Córdoba

Manuel López Lorenzo, nuevo hermano mayor del Cister de Córdoba

Los hermanos de la Hermandad del Cister, reunidos en asamblea extraordinaria, han elegido a Manuel López Lorenzo como nuevo hermano mayor de la corporación del Martes Santo, otorgándole su confianza para que desarrolle su labor al frente de la hermandad que habita en Capuchinos. López, que encabezaba la única candidatura presentada y ha cosechado 92 votos a favor de los 107 votos emitidos, frente a 8 votos en contra y 7 en blanco, sustituye en este cargo a Carlos Olivares. Unas elecciones marcadas por el absoluto mutismo de un proceso en el que absolutamente nada se ha hecho público a través de los medios oficiales de información que posee la corporación en una actitud que contrasta con el actual panorama cofrade en el que la mayor parte de las hermandades han comprendido que su dimensión pública es una forma excelente de alcanzar uno de los objetivos esenciales de cualquier cofradía, la evangelización.

Por contra, la del Cister es una hermandad que sí se ha preocupado en potenciar otras áreas fundamentales de su actividad como la asistencial, materializada en una de las obras sociales más importantes y encomiables de cuantas se desarrollan en la Córdoba Cofrade, la iniciativa «Música para Ángeles» que se ha convertido en la auténtica bandera asistencial de una hermandad que ha logrado encontrar su sitio después de haber abandonado su antigua sede canónica del Monasterio del Cister para recalar en su actual sede canónica y se concibe a través de los Talleres de Musicoterapia que se prolongan durante todo el curso enmarcados en una iniciativa para estimular a los niños del Centro de Atención Infantil Temprana (CAIT) del hospital San Juan de Dios de Córdoba. La actividad tiene como objetivo el pleno desarrollo de habilidades sociales y de comunicación; desarrollo motor; coordinación oculomanual o el refuerzo afectivo entre padres e hijos desde una perspectiva lúdica.

Adicionalmente, y más allá de la evolución experimentada por la hermandad, desde el punto de vista patrimonial en ambos pasos de la cofradía, la corporación cisterciense ha profundizado en un estilo en la calle perfectamente definido desde hace muchos años, sin estridencias, sin experimentos, sin giros copernicanos al capricho del dirigente de turno. Los sucesivos máximos responsables de la hermandad cisterciense parecen haber nacido para formar parte de su Junta de Gobierno. Cofrades conscientes de la importancia del Tesoro heredado y, sobre todo, de lo fundamental que resulta conservar la esencia de una cofradía. De ahí que cualquier cofrade que acude, cada Martes Santo, a la abarrotada plaza de Capuchinos, para ver salir el cortejo de esta hermandad, que cuida especialmente la figura del nazareno, sepa exactamente lo que va a encontrar: sobriedad, elegancia y distinción. Condiciones no tan generalizadas en otras cofradías cordobesas, pero que en la Hermandad de la Sangre son señas de identidad.

En suma, múltiples detalles positivos para una gestión solamente empañada con el ocultismo en ciertos procesos como estas elecciones, en las que únicamente de manera interna los hermanos han sido informados de cuestiones tan importantes como quién era el único candidato y su proyecto para los próximos cuatro años y olvidando, en todo caso, que una hermandad trasciende de sus hermanos concitando el interés de todo un pueblo que también merece, más allá de formar parte o no de la nómina de hermanos, la deferencia de conocer los destinos de la hermandad, si bien en esto, como en tantas cosas, existirán distintos putos de visto todos ellos perfectamente respetables.