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Los tesoros del convento de Santa Clara de Carmona

El cenobio es el más antiguo de los que posee la ciudad

En Carmona tienen fama las clarisas por los dulces que elaboran. Una tradición de siglos que sigue conquistando los paladares más selectos desde hace centurias. Las hermanas todavía habitan en su interior, en un conjunto articulado en torno a un compás alrededor del que se levantan la iglesia y el claustro. Está construido sobre un espacio segregado del conjunto palaciego que la familia Ponce de León poseía en la collación carmonense de Santiago.

Ubicado en la calle Torno de Santa Clara, su acceso se realiza a través de una de las dos puertas gemelas, de arco de medio punto y pilastras toscanas, obra labrada en el año 1705 por el cantero Juan Antonio Blanco. Fundado en 1460 por bula pontificia, el templo es de una sola nave, destacando su presbiterio cobijado bajo una bóveda de crucería y la nave con artesa y tirantas. El retablo mayor, formado por dos cuerpos, se divide en tres calles y el ático. En el primero de ellos se encuentran San Francisco de Asís y San Buenaventura; en el segundo, San Juan Beltrán, Santa Clara y San Juan de Capistrano; en el último, flanqueando la Asunción de la Virgen, Santa Isabel de Hungría y Santa Isabel de Portugal. En el ático, Dios Padre.

En los laterales, dos retablos, uno con San Antonio de Padua, y otro con un calvario donde el crucificado está acompañado por la Virgen y San Juan. Del siglo XVIII son otros dos retablos, que contienen la imagen de San José y la Virgen del Valle. De los muros cuelgan pinturas entre las que observamos un Calvario, una Epifanía, Santo Domingo en Soriano, Muerte de San José y San Francisco de Paula. Pero lo que más llama la atención es la serie de santas de la escuela de Zurbarán donde se representan como damas de la alta sociedad acompañadas por sus atributos y que están dispuestas de modo que se dirigen al presbiterio, al igual que los santos que aparecen sobre las mismas.

Desde la iglesia se pasa al coro bajo, repleto de retablos y lienzos. En los primeros, Cristo atado a la columna o la Divina Pastora, entre otros, mientras que de los segundos destaca una soledad ubicada próxima a la puerta que da acceso al claustro. Este se divide en dos plantas, la inferior con arcos de medio punto que descansan sobre columnas de mármol y la superior con arcos escarzanos, apoyados en pilares de padrillo con base octogonal. La galería está salpicada por retablos que acogen diversas advocaciones marianas.

Desde el claustro se observa la torre mirador del convento, desde donde puede verse una excelente panorámica de la ciudad. Cuatro niveles donde los primeros tienen acceso desde el compás y el tercero y cuarto conectados con acceso desde la clausura a través del coro alto.

Fue en 2009 cuando el museo abrió al público, distribuyéndose en los niveles paneles explicativos para conocer mejor la historia de la comunidad. En la planta baja da la bienvenida una Santa Clara del XVII que sostiene un interesante báculo, realizado en madera y nácar, del XVI, San Buenaventura, también del XVII, y San Francisco de Asís, del mismo siglo, al igual que un lienzo que representa el jubileo de la Porciúncula. En este espacio se muestra además una reproducción de la «Primera y segunda regla de Santa Clara, y la que profesan las monjas de la Concepción, explicadas y resueltas sus dudas», escritas por José de Ávalos e impresas en Sevilla y las «Constituciones Generales para todas las monjas y religiosas sujetas a la obediencia de la Orden de nuestro padre San Francisco en toda esta familia cismontana», ambas del XVII, si bien de esta segunda se conoce con exactitud su fecha, en 1642. En la pared, una cruz papal, mitra y llave de San Pedro del XVIII y una cruz con símbolos de la Pasión del XVII.

La primera planta aborda los orígenes del monasterio, ubicándose aquí dos lienzos que representan a Santa Clara y su hermana menor, Santa Inés de Asís, así como herramientas, azulejos y diversos volúmenes, entre otros. La tercera, el coro alto, ofrece una vista general del templo, destacando por el número de piezas que alberga. Al ingresar al convento, las hermanas solían hacerlo acompañadas por un arcón que contenía obras de carácter religioso, estampas e imágenes religiosas. De entre las que se hallan en esta zona llaman la atención el Cristo de las Tres Caídas, de finales del XVII, atribuido al círculo de Francisco Ruiz Gijón, y un Ecce Homo, anónimo sevillano del XVIII —con rasgos que recuerdan indudablemente a Montes de Oca— al que hasta hace poco acompañaba una clámide del XIX. Las hermanas pusieron desde hace meses en marcha una campaña para restaurarlo.

La sala cuarta aborda la relación de la comunidad con el sacramento del saltar, comenzando con las referencias a Santa Clara: «la propia Santa Clara entabla en su vida una importante relación con la Sagrada Forma utilizando su favor en 1240 y 1241 frente al ataque que impulsaron tropas sarracenas de Federico II contra el convento de San Damián y contra la ciudad de Asís. En ambas ocasiones la oración de la bienaventurada tuvo por respuesta una voz que proclamó “Yo os guardará siempre” y los ejércitos huyeron». El monumento del Jueves Santo aparece aquí desmontado, pudiendo observar la magnificencia del mismo gracias a una instantánea de J. Senis realizada a principios del XX.

Finalmente, la última de las salas, la número cinco, es un mirador que ofrece una vista privilegiada de la ciudad. Edificado entre 1724 y 1726 es el hito principal de la última reforma barroca del cenobio. 26,50 metros que se imponen sobre el caserío de la ciudad como torre del “castillo interior” que es la clausura.

El museo puede visitarse de jueves a lunes de 11:00 a 14:00 h. y de 16:30 a 18:30 siendo el lunes de 16:30 a 17:30 h. su acceso gratuito. En cuanto al torno, de lunes a sábado de 10:10 a 13:30 h. y de 16:00 a 18:45 h. mientras que el domingo el horario por la mañana comienza una hora más tarde.

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