Hoy cumple 68 años uno de los artistas esenciales del último cuarto del siglo XX y principios del XXI, el insigne imaginero Luis Álvarez Duarte. Un artista fundamental para comprender la Semana Santa contemporánea que tiene en su haber obras repartidas por el mundo entero, con especial énfasis en las ocho provincias andaluzas pero con presencia en otras ciudades españolas como Badajoz, Ciudad Real, Madrid, Murcia, Zamora, Albacete o Alicante y más allá de nuestras fronteras en países como Argentina, Colombia, Cuba, Estados Unidos o Venezuela. Muchos son los que opinan que su incuestionable calidad artística propició una auténtica revolución en la imaginería contemporánea de los que son buen ejemplo El Cristo de la Sed o la Virgen del Patrocino en Sevilla, Soledad o Rosario en Córdoba, Gracia y Esperanza y Mayor Dolor en Granada o Paloma, Paz o Merced en Málaga por extraer algunos ejemplo de su incontable producción artística.
Hijo de Severiano y Fernanda, Luis Álvarez Duarte nació en Sevilla el 22 de mayo de 1949 y el desarrollo de su obra emana de una temprana vocación artística. Eminentemente autodidacta, aprendió no obstante de artistas de la talla de Francisco Buiza, Sebastián Santos Rafael Barbero o Antonio Eslava. Su vocación autodidacta, alimentada en una serie de fructíferos viajes a Italia desarrollados entre 1980 y 1984, incluyendo una estancia en la Escuela de Restauración de Florencia, en la que entró en contacto con obras del Renacimiento y el Barroco italianos, viajes en los que satisfizo su especial interés sobre la obra de Bernini y Miguel Ángel, se vio complementada por las clases recibidas en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Sevilla.
Su primera gran obra es la Virgen de Guadalupe, titular mariana de la Hermandad de las Aguas, que este año celebra el cincuentenario de su bendición y a cuyo alrededor se celebrará una interesante nuestra en la ciudad de Sevilla que congregará a algunas de las mejores obras del escultor, y su primer Cristo el de la Sed, el imponente crucificado que tallase en 1970. No obstante su consagración le llegó de la mano de la Virgen del Patrocinio, la actual dolorosa de la Hermandad del Cachorro, para sustituir a la tristemente desaparecida por un incendio fortuito declarado en la Basílica. Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla su prolífica obra se nutre igualmente de obras de carácter no religioso como el monumento a la bailaora Pastora Imperio, a inmortal Juan Manuel Rodríguez Ojeda, a fray Serafín Madrid, al torero Manolo Vázquez o Raphael; así como bustos a “Paquirri”, Rocío Jurado, Juana Reina, Ruiz de Lopera, José Manuel Lara o Pepa Flores.
La obra de Luís Álvarez Duarte goza de una especial trascendencia en Córdoba. No en vano, de sus manos han nacido algunas de las imágenes más admiradas de cuantas pisan las calles de la ciudad de San Rafael. Cinco dolorosas, a cual más maravillosa, Encarnación, Reina de los Ángeles, Rosario Coronada, Soledad y Desconsuelo, que conforman un repóker de auténtico lujo, que evidencian con su mera contemplación que estamos ante uno de los artistas más importantes de la historia de la imaginería. Ellas, unidas al magnífico crucificado vivo que habita en las entrañas de la Trinidad, el Cristo de la Providencia representan una incomparable aportación artística a la Córdoba Cofrade, imposible de cuantificar y al mismo tiempo imprescindible para comprender la realidad de nuestras cofradías.
Una obra que abarca desde la Encarnación, la Virgen niña, dulce. alegre y radiante, hasta la más clásica representación del dolor derivado de la carencia más despiadada materializada en las dolorosas de Santiago o la Compañía, pasando por la majestuosidad infinitamente serena de la Reina de los Ángeles y la sublime belleza la Reina coronada de San Pablo. En suma, un artista fundamental, autor de una obra cargada de matices, contrapunto de distintas visiones y sensibilidades que demuestran la inmensa capacidad de su gubia y al mismo capaz de saciar el paladar más exigente con un estilo inconfundible, único e irrepetible.












