Luces y sombras de la Semana Santa de Córdoba 2026

Con el rescoldo aún latente de lo acontecido en la última Semana Santa, pero con el poso que otorga el transcurrir de las jornadas, y con la certeza de que es el momento de la reflexión, el equipo de redacción de Gente de Paz, como es tradición en esta casa, ha realizado su humilde análisis de la Semana Santa de Córdoba, atendiendo a aquellos detalles que más nos han emocionado y a los que menos, sin el ánimo de pontificar ni de establecer jerarquías, sino con la intención de ofrecer nuestra opinión subjetiva, personal e intransferible, que no pretende ser mejor ni peor que la de otros.

Brillo y madurez de la Semana Santa

La Semana Santa de Córdoba 2026 se ha desarrollado bajo un marco de estabilidad meteorológica excepcional, que ha permitido que todas las cofradías hayan procesionado íntegramente, alcanzando el pleno, tantas veces soñado en los últimos tiempos, desde las vísperas hasta el Domingo de Resurrección. Aunque se registraron retrasos en prácticamente todas las jornadas —resulta imprescindible sentarse a abordar este asunto sin mayor dilación—, la solemnidad, el orden y la cohesión de los cortejos han marcado la mayoría de las estaciones de penitencia. Adicionalmente, las cofradías han evidenciado un avance global sostenido que consolida su dimensión patrimonial y artística.

La madurez de las hermandades se ha reflejado en su puesta en escena, el incremento generalizado en el número de nazarenos y la capacidad de adaptarse a imprevistos, como el modo en el que el Descendimiento subsanó el corte que se produjo en el tramo del palio a la salida del Puente Romano. Como contraste, resulta imperdonable comprobar como sigue habiendo nazarenos con zapatillas deportivas. Incluso alguna representación ha lucido este calzado, demostrando un saber estar manifiestamente mejorable.

La afluencia de público ha sido masiva y generalmente respetuosa, aunque su respuesta en términos de entusiasmo ha sido desigual, resultando prácticamente una quimera arrancar un aplauso o una ovación ante aquellas corporaciones que por su idiosincrasia lo permiten, únicamente en enclaves muy concretos, como los Jardines de la Merced.

Se echa en falta más calor ante el buen hacer de las cuadrillas costaleras, de forma particularmente acusada en carrera oficial, por momentos un auténtico tanatorio. Fue incomprensible que la primera comparecencia de la Presentación al Pueblo en carrera oficial no fuese acompañada de un aplauso, que con total seguridad se habría producido en otras latitudes.

La presencia constante de menores en los cortejos, muchos con esclavinas, simboliza el relevo generacional y aporta espontaneidad y alegría, pese a que algunos intenten coartar su libertad imponiendo una sobriedad inapropiada, olvidando que los niños son niños y como tales deben comportarse. Los niños tienen que disfrutar cuando salen con su cofradía, no parecer viejos achicados.

El nivel estético de los pasos continúa en exponencial ascenso. Caben destacar este año, de manera especial, los estrenos en el ámbito del bordado: el nuevo palio de la Virgen de la Piedad, el faldón del misterio de Coronación de Espinas, las bambalinas laterales del palio de la Trinidad, la trasera del palio de la Esperanza y el nuevo palio blanco de la Merced, pese a que la pérdida del color azul no ha satisfecho a todos por igual. Algunos exornos florales han sido magníficos lo que ha contribuido al enriquecimiento visual del conjunto. En contraposición, algunos bordados, con un aspecto deplorable, requieren una restauración urgente. Ciertas juntas de gobierno deberían tomar medidas inmediatas al respecto. En otro orden de cosas, la presencia diaria del obispo de Córdoba en el palco, cercano y atento, ha reforzado la dimensión pastoral y la solemnidad institucional que requiere una celebración de estas características.

El Lunes Santo, que se consolida como el día más completo de toda la Semana Santa de Córdoba, con permiso del Domingo de Ramos, destacó como una jornada especialmente brillante, con cortejos de gran relevancia como los de la Merced, la Sentencia y la Estrella, que ofrecieron momentos de belleza excepcionales y el contrapunto de las dos hermandades de negro que cierran la nómina del día. La incorporación de una nueva hermandad, la Presentación al Pueblo de Cañero, ha reforzado la jornada, mostrando una forma de andar, una organización y un ritmo adecuados, potenciada por una brillante entrada en carrera oficial maximizada por una banda de altos vuelos.

Bandas y música

Las formaciones musicales cordobesas han consolidado un nivel sobresaliente, aportando solemnidad y belleza a los cortejos. Especialmente destacable, dentro del buen hacer casi generalizado, ha sido la participación de la Banda de la Salud, la Agrupación Musical Cristo de Gracia y la Banda de la Estrella. Entre las formaciones musicales foráneas podemos destacar a la Banda de Música de Arahal, Amueci, La Soledad de Cantillana y las sobresalientes Elevación de Campo de Criptana,Santo Tomás de Villanueva y Pasión de Linares, por destacar a las que más nos han llamado la atención, sin menoscabo de otras —no nos caben todas—. Todas ellas han proporcionado un acompañamiento musical que realza el andar de los pasos, fortaleciendo la armonía entre música, movimiento y devoción. Mención aparte merece la magnífica apuesta, decidida por fin, de la Hermandad de la Caridad por una banda de cornetas y tambores para acompañar el caminar de su paso de misterio. Por favor, que no se produzcan pasos atrás.

Cuadrillas, capataces y costaleros: destreza y oficio

Las cuadrillas han mostrado una evolución indiscutible, alcanzando un nivel sobresaliente en los casos de Carlos Lara, David Arce, Ángel Carrero, Rafael Giraldo o Enrique Garrido. También ha resultado muy destacable la actuación de otros capataces como Pedro Buitrago, al frente del Misterio del Silencio, así como Juan Luís Berrocal, Juan Carlos Vidal, Manolo Orozco, Rafael Salado o Antonio Cano, cuya labor ha sido muy meritoria. Seguro que alguno de ellos ha tenido alguna errata —“el mejor escribano tiene un borrón”—, pero su nivel general ha sido muy satisfactorio.

Muy positivo también fue el desempeño de la cuadrilla del Señor de las Penas de San Andrés, siempre solvente, penalizado por el hecho de que un paso no puede condicionar el caminar de toda la cofradía. Un extremo que se apreció de manera especialmente ostensible en la calle de la Feria. Se esperaba más de dos capataces llamados a luchar por ocupar puestos de Champions: Jesús Ortigosa y Luís Miguel Carrión «Curro». Ambos tienen sobrada capacidad para demostrar de manera más palpable su indiscutible nivel —y quizá seamos más exigentes con ellos por eso—, sobre todo Curro, un número uno que, porque lo es, se le debe exigir siempre que lo demuestre, encabezando el escalafón. Siempre en nuestra opinión, le faltó transmisión —pese al buen hacer— a los pasos de la Hermandad de la Merced y al misterio de Humildad y Paciencia, cuya entrada a tambor en carrera oficial fue decepcionante. A los tres «les cabe un puntito más«.

Sombras y áreas de mejora

A pesar de los avances, la Semana Santa ha mostrado desafíos significativos. La Hermandad Universitaria requiere, un año más, una enmienda a la totalidad. Salvo los maravillosos Titulares, el resto de la cofradía, tal y como está concebida en la actualidad es perfectamente prescindible, por más que se empeñen sus «creadores» en pregonar lo contrario, haciendo ver que es el resto del universo quien se equivoca y no su ilustrado criterio. Resulta chocante e injusto que, sistemáticamente, muchos carguen las tintas contra cofradías muy humildes que hacen un denodado esfuerzo por crecer año tras año, aunque sea a pasos muy cortos —a veces espectaculares— y callen como meretrices ante la puesta en escena de esta incomprensible cofradía, cuya evolución y crecimiento ni está ni se le espera.

La apertura del Viernes Santo por parte del Sepulcro, ha sido otro de los lunares votados de manera casi unánime por nuestro equipo de redacción, mientras que lo sucedido con la Agonía y la Piedad de Palmeras ha generado una notable división de opiniones. Los itinerarios repetidos, condicionados por la ubicación de la carrera oficial, han vuelto a reflejar la escasa creatividad en la planificación de recorridos, pese a existir alternativas explorables.

En otro orden de cosas, la incompetencia de algunos responsables en la organización de los cortejos, para quienes urge implementar cursos de aprendizaje y depuración de prácticas ineficaces, ha vuelto a propiciar que los pasos se queden descolgados una y otra vez en muchas partes del recorrido, Es falso que haya que darle 200 metros a un paso para que ande. Basta con observar como caminan los pasos de hermandades como la Macarena o la Esperanza de Triana para desmontar radicalmente este argumento. Los pasos, especialmente cuando de cofradías de capa se trata, deben ir arropados por el cortejo; siempre. Y si quienes parecen tener un puesto vitalicio en algunas presidencias y antepresidencias se agobian, que se vayan a la playa o a ver la cofradía por la tele. Se lucen los pasos, no las presidencias. Lo de los guardias civiles —salvo honrosas excepciones— huyendo al WC en la catedral, sin rendir pleitesía al Santísimo, es una vergüenza que debe ser corregida inmediatamente por quienes corresponda. Si quien viene de escolta no sabe a lo que viene, mejor que no venga.

Persisten problemas de civismo, suciedad, invasión de sillitas y asentamientos improvisados —casi acampadas, a veces sin casi— que obstaculizan la movilidad y generan riesgos. Por no hablar de algunos carritos situados estratégicamente a modo de muro defensivo de una legión romana. Un auténtico peligro en caso de emergencia. La percepción de la Semana Santa como evento exclusivamente lúdico, despojándolo de su vertiente cofrade, la instrumentalización política y la falta de solidaridad evidenciada por algunas cofradías, que han provocado retrasos y tensiones con su desidia, especialmente en la carrera oficial, son otras de las grandes sombras detectadas. Hay mucho margen de mejora en este aspecto.

Por último aunque probablemente sea una de las sombras más importantes, el trazado de la carrera oficial requiere una revisión urgente, un estudio pormenorizado y osadía para afrontar potenciales cambios. Lo único que no se puede perder es la catedral. El resto de elementos no debe ser inamovible. Si hay que prescindir de la Puerta del Puente o cambiar el sentido, hágase. Cuanto antes se solucionen las carencias de lo que algunos —cada vez más— denominan «ratonera» antes acabaremos con discursos absurdos e ignorantes que pretenden echarnos de nuestra catedral para volver a darle vueltas a un caballo, despojando a nuestra Semana Santa de uno de los enclaves más hermosos posible y, por encima de todo, de la misma esencia de una estación de penitencia, que no es darse un «paseón«, aunque haya quienes jamás logren comprenderlo.

La Semana Santa de Córdoba, entre sus luces y sus sombras, es una realidad que se revela como un testimonio vivo de tradición, arte y devoción, donde la búsqueda de la excelencia ha de nutrirse de la necesidad de perfeccionamiento continuo. Este análisis, humilde y subjetivo, busca tender un puente de reflexión, destacando los aciertos y señalando con delicadeza los aspectos susceptibles de mejora, con la esperanza de que cada edición futura resplandezca con mayor armonía y plenitud. No es sino un gesto de respeto y admiración hacia la pasión y la belleza que esta festividad encarna, un modesto tributo a la emoción compartida que se renueva cada año en las calles de la ciudad.