Convertir lo magnífico en sublime o lo hermoso en insuperable, no está al alcance de cualquier ser humano, sino solamente en manos de unos pocos elegidos entre los que se encuentra Manuel Jiménez, una de estas personas dotada con un talento natural e indiscutible y una capacidad técnica y estética fuera de toda duda que goza del reconocimiento de todo el universo cofrade y que se pone de manifiesto en cada uno de los trabajos que acomete.
Muchos son los ejemplos que podrían enunciarse en los que sus manos son capaces de enaltecer la dulzura de la Madre de Dios sacando el máximo partido de la belleza emanada de la gubia de un imaginero a través de sus creaciones efímeras. Angustias, Estrella, Esperanza del Valle… son algunas de las imágenes devocionales cuya belleza indiscutible es maximizada en virtud del arte que nace de las contrastadas condiciones de Jiménez.
Un nuevo ejemplo de esta privilegiada capacidad ha podido disfrutarse desde el pasado jueves y durante todo el fin de semana en la parroquia de Nuestra Señora de la Paz, en el mismísimo corazón del popular barrio de San Basilio, donde ha tenido lugar la tradicional ofrenda floral en honor de María Santísima del Amor, la dulcísima titular de la Hermandad de la Pasión.
Con tal motivo, la Virgen del Amor ha lucido un tocado blanco de guipur, una preciosa saya de brocado y la toca de lyon, además de la diadema que suele coronar sus sienes en este tipo de acontecimientos. Todo ello para concebir un magnífico conjunto dotado de una belleza incomparable que ha sido recogido a través de esta excelente crónica gráfica por nuestro compañero Antonio Poyato.





