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Pasteleo cofrade en la retransmisión del Gran Poder

Pasó. El esperadísimo traslado del Gran Poder al primero de los barrios de la Santa Misión ya es un bello recuerdo, dejándonos imágenes francamente inéditas que ni por asomo pensaban muchos cofrades que fueran a vivir.

No se puede decir lo mismo, sin embargo, de la verborrea de nuestras amados compañeros locutores tanto en radio como en televisión, que de inéditas no tienen absolutamente nada, sino más bien aburren a un Santo.

Sé queridos lectores que las comparaciones son odiosas, pero en muchas ocasiones, como siempre suele argumentar este humilde redactor, también inevitables.

Grandes ceremonias y actos cofradieros como el vivido hoy por el Gran Poder traen a la memoria a grandes comentaristas como José Luis Garrido Bustamante, que ilustraba espléndidamente y con una precisión sorprendente el discurrir de cualquier Imagen. Bustamante aportaba siempre el dato curioso, la cita histórica que el espectador debía conocer y la anécdota emocionante que aportaba más realismo aún a la emisión.

Ahora todo ha cambiado. Las retransmisiones, que suelen contar con varios presentadores e incluso invitados, carecen de frescura y espontaneidad.

No hay más que poner cierto espacio cofrade de una cadena local y escuchar el dramatismo totalmente impostado del presentador, buscando el lacrimeo fácil de su público, entre los que generalmente no se incluye este redactor.

Por no hablar de las entrevistas y conexiones, absolutamente predecibles y reiterativas, en las que rara vez se dice algo que el público ya no sepa; o directamente aquellas en las que el periodista vive en los mundos de yupilandia, como el que asociaba esta mañana que la Plaza de San Lorenzo no estuviera llena por la concienciación de la pandemia, un auténtico descubrimiento científico para la humanidad que cualquier cofrade que estuviera allí desmentiría fácilmente.

Y si de locuciones buenas buenas se trata la cosa, nada mejor que aquellos locutores que se pasan medio programa lanzándose muestras de cariño y admiración, hasta tal punto de no saber si están retransmitiendo procesiones o grabando un remake de «Los Puente de Madison».

Si es que las retransmisiones ya no son lo que eran, y en este caso se hace realidad aquella expresión popular que dice que «cualquier tiempo pasado fue mejor».

Los locutores actuales intentan dar otro aire a los directos, pero su estilo snob-rancio y su discurso pueril hacen insufribles las disertaciones.

Y entre tanto pasteleo, solo hay alivio para los oídos en las auténticas primicias con sonido ambiente, sin más, que regala Gente de Paz, siempre al pie de la noticia sin alaracas ni imposturas.

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