La imagen de Nuestra Señora del Santo Rosario, una de las joyas devocionales más queridas por la Hermandad de la Macarena, ha sido retirada temporalmente del culto para someterse a una intervención de conservación y mantenimiento a cargo del equipo del profesor Arquillo Torres. Esta actuación busca preservar la riqueza artística y espiritual de una talla que, por su historia y belleza, ocupa un lugar especial en el corazón de los devotos. Una actuación que coincide con la retirada en el culto del señor de la Sentencia de la que ya informó la corporación de San Gil.
De autor desconocido, algunos estudiosos han atribuido su realización a Pedro Duque Cornejo, mientras que la escultura del Niño Jesús, que descansa dulcemente en su regazo, pertenece a una época anterior y se remonta a las primeras décadas del siglo XVI. Originalmente concebida como una imagen de talla completa, la Virgen fue posteriormente transformada en una imagen de candelero, adaptándose así a las tradiciones devocionales de la Hermandad.
A lo largo de los siglos, la imagen ha sido un referente en la vida religiosa de la Macarena. Presidió durante años el altar mayor de la Parroquia de San Gil, lugar donde su presencia marcó la devoción de generaciones de sevillanos. Su incorporación a la Hermandad se produjo en 1793, tras la fusión de las Hermandades del Rosario y la Esperanza, consolidándose desde entonces como su Titular Gloriosa.
Con su mirada serena y expresión maternal, Nuestra Señora del Santo Rosario es un símbolo de consuelo y protección para sus fieles. Su devoción cobra especial relevancia cada mes de octubre, cuando la Hermandad organiza un Triduo y Función en su honor, además de la tradicional procesión que la lleva a recorrer las calles de la collación, rodeada por la fe y el fervor de los macarenos. Como parte de su misión, la Hermandad fomenta el culto del Santo Rosario, manteniendo el rezo diario de esta oración mariana en la Basílica, promoviendo su arraigada tradición.
Aunque aún no se ha anunciado el tiempo que tomará la intervención, los hermanos y devotos aguardan con esperanza el regreso de la imagen a su lugar de veneración. La Hermandad, fiel a su compromiso con la conservación de su patrimonio, sigue informando a sus miembros sobre el proceso, asegurando que, cuando vuelva a ocupar su sitio, Nuestra Señora del Santo Rosario resplandecerá con la misma belleza que la ha convertido en emblema de la fe macarena.





