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¡Mimar al abonado es cuestión de estado!

¿Ha soñado en estos días con una carrera oficial distinta? ¿La veía quizás más amplia, con vías perfectamente transitables hasta para el misterio mayor dimensión, nazarenos pasando con holgura y horarios menos ajustados?

Efectivamente, le confirmo que era un sueño, una maldita utopía que parece inasumible en nuestra acomodada e inactiva ciudad de Sevilla.

El organismo competente, aquel que anida justo al lado de la céntrica plaza donde el Sevilla Fútbol Club celebra sus triunfos, ya ha anunciado que tampoco será este año cuando se empiece a trabajar en la anhelada, improrrogable y necesaria actuación en el epicentro logístico de la Semana Mayor de la ciudad.

¿Y cuál es el crucial motivo por el que no se puede abordar dicha reforma de la carrera oficial?

Pues, según ha confirmado el propio representante de esa institución competente, la razón del nuevo aplazamiento son los abonados de las sillas.

Sí sí. Los abonados. No se puede tocar la carrera por donde pasan todas y cada una de nuestras hermandades porque los pobres abonados necesitan sentarse a ver los pasos tras una dolorosa pandemia, y quitarles la sillita ahora estaría feo.

Queda patente entonces, a tenor de dicha explicación, que el estado anímico de dichos clientes que colocan sus posaderas en las sillas durante 7 días previo pago (con casi tres meses de antelación, por cierto), son infinitamente más importantes que el sufrido cuerpo de nazarenos que en muchas ocasiones ha de pasar completamente apretujados por calles tan señeras como Sierpes.

Sevilla lleva décadas poniendo parches a una carrera oficial a la que se le saltan las costuras. Y quien habla de Semana Santa, se puede referir también al traslado de la Feria en el charco de la Pava; pero eso es ya harino de otro costal.

El recorrido por el que pasan nuestras hermandades desde la Plaza del Duque hasta la Catedral tiene un sustancial problema tanto de espacio como de seguridad y de bienestar para los propios cortejos procesionales, que son a los que hay que cuidar principalmente y por quienes se montan las conocidas sillas.

La decisión de atrasar dicha reforma es sencillamente bochornosa, teniendo en cuenta las circunstancias y el tiempo perdido en estos 2 años que ha dejado la pandemia sin Semana Santa a Sevilla.

La ciudad merece representantes que quieran trabajar por ella en todos los ámbitos, también en el cofrade. La carrera oficial no da más de sí, y es un problema urgente que hay que resolver ya.

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