Ni ánimo ni alternativas

Si las aguas mansas vuelven al santuario tras las últimas elecciones no sucede lo mismo con los cambios en la Madrugada. Porque la jornada va a seguir siendo como hasta ahora, sin que haya un acuerdo general entre los hermanos que provoque un reajuste de una noche donde a la corporación de los Gitanos le toque salir perdiendo. Por más que sea inasumible el retraso que tienen que acumular los frentes abiertos son tantos que la dolorosa -no se la pierdan hoy en su sede- asomará a una plaza de la Virgen de los Reyes prácticamente vacía y padeciendo otra vez -no sabemos ya por cuantos años- los minutos que van dejándose el resto de cofradías.

Da igual que sea una era postpandemia porque hay cosas que no cambian ni parece que vayan a hacerlo a corto plazo. La jornada de la Madrugada tiene el hándicap de que la del Jueves Santo es inminentemente anterior, y las que ocupan aquella nómina no están dispuestas a ceder ni un segundo. Entonces llega el momento de hacer cuentas e intentar tender puentes con el resto de hermanos mayores de la nómina. ¿Estarían todos dispuestos a ello? La respuesta es no.

Cuando ni los representantes de las seis hermandades se ponen de acuerdo, ¿cómo van a hacer un frente común para que la jornada acabe adelantándose? En caso de que alguna de ellas decidiera poner su cruz de guía diez o quince minutos antes, ¿de qué serviría si después su entrada en Campana tendría que regirse por un estricto horario?

Por mucho que José María Flores, reelegido recientemente hermano mayor, pretenda que la estación de penitencia mejore, poco podrá hacer si no cuenta con el resto de compañeros. Más allá de mirar en la jornada previa, ¿por qué no se reducen las chicotás eternas en la Campana que provocan que algunas excedan en demasía su paso? Quizá algún tiempo pudiera ganarse. Ni por esas. La próxima Madrugada volveremos a ver otro claro ejemplo de compromiso.