El Rocío, Sendero de Sueños

Mi ancla de esperanza

Lo sé. Lo siento. No te he podido escribir antes. Sólo no podía.

Quisiste para mí unos días tranquilos. Donde el calor del hogar reinara. Porque eso son ellos para mí, mi hogar. Quisiste que dos niñas se conocieran y se volvieran inseparables. Que rieran y soñaran contigo mientras jugaban y corrían de un lado para otro. Disfrutando de todo lo que Tú les ofreces.

Me diste nuevas experiencias. Nuevas risas. Nuevas ilusiones, pero Madre…puff, ¡qué difícil lo pusiste al final! Sé que algo me quisiste decir. Avisar de algo así, lo sentí en mi alma…

Y se rompió… Mi alma se rompió en ese mismo instante en el que cogiendo a mi hija, mi hermano me llamó para darme la noticia. En ese preciso momento me rompí en mil pedazos. Me hice roca para no llorar delante de mi hija, pero lo hice en silencio por un momento, hasta que delante de mi Simpecao ya no pude más y lo solté. Ese sería mi duro sendero a recorrer.

Entré al compás de palmas en tu Santuario. Vi la cara de tu pueblo. Ellos vieron la mía. Nos miramos a los ojos. Te entendí. Me entendiste.

Aún así, sigo siendo tuya. Guíame por la senda de tu luz. Voy a ciegas y con el corazón descubierto mientras clavan espadas afiladas.

Sólo te pido que no nos abandones. Que nos lleves de tu mano como siempre lo has hecho. Que seas luz en mi oscuridad. Faro en mi naufragio y ancla de mi esperanza.