La imagen volverá a su Hermandad el 15 de septiembre con una misa de bienvenida y una ponencia sobre la intervención
La Nuestra Señora de los Dolores y del Rayo regresará a su Hermandad el próximo 15 de septiembre, una fecha señalada para la corporación y para los devotos del Campo de la Verdad después del proceso de restauración al que ha sido sometida por Ana Infante de la Torre. El regreso pondrá fin al periodo de espera vivido por los hermanos y permitirá que la imagen vuelva a ocupar nuevamente el lugar que le corresponde en la Hermandad y en el corazón del Campo de la Verdad, recuperando todo su esplendor tras la intervención realizada.
Una jornada para explicar el proceso de restauración
La programación prevista para recibir nuevamente a la imagen comenzará a las 20:30 horas con la celebración de la Misa de bienvenida, acto con el que la corporación marcará el reencuentro de Nuestra Señora de los Dolores y del Rayo con sus hermanos y hermanas. Posteriormente, a las 21:30 horas, tendrá lugar una ponencia a cargo de Ana Infante de la Torre, responsable del proceso de restauración. Durante esta intervención, la restauradora explicará los trabajos realizados sobre la imagen, ofreciendo a los asistentes la posibilidad de conocer de primera mano el proceso llevado a cabo durante este periodo.
La imagen podrá contemplarse de cerca durante una jornada de veneración
La vuelta de Nuestra Señora de los Dolores y del Rayo tendrá continuidad al día siguiente. El miércoles 16 de septiembre se celebrará una jornada de veneración que permitirá a los hermanos, devotos y fieles acercarse a la imagen y contemplarla de cerca después de su restauración. La veneración se desarrollará de manera ininterrumpida entre las 11:00 y las 19:00 horas, configurándose como una segunda jornada dedicada al reencuentro con la imagen una vez concluida su intervención.
Para la Hermandad, estas jornadas representan una ocasión especialmente significativa para dar gracias por el regreso de su titular, propiciar el encuentro de los hermanos con ella y celebrar que Nuestra Señora de los Dolores y del Rayo vuelve a encontrarse nuevamente entre quienes mantienen su devoción en el Campo de la Verdad. La corporación ha planteado así el 15 de septiembre como una fecha de especial relevancia en su historia, con una recepción que continuará el día 16 mediante la jornada de veneración, permitiendo prolongar el encuentro con la imagen restaurada.
Una devoción con cuatro siglos de historia
La historia de Nuestra Señora de los Dolores y del Rayo hunde sus raíces en el siglo XVII, cuando la imagen, de autor desconocido, estuvo vinculada a una Hermandad de disciplinantes de aquella época. Su propia advocación conserva además el eco de una antigua tradición cordobesa recogida por Ramírez de Arellano en sus ‘Paseos por Córdoba’, según la cual la Virgen recibió el sobrenombre de «del Rayo» después de que un rayo cayese en la iglesia sin que la imagen sufriera daño alguno.
La documentación existente acredita que, ya desde los primeros años del siglo XVII, aquella corporación realizaba estación de penitencia por las calles de Córdoba durante el Viernes Santo. Con el paso del tiempo, concretamente ya en el siglo XVIII, la salida procesional pasó a celebrarse en la jornada del Jueves Santo. La Virgen era entonces trasladada sobre un paso con parihuelas que era portado por disciplinantes y bajo palio, cuyos varales eran llevados por los propios hermanos. Se trataba de una hermandad de escasos recursos económicos y reducida nómina de hermanos, una circunstancia relacionada con la baja densidad de población existente en la barriada.
Aquella primera etapa quedó truncada durante la crisis del siglo XIX, periodo en el que la Hermandad desapareció, dentro de un contexto que afectó igualmente a buena parte de las corporaciones penitenciales cordobesas de aquella época. La devoción a la Virgen del Rayo, sin embargo, no quedó definitivamente extinguida. Habría que esperar al siglo XX para que la imagen volviera a formar parte de una estación de penitencia por las calles de Córdoba.
Fue durante la primera década del siglo pasado cuando, en la ermita del Santo Cristo de Ánimas, se erigió una nueva corporación bajo el título de Hermandad de Nazarenos del Santo Cristo de Ánimas, Sagrado Descendimiento de Cristo Nuestro Señor y María Santísima del Rayo. Esta cofradía se convirtió en el antecedente directo de la actual Hermandad del Descendimiento y llegó a incorporarse a la procesión oficial del Santo Entierro, participando en varias Semanas Santas hasta su desaparición en 1919.
La tradición de la antigua corporación encontró continuidad años después, cuando en 1937 se fundó la actual cofradía, que recogió el legado de aquella hermandad precedente e incorporó a la Virgen del Rayo a su patrimonio devocional. De este modo, desde su primer desfile penitencial, celebrado en 1938, y hasta 1960, Nuestra Señora del Rayo formó parte del misterio del Descendimiento, tanto en el paso procesional como en el altar dispuesto para los cultos de la Hermandad.
El año 1960 marcó un nuevo capítulo en la trayectoria de la imagen. Tras ser sustituida por la Dolorosa realizada por Ruiz Olmos, la Virgen del Rayo pasó a la sede de la Hermandad. La imagen no fue depositada en una atarazana, sino que quedó custodiada con esmero en dependencias de la corporación, manteniéndose la esperanza de que en el futuro pudiera volver a acompañar al misterio del Descendimiento en un paso de palio durante la estación de penitencia.
Esta decisión contó con la aprobación de los sucesivos párrocos y consiliarios, entre ellos Antonio Gómez Aguilar, Bartolomé Menor Borrego y Enrique Albendín. Sin embargo, el rumbo de la imagen volvería a modificarse a comienzos de la década de los ochenta del siglo XX, coincidiendo con la llegada a la parroquia de José Luque Requerey. El nuevo responsable parroquial consideró que la imagen debía permanecer en el templo para recibir culto, propiciando con ello una nueva etapa en la historia de la Virgen del Rayo.
Poco después, bajo su inspiración, se erigió una hermandad de gloria cuya titular era, pese a su condición de dolorosa, Nuestra Señora de los Dolores y del Rayo. La corporación adoptó el título de Primitiva y Muy Antigua Hermandad y Cofradía Servita de Nuestra Señora de los Dolores y del Rayo, Sagrada Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y Patriarca Bendito San José, quedando constituida oficialmente en 1987.
Aquella nueva hermandad disfrutó de una vida activa durante sus primeros años, aunque posteriormente atravesó una trayectoria caracterizada por la decadencia y por distintos altibajos. La corporación terminaría disolviéndose después de aproximadamente cuarenta años, circunstancia que volvió a modificar el destino de la antigua Dolorosa.
La desaparición de aquella hermandad propició finalmente que Nuestra Señora de los Dolores y del Rayo regresara a su antigua Hermandad, esta vez incorporándose como imagen letífica. El vínculo histórico con la corporación del Descendimiento, interrumpido durante cuatro décadas, volvía de esta forma a recuperar su dimensión institucional y devocional.
El paso decisivo se produjo el 24 de noviembre de 2019, cuando, después de la disolución de la cofradía de la Virgen del Rayo, la Hermandad convocó una Junta General Extraordinaria para someter a consideración de sus hermanos la incorporación de la imagen como Titular de Gloria. La propuesta fue aprobada, determinándose así que la Virgen del Rayo volviera a ser Titular de la Hermandad del Descendimiento, recuperando después de cuatro décadas el vínculo que había mantenido con la corporación desde su incorporación en 1937.
La trayectoria de la imagen se encuentra marcada, por tanto, por una sucesión de incorporaciones, sustituciones, periodos de custodia, cambios de hermandad y posteriores reencuentros, hasta desembocar en su actual condición de Titular de Gloria de la Hermandad. Una historia que enlaza la antigua tradición de las hermandades de disciplinantes del siglo XVII con la realidad contemporánea de una devoción que ha atravesado distintas etapas sin perder su vinculación con la corporación del Descendimiento.
A esta dimensión histórica se suma la particularidad de su propia iconografía y de la memoria devocional asociada a ella. La Virgen era descrita con encajes en las manos, una flor en la toca, camisa, enaguas, perlas y pulseras en las manos, elementos que forman parte de las referencias transmitidas sobre su manera tradicional de presentarse al culto.
El regreso de Nuestra Señora de los Dolores y del Rayo a la Hermandad no constituye, por tanto, un episodio aislado, sino el último capítulo de una trayectoria desarrollada durante varios siglos de historia, desde aquella antigua corporación de disciplinantes hasta su actual consideración como Titular de Gloria. Su recorrido por la Semana Santa cordobesa, su presencia en el misterio del Descendimiento, su permanencia en la sede de la Hermandad, la posterior creación de una corporación de gloria y, finalmente, su reincorporación en 2019, conforman una sucesión histórica que explica el significado de la imagen dentro de la memoria de la Hermandad y de Córdoba.





