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Córdoba, El Rincón de la Memoria

Nuestra Señora de los Dolores en su Exclamación: La antigua dolorosa de la Hermandad del Santo Sepulcro

Ya en anteriores publicaciones nos habíamos encargado de hacer un repaso por la extensa historia de una hermandad tan esencial en la celebración de nuestra Semana Santa como es la del Santo Sepulcro. En aquel momento, se trataba de regresar a los orígenes de la cofradía, la cual había sido fundada en el último tercio del remoto siglo XVI durante la estancia de esta en un escenario muy distinto de aquel en el que se asienta hoy en día: el Convento del Carmen en la Ermita de la Vera Cruz.

Allí y desde sus primeros años, la rigurosa cofradía se vio enormemente fortalecida, rindiendo culto a dos imágenes e impulsada no solo debido al inestimable amparo de dicha comunidad religiosa sino también, e indudablemente, con el característico e incondicional fervor popular, a su vez intensificado con la estación de penitencia que ya comenzaba a llevarse a cabo en la noche del Viernes Santo.

No es de extrañar que, con el paso del tiempo y lo que ello conlleva a menudo – cambios de sede, reglas, titulares e incluso extravío o deterioro de documentos entre otros muchos factores condicionantes – se pierda una gran cantidad de información, que, asimismo, nos ha traído al presente algunos de los grandes enigmas del universo cofrade.

En este sentido y si bien es verdad que actualmente se tiene constancia de que era la imagen de Cristo yacente la que protagonizaba dichos desfiles procesionales, la primitiva dolorosa que solía asociarse a la corporación del Viernes Santo constituye, por su parte, una incógnita al menos para la mayoría de la comunidad cofrade cordobesa. Poco se sabe de aquella antigua talla, salvo que se encontraba bajo la advocación de Nuestra Señora de las Angustias o de la Quinta Angustia y que, al igual que la imagen del Santísimo Cristo, también era sacada en procesión, incrementando con estas ocasiones la devoción que los fieles le profesaban.

Sin embargo, posteriormente la corporación pasó a establecerse en la célebre Parroquia del Carmen de Puerta Nueva, donde permaneció largos años en gran medida gracias al interés que los carmelitas calzados habían mostrado por aquellos tiempos en la fundación de nuevas hermandades y el apoyo a estas durante su desarrollo y su actividad rutinaria.

Con la protección y el inestimable amparo de dicha comunidad religiosa, la cofradía del Santo Sepulcro se mantuvo estrechamente vinculada a su sede desde la construcción del templo y el traslado de la orden a esta – entre finales del siglo XVI y principios del XIX – hasta su posterior exclaustración ya en el año 1835.

Es en ese instante y con motivo del mencionado traslado, cuando los miembros de la cofradía estiman oportuno reemplazar a la primera dolorosa de la Hermandad por otra, en esta ocasión bajo la advocación de Nuestra Señora de las Penas, denominación con la que será conocida hasta mediados del siglo XIX.

Sin duda alguna, aquella imagen de la Santísima Virgen y al igual que su antecesora, será también una gran desconocida para una buena parte del colectivo cofrade, puesto que no es en absoluto sencillo encontrar ningún tipo de documento sobre Ella, ya sea gráfico o informativo. Este hecho podría conducir a pensar que el paradero de Nuestra Señora de las Penas sea tan intrigante como su rostro. En cambio, y pese a lo que cupiese pensar a priori, la antigua dolorosa de la Hermandad del Santo Sepulcro – ahora bajo la advocación de Nuestra Señora de los Dolores en su Exclamación – se encuentra actualmente en la concurrida Capilla del Hospital de San Juan de Dios, alzando su mirada al cielo al igual que hiciese en la antigua fotografía en la que acompañaba, en un discreto segundo plano, a Cristo yacente y en la que apenas podía intuirse su intensa y conmovedora expresión.

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