El pasado 5 de agosto, el Papa Francisco proponía una «nueva» advocación mariana, explicando que «Hay tantas advocaciones de María», pero una -que podemos decir también, pensando- es esta: la Virgen que sale corriendo, cada vez que hay un problema, cada vez que la invocamos, no tarda, viene, se apura», agregando a continuación «Nuestra Señora Apurada. ¿Les gusta eso? Lo digamos todos juntos: Nuestra Señora Apurada. Se apura para estar cerca de nosotros, se apura porque es Madre, apressada, en portugués se dice apressada me dice Mons. Ornelas. Nossa Senhora Apressada», ya que se encontraba en el Santuario de Fátima.
Traducida al español, el término sería el de «precipitada», refiriéndose en a una persona que actúa con prisa o precipitación, que acude rápidamente. Más de 200.000 personas presentes en Fátima que asistieron a las palabras del sumo pontífice, quien les recordó que «María en su vida no hace otra cosa que señalar a Jesús. “Hagan lo que Él les diga”, sigan a Jesús, estos son los dos gestos de María, pensémoslo bien, nos acoge a todos, y señala a Jesús, y esto lo hace un poco apurada». También recordó la visita de la Virgen a su prima Isabel.
Posteriormente dirigió una oración una oración a los asistentes:
Oh María, nosotros te amamos y confiamos en ti. Y a ti, ahora, nos encomendamos nuevamente. Con corazón de hijos te consagramos nuestras vidas, para siempre. Te consagramos la Iglesia y el mundo, especialmente los países en guerra. Obtén para nosotros la paz. Tú, Virgen del camino, abre senderos donde parece que no existen. Tú, que desatas los nudos, deshace los enredos del egoísmo y los lazos del poder. Tú, que nunca te dejas ganar en generosidad, llénanos de ternura, cólmanos de esperanza y haznos gustar la alegría que no pasa, la alegría del Evangelio. Amén.





