Luces y sombras: El legado de Jesús Catalá al frente de la Diócesis de Málaga

Tras 17 años de servicio, el obispo Jesús Esteban Catalá Ibáñez se despide de la Diócesis de Málaga dejando tras de sí un legado que, como el nombre de este artículo sugiere, tiene sus luces y sus sombras. Su pontificado, que finalizó tras la aceptación de su renuncia el pasado 27 de junio de 2025, se ha caracterizado por un fuerte énfasis en la fe, pero también por varios episodios de polémica que marcaron su relación con la sociedad malagueña y los medios de comunicación.

Un pastor centrado en la fe y la doctrina

Durante casi dos décadas, Catalá Ibáñez puso el foco en la necesidad de que la religiosidad popular estuviera anclada en una fe sólida. Su visión se resumía en una frase que se hizo famosa entre los cofrades: «Ser cofrade sin ser creyente es como ser futbolista sin saber jugar al fútbol». Esta postura le llevó a intervenir en los asuntos de las hermandades, buscando un mayor compromiso doctrinal y pastoral por parte de sus miembros.

La relación con las cofradías malagueñas

La relación del obispo con las hermandades de la ciudad se basó en el diálogo constante, con el objetivo de acompañar pastoralmente la religiosidad popular. Fue bajo su liderazgo que se enfrentó la inédita situación de la pandemia de COVID-19, cuando suspendió las procesiones de 2021 e invitó a los fieles a vivir la Semana Santa «en el interior». Posteriormente, autorizó el retorno progresivo de los actos externos, mostrando una gestión prudente en un contexto de gran incertidumbre.

Sin embargo, esta relación también tuvo sus momentos de tensión. Hubo desacuerdos y polémicas, como la intervención del obispado en el proceso electoral de la Cofradía de las Penas en 2016, que terminó con la revocación de sanciones tras la intervención del Vaticano. Asimismo, fue criticado por directivos de hermandades que lo consideraban «intolerante» por sus reparos, como en el caso de un hermano mayor en proceso de divorcio o su rechazo inicial a que el político Pedro Moreno Brenes, que se declaraba comunista, diera el pregón de Semana Santa. Asimismo, el caso de la Hermandad de Zamarrilla ocupó portadas durante muchos años. En esta cofradía y la gobernó con una junta rectora durante una década, entre 2005 y 2015, debido a una profunda división interna. Bajo el episcopado de Catalá, se levantó esta junta y se permitió la convocatoria de elecciones, lo que significó el final de la intervención.

El último capítulo de interrupción de procesos electorales ha ocurrido este mismo año en el seno de la Hermandad del Cautivo, en la cual suspendió las elecciones debido a un «informe no favorable» del director espiritual que señalaba supuestas irregularidades en el censo de hermanos.

Controversias y momentos de tensión

A pesar de su empeño en la revitalización de la fe, su episcopado no estuvo exento de controversias. Desde sus primeros años, el obispo fue centro de polémica por comentarios sobre la homosexualidad que le valieron duras críticas de colectivos LGTB. Aunque el obispado negó que sus palabras fueran un fiel reflejo de su pensamiento, las tensiones se mantuvieron a lo largo de los años. En 2023, su gestión en el caso de un sacerdote acusado de abusos sexuales generó un gran revuelo, pues se le reprochó haber trasladado al párroco a Málaga a pesar de las advertencias sobre su conducta. A estas polémicas se suman otros episodios, como sus afirmaciones sobre las indemnizaciones a las víctimas de abusos sexuales en España, que consideró no comparables a las de otros países.

El legado de Jesús Catalá Ibáñez es, por tanto, objeto de un intenso debate. Por un lado, se reconoce su labor en la Conferencia Episcopal Española, donde ha ocupado puestos de gran relevancia, y su defensa de una piedad popular coherente con el magisterio de la Iglesia. Por otro lado, sus declaraciones y su gestión en ciertos momentos clave generaron un distanciamiento con sectores de la sociedad civil y con los medios de comunicación, que a menudo criticaron su postura. Ahora, como obispo emérito de Málaga, deja una diócesis con una identidad cofrade sólida y un camino que deberá continuar su sucesor.