Sevilla

Los secretos desvelados del Cristo de la Buena Muerte

A veces hay imágenes que pasan inadvertidas en el interior de los templos, centrando nuestra mirada en aquellas más devocionales, sin caer en la cuenta de la riqueza que atesoran los espacios sagrados, auténticos museos donde la historia se muestra a través de las obras y piezas que acogen.

En el interior de la iglesia de San Antonio Abad, capilla que la hermandad del Silencio comprara al comendador mayor de la Orden de San Vienne, remodelada durante el segundo tercio del siglo XVIII por Diego Antonio Díaz, nos encontramos con un crucificado que, bajo el nombre de la Buena Muerte se encuentra situada en una hornacina del muro izquierdo. Un retablo, de mediados del siglo XVIII, de un solo cuerpo donde destacan sus columnas salomónicas.

A los lados del crucificado aparecen dos ángeles pasionarios que flanquean a esta imagen, un crucificado de tamaño menor al natural realizado en pasta de madera y telas encoladas –para la cabellera se utilizó estopa– cuya autoría se desconoce. Aunque algunos estudiosos datan su hechura a principios del siglo XVIII, más de trescientos años después todavía hay bastantes lagunas no solo en cuanto a su autoría sino en otros aspectos.

Precisamente con la restauración llevada a cabo durante este pasado verano, se ha arrojado luz sobre la imagen. Por ejemplo, que su interior está ahuecado y rellenado con trozos de papel recortado, algo que no se hizo en cuanto se realizó la imagen sino posteriormente. Por otra parte, nunca se había separado la cruz del Señor, ya que “la madera arbolada de la misma estaba incluida en la zona del paño de pureza” y sujeto a esta a través de clavos antiguos, según relata Rocío Sáez Millán.

Pero, ¿por qué se llevó a cabo esta separación? Según la restauradora, era necesario tras descubrir que la imagen era de bulto redondo. Así las cosas, se trata por tanto de un crucificado que no fue realizado para ser colocado en un altar y recibir las miradas de los devotos sino que el acabado, con “una espalda totalmente y policromada con sumo detalle”, arrojaría la idea de que se trata de un imagen que probablemente fuera procesionada a lo largo de su historia. Más interrogantes se añaden en caso de que así fuese, ¿salió en rogativas?, ¿Llegó a formar parte de alguna corporación extinta?

No se trataría de un crucificado para ser venerado en una capilla solamente sino que además habría recorrido las calles de la capital en algún momento. De hecho “nos encontramos con que su policromía es más rica incluso que la de otras imágenes no ya solo de retablo, sino también procesionales”.

En cuanto a la cabeza, que presentaba varias perforaciones destacando un gran agujero, debido a la implantación de las potencias, esta delata que pudiera haber llevado hasta tres tipos de potencias desde la ejecución de la talla. Ahora, las que luce son obra de orfebrería Villarreal. Por último, no menos curioso resulta que la cruz fue policromada con color verde claro, y que posteriormente varió hacia el negro y el dorado que actualmente posee.

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