Una de las figuras imprescindibles de la Semana Santa cordobesa del siglo pasado es la de Francisco de Sales Melguizo Fernández. Fundador de la Hermandad de la Misericordia y de la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Córdoba. Un nombre esencial para la Córdoba Cofrade que además dejó para la posteridad cinco grandes obras musicales emanadas de su creatividad.
Melguizo nació en Córdoba el 16 de septiembre de 1915, hace ahora 102 años. Sus estudios elementales se desarrollan a caballo entre el colegio de San Francisco de Sales de Córdoba popularmente llamado Salesianos y el de Ronda. Posteriormente alcanzó por oposición el ingreso como Técnico del Cuerpo Superior de Telecomunicaciones llegando a ocupar la Jefatura Regional de Telégrafos en Zaragoza y Sevilla.
Melguizo fue siempre una persona profundamente religiosa y espiritual. Su vocación cofrade se materializó como elemento esencial de la fundación de la Hermandad de la Misericordia, corporación en la que desempeñó múltiples trabajos y ostentó diversos puestos de responsabilidad, llegando a ejercer como Hermano Mayor durante 17 años. Durante su extenso y prolífico mandato, hasta 1954, la cofradía fue ejemplo por el esplendor de sus cultos cuaresmales y sibre todo, por la configuración de un patrimonio artístico de gran valor y unidad estilística, sin lugar a dudas, uno de los más completos de la Semana Santa cordobesa.
Su otra gran labor como cofrade se plasmó en la constitución de la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Córdoba, de la que fue fundador y ejerció como presidente en los periodos comprendidos entre 1945-1946 y 1955-1956. Fue pregonero de la Semana Santa en Córdoba en dos ocasiones (1963 y 1984), y distinguido con el merecido nombramiento como Cofrade Ejemplar en 1986.
También su figura como cofrade gozó de un significativo brilló en Sevilla donde perteneció a la Hermandad del Santísimo Cristo del Amor donde llegó a ser Teniente de Hermano Mayor. Además perteneció a la nómina de otras corporaciones de la ciudad hispalense, entre la que destaca de manera muy relevante la Hermandad del Silencio.
Su vocación por el mundo de la música siempre lo acompañó. De esta manera, estudió solfeo, piano y composición con el Catedrático y Director del Conservatorio Superior de Música de Córdoba Luís Serrano Lucena, centrándose en la creación, dinamización e impulso de instituciones, composición, crítica e investigación histórico-musical. A su vez, fue el creador y dinamizador de la Capilla Musical de la mencionada Hermandad de la Misericordia, llegando a alcanzar más de cien componentes entre instrumentistas y cantantes. En esta etapa compuso para dicha Capilla: “Misa solemne Cuaresmal para cuatro voces” (1946), “Pange Lingua” (1948), la plegaria “Dulce Jesús” (1948), “Salve” (1952), y las letras de los motetes “Misericordia, Señor” y “Hecha con espinas”. Fue uno de los fundadores de la Sociedad de Conciertos de Córdoba, así como reorganizador del Real Centro Filarmónico “Eduardo Lucena”.
La música procesional tampoco le fue ajena a Melguizo, siendo compositor de varias marchas procesionales que han perdurado como patrimonio musical de nuestras cofradías. Así, “Lágrimas y Desamparo” (1950), “Paloma de Capuchinos” (1951), “Señor de la Caridad” (1963), “Virgen de los Dolores” (1981) y “La música del Silencio” (1980), son melodía sonora de nuestra Semana Santa.
Dicha labor compositiva la alternó con la crítica. De manera que fue colaborador en prensa y radio tanto en Córdoba (diario Guión, con el seudónimo Clarión) como en Madrid, Zaragoza y Sevilla. En esta última fue colaborador de “El Correo de Andalucía” durante dos décadas. Especial mención merece su trabajo de investigación y estudio histórico sobre música cofrade, pasional y procesional, recogido en el tomo III de la Enciclopedia “Semana Santa en Sevilla”.
Fue Presidente del Centro Filarmónico y supernumerario de la Real Academia de Córdoba. El discurso de ingreso en esta última versó sobre contenidos pasionales e iconográficos de la Semana Santa. Y recibió las distinciones de Caballero de la Orden del Mérito de la República Italiana, socio de mérito del Real Centro Filarmónico «Eduardo Lucena» y socio de honor de la Orquesta Sinfónica de Madrid. Nos dejó el 10 de mayo de 1998 en Sevilla, pero su recuerdo y su labor siempre formarán parte inseparable del universo cofrade.





