Que el Maestro Farfán, nacido en Sevilla, fue uno de los grandes precursores de la música procesional cofrade es algo que no se le escapa a nadie en la época en la que vivimos. Si dirigimos la mirada hacia atrás, grandes obras de Farfán destacan de sobremanera, como «La Esperanza de Triana», «La Estrella Sublime», «El Dulce Nombre» o «Pasan los Campanilleros». Quizá esta última sea, junto a «Amarguras» de Manuel Font de Anta, sea de las que más han sonado a lo largo y ancho de nuestra bendita tierra. Farfán, que tuvo una vida compositora entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, fue un aventajado de su época, ya que introdujo elementos que fueron la base compositiva de todos los compositores que le sucedieron. Además, fue clave en otorgarle a la música procesional una importancia de la que, hasta entonces carecía, ya que las composiciones tendían a ser muy fúnebres. Farfán hizo que los pasos de la Semana Santa brillaran con una luz especial gracias a los acordes más alegres de su música.
Lo cierto es que el origen de «Pasan los Campanilleros» se enmarca en el año 1924, estando dedicada a la Hermandad de las Siete Palabras de la ciudad de la Giralda. Farfán era Capitán Músico Mayor del Regimiento Soria nº 9, que acompañaba a diversos pasos de palio en Semana Santa. Además, la sección musical visitaba con cierta asiduidad la localidad sevillana de Castilleja de la Cuesta para dar conciertos. Allí se ponen en contacto con el coro de «Nuestra Señora de la Soledad», muy popular en la ciudad, y fruto de esa relación al músico sevillano se le ocurre componer una marcha que incorpora una de las coplillas interpretadas por el mencionado coro. La letra de la misma es la siguiente:
«En la cima del Monte Calvario
orlada de nubes, brillaba una Cruz.
Y a sus pies, con el Santo Sudario
esperaba María un rayo de clara luz.
Que luz era su Hijo Jesús,
luz radiante que alumbra cielos y tierra
y esparció en sus ascuas amor, caridad y virtud».
Sin duda la marcha fue el punto de inflexión que cambió el devenir de la música procesional cofrade, debido a la introducción de la parte cantada y la utilización de campanillas. El Domingo de Ramos de 1924 la composición sonaba por primera vez en el palio de la Virgen del Socorro de la Hermandad del Amor en la popular calle Sierpes, así como en otros puntos del recorrido, gracias a la gran aceptación que tuvo entre el público. Debido al corte fúnebre de la Cofradía sevillana, la censura que tan de cerca vigilaba todo lo que tenía que ver con la sociedad de aquella época no dejó escapar la oportunidad de actuar contra «Pasan los Campanilleros», al igual que con otras marchas de Farfán como «Dulce Nombre» o «La Estrella Sublime», quedando vetada su interpretación al considerarse excesivamente folclórica (imagínense qué dirían de ciertas marchas de la actualidad) y poco adecuada para el paso por Carrera Oficial de las Hermandades.
Sin embargo, cuando una marcha posee esa fuerza y esencia que despierta tantos sentimientos, es complicado que haya quien frene su generalización. Sucedió con «Pasan los Campanilleros», ya que en la década de los 90 volvió a sonar en la Campana de mano de la Hermandad de la Macarena, aunque previamente lo había solicitado la Hermandad de las Siete Palabras y el Consejo de Hermandades le recomendó encarecidamente no interpretarla.
Superado el veto, la marcha se popularizó rápidamente en toda nuestra tierra, aunque una corriente más conservadora utilizaba panderetas y castañuelas en lugar de triángulo, güiro y campanilla, instrumentos utilizados por el coro de Castilleja de la Cuesta del que Farfán adoptó la idea. La marcha sufrió constantes arreglos y rearmonizaciones, llevando a perder, en muchas ocasiones, la parte final de la marcha, mucho más larga de como solía interpretarse, aunque la tendencia sugiere la recuperación de la misma. Quizá las grabaciones más fieles a la partitura original del Maestro Farfán sea la realizada por la Municipal de Sevilla en el año 2007 en su trabajo discográfico «Versión Original» y la realizada por la Oliva de Salteras en el año 1996 en su disco «Al Cachorro».
«Pasan los Campanilleros» revolucionó el panorama musical cofrade de la época de la mano de uno de los compositores más aventajados e innovadores de la historia, quizá sin saber que sería una de las marchas más interpretadas durante las posteriores décadas hasta nuestra actualidad, e ignorando que la introducción de ese estilo interpretativo que hace que la música sea un componente vital de la estación de penitencia de las Cofradías.
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