El presidente del Gremio de Arte Sacro de Sevilla, Francisco Carrera, conocido en el ámbito artístico como Paquili, ha denunciado haber recibido un mensaje intimidatorio desde un teléfono de Pakistán, según relató en una entrevista concedida a Canal Sur Radio. El mensaje, siempre según su versión, provenía de alguien que se identificaba como propietario de un taller de bordados en el país asiático.
La polémica se ha reavivado en los últimos días en torno a que la Pastora de Santa Marina estrenará unos faldones elaborados en Pakistán, hecho que ha sido interpretado por el gremio como una afrenta a los talleres locales y, presumiblemente, una defensa de sus intereses frente a la competencia extranjera.
En fechas recientes, el diseñador sevillano Javier Sánchez de los Reyes ya había expresado sus impresiones en su cuenta de la red social X, al igual que el artista polifacético Fernando Aguado, quien alertaba sobre el riesgo que supone encargar trabajos fuera de España: “Si las hermandades encargan cosas a Pakistán, un día no habrá talleres aquí y todo lo que venga serán copias baratas y de mala calidad. No habrá nadie para restaurar el patrimonio. No metamos el enemigo en casa; destruimos nuestro empleo. Hay que ser consciente del daño que se hace”.
El bordador Francisco Carrera se ha convertido en la voz más visible de esta defensa del arte sacro local. En una entrevista para 7TV Sevilla, Paquili reconoció la existencia del libre mercado, pero matizó que “nosotros apelamos a la conciencia para ser conscientes de que somos referentes en nuestro sector”.
El bordador alertó sobre la competencia desleal, señalando que “nadie ha valorado que hay una competencia desleal tremenda, que estamos estudiando con los abogados. No tributan en el estado español”. Además, cuestionó la legalidad de la importación: “No sabemos de qué forma entran por aduana. El kilo de oro está… vamos a poner un promedio, 3.000 euros. ¿Cómo te pueden cobrar por una saya que se lleva dos kilos 800 euros?”.
Paquili añadió que existe una responsabilidad de los talleres locales de contribuir a la economía común y defendió la necesidad de proteger el hecho identitario del arte sacro sevillano. “Si Sevilla es la capital del mundo del arte sacro y nos esforzamos continuamente por ponerla en valor, por llevarla a Europa y trabajar la excelencia, no tiene ningún sentido que las instituciones, tras siglos de prestigio artístico y piezas de enorme calidad, adquieran productos que no representan nuestra idiosincrasia ni la excelencia que Sevilla siempre ha exportado”, concluyó.
Esta situación pone de relieve la tensión que existe entre la tradición artesanal sevillana y la incorporación de trabajos extranjeros, un debate que ha cobrado especial relevancia en el sector del bordado sacro de la ciudad.





