Tras la intensidad de la presencia de María Santísima Nazarena, una de las bellezas esenciales de la Semana Santa de Córdoba, por las calles de su barrio para rendir visita a la Parroquia madre de San Lorenzo, llegó el instante del recogimiento y la introspección, en el interior de la Iglesia de Jesús Nazareno.
Allí ante la mirada de su Hijo, la dulcísima dolorosa cuya autoría siempre fue un misterio, pese a que la tradición le concede origen napolitano y los investigadores del Grupo Arca la atribuyen al entorno artístico sevillano de fines del XVIII o inicios del XIX, ha presidido el besamanos que la corporación dedica a su realeza.
Una cita irrenunciable para la Córdoba Cofrade, que tiene de este modo la oportunidad de sentir de muy cerca la infinitud de la magia que siempre envuelve a su figura y a la que nuestro compañero Antonio Poyato ha sido fiel para dejar testimonio con esta excelente crónica gráfica.





