos que puedan llegar a resultarnos en determinadas situaciones – condenándolos a la larga a convertirse en el recurso favorito de los bromistas más ingeniosos del colectivo cofrade.

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