No alejéis a la gente de la cara de Dios

La Semana Santa es una fiesta viva, evoluciona según cambia la sociedad. Las cofradías cambian sus elementos externos e internos. Si echamos una mirada atrás, vemos como se nota un cuidado por el patrimonio, las formas de organizar una cofradía en la calle o la vida de una hermandad que cada vez pone más su foco en ámbitos como la caridad o la formación.

Cada año, la Semana Santa es diferente. Y se nota. Cuántas diferencias encontraríamos en aquella Semana Santa de los años 60 o 70. Años con poca nómina de nazarenos y poca afluencia de gente. Una contradicción con la Semana Santa de hogaño donde en las mesas de las juntas de gobierno y del Consejo de Hermandades se discute como manejar la numerosa cuantía de personas que componen los cortejos al igual que la afluencia de gente que va a verlos sin que sea un problema de seguridad.

De manera que se crean medidas para el buen funcionamiento de la seguridad pública. Ya hemos visto las decisiones adoptadas entre el Consejo, CECOP y el Ayuntamiento de Sevilla en medidas de seguridad para la Semana Santa. Aquí están los altavoces, cámaras, aforamientos y vallas que han llenado este año las calles. Incluso hoy mismo, a meses de la cuaresma, se ha anunciado que estas medidas llegarán hasta Triana.

¿Pero están bien estas medidas? ¿O van en contra del sentido de la Semana Santa? Sí, no están mal. Pero algunas van a contracorriente del objetivo por el que se creó todo esto. Sacar las Imágenes a la calle para que la gente se acerque a Ellas. Y ahora más que nunca – en un tiempo donde los bancos de los templos se llenan de polvo y la Iglesia está siendo atacada diariamente – hay que tener presente la función de la Semana Santa, acercar a Dios a la gente.

Pues podemos entrar en la controversia si está bien todo esto de las vallas y los agentes policiales echando a la gente de los pasos, o no. Creo que lo están haciendo con la mejor voluntad y mirando siempre por el ciudadano. Pero por favor, no alejéis a la gente de la cara de Dios.

No me gustaría volver a ver frías imágenes de gente viendo los pasos tras una valla colocada a varios metros de distancia de ellos. Las procesiones no son cabalgatas. Son un sentimiento que no entiende de siglos ni lugares. Es una forma de expresar nuestra fe.

Dejar que la gente se acerque a ver a la Madre de Dios. Que los niños toquen los respiraderos, que los jóvenes anden delante de la mujer más hermosa. Fuerzas de seguridad, miembros de las hermandades, dejar un hueco delante de Ellos. ¿Hay algo más bonito que vayan a querer a una Madre?

Permitir que escuchen la voz del capataz y de los costaleros. No le empujéis para que se vayan. ¿Quién tiene poder moral para quitar a alguien del lado del Señor? Porque la Semana Santa es estar cerca de Ellos, de la Gloria misma. No nos quitéis el Cielo que nuestra ciudad nos tiene prometido.