Pedro Gálvez: «La salud musical de una ciudad se puede medir a partir de su banda de música… Jerez necesita con urgencia una inyección y de las fuertes. Es su asignatura pendiente»

Andalucía es tierra fecunda en talento artístico, cuna de compositores y directores que han sabido unir la tradición culta con el sentir popular de su gente. En ese cruce de caminos entre la música sinfónica y la devoción cofrade se sitúa Pedro Gálvez, joven músico jerezano que, pese a su corta edad, ya ha dejado una huella notable en el panorama andaluz gracias a su sólida formación y a una sensibilidad artística que bebe tanto de los grandes clásicos como de los sones procesionales de su ciudad natal.

Formado en los conservatorios de Jerez y Granada, Gálvez es un director precoz que desde muy joven comenzó a recorrer escenarios internacionales con la Orquesta Álvarez Beigbeder y más tarde al frente de la Joven Orquesta Filarmónica Campos Andaluces, proyecto que fundó en 2019 y que ha llevado a representar a Andalucía en festivales de prestigio como el World Orchestra Festival de Viena, consiguiendo en el año 2024 el primer puesto en la categoría de Joven Orquesta Sinfónica. Recientemente esta joven orquesta ha vuelto a Austria, a la sala dorada del Musikverein, célebre lugar en el que se celebra cada 1 de enero el tradicional concierto de año nuevo. Su trayectoria como director lo ha llevado a ponerse al frente de obras de primer nivel como el Réquiem de Mozart o «El amor brujo» de Falla, mientras sigue profundizando en la música sinfónica con una mirada comprometida hacia el patrimonio musical andaluz.

Pero su figura no se entiende sin la vinculación con las cofradías. Desde 2022, Pedro Gálvez comienza a estrenar sus primeras marchas procesionales, casi todas ellas dedicadas a Jerez, ciudad que no solo lo vio nacer, sino que ha inspirado muchas de sus composiciones. Obras como «Salvator Mundi», dedicada al Cristo de la Viga; «Madrugá de Esperanza», para la Virgen de la Yedra; o «Suspira la Amargura», en honor a la dolorosa homónima, reflejan una escritura sobria y expresiva, con hondas raíces en la estética andaluza. Además, su interés por la figura de Germán Álvarez Beigbeder —de quien hoy investiga y difunde su legado— conecta directamente con ese universo cofrade donde las partituras también son oración y catequesis.

Consciente del poder de la música en la riqueza de su variedad, Pedro Gálvez representa una generación nueva de músicos que, sin renunciar al academicismo, saben escuchar el sentir de la calle, que bien se refleja en la religiosidad popular de nuestras hermandades. Hoy, en Gente de Paz, tenemos el privilegio de acercarnos a su visión de la música, de las cofradías y del futuro que aún le queda por escribir.

«No se entiende Pedro Gálvez sin Jerez. Siempre, allá donde voy, llevo a mi ciudad por bandera»

  • Para quien no le conozca aún… ¿Quién es Pedro Gálvez?

Pedro Gálvez es un músico jerezano nacido en 2001, apasionado de su tierra y de todo lo que ella ofrece. Es una definición corta, pero tremendamente sincera. Creo que sintetiza con exactitud quién soy, ni más ni menos. Yo diría que todo artista, cultive el arte que cultive, debería mencionar en su presentación la palabra «apasionado». Hay que apasionarse para hacer arte. No hay otra manera. En mi caso, como digo… soy un apasionado de la música y de mi tierra. No hay más.

  • ¿De dónde le viene la pasión por la música?

Sin duda, y en ambos casos, corre por la sangre. Mis dos hermanos, ambos mayores que yo, son también músicos: saxofonista y trombonista, respectivamente. Entre mis tíos se cuentan algunos guitarristas, y entre mis primos hay oboístas, pianistas, violinistas. En un ambiente así desde pequeño, era imposible escaparme de la música. Y así ha sido hasta hoy. A mí me llamaban la atención la trompeta y la trompa, y acabé decantándome por este último, que es el que estudié. Un instrumento de sonoridad redonda y elegante, muy desconocido para la gran mayoría y sin embargo, fundamental en las orquestas y bandas.

  • ¿Y por la Semana Santa?

No descubro la pólvora si digo que en Jerez la Semana Santa se vive con gran intensidad. Yo, que siempre he vivido en el barrio de Santiago, siendo mi abuelo paterno un gran devoto del Señor de las Tres Caídas y mi hermano de la Virgen de la Piedad… pues lo he vivido también desde pequeño, hasta el punto de impregnarme por completo y ser parte de mi vida. Y no hay que olvidar que también el mundo de la música ha influido en ello. Buena parte de la vida musical de nuestras bandas se basa, en gran parte, en la música procesional, y eso nos vincula a los músicos de banda con la Semana Santa, pues la llegamos a vivir desde dentro.

  • ¿Qué le debe Pedro Gálvez a Jerez?

Todo. Es la ciudad que me vio nacer y crecer. Y la que me ha hecho ser quien soy. No se entiende Pedro Gálvez sin Jerez. Siempre, allá donde voy, llevo a mi ciudad por bandera. Somos un pequeño bastión de cultura andaluza: es una de las cunas del flamenco; paseas por el centro y ves preciosas iglesias como San Miguel, San Dionisio, Santiago o la Catedral; tenemos un alcázar magnífico del siglo XII; unas bodegas y unos vinos incomparables a nivel mundial; compositores del calado de Álvarez Beigbeder, Márquez Galindo o Francisco Navarro, que aunque por desgracia son nombres generalmente desconocidos, la música que dejaron escrita merece la pena. En fin, de un modo u otro, todo esto influye al jerezano, creando un poso cultural.

  • ¿Y Jerez a Pedro Gálvez?

Bueno, de momento, creo que nada (risas). Y no creo que sea yo quien pueda decirlo. El tiempo dirá. Yo desde luego que estoy empeñado en aportar todo lo que pueda por mejorar, al menos en el ámbito musical, a nuestra ciudad. De momento, hago todo lo que puedo a través de mi orquesta, la JOFCA, de la que podemos hablar después. También, a través de la composición. Hace poco estrené un pasodoble con el nombre Jerez de la Frontera, que no es más que un sencillo homenaje musical a la ciudad, con letra de Paco Zurita. Por otro lado, todas las marchas que he escrito por voluntad propia, han ido destinadas a hermandades y cofradías jerezanas.

  • ¿Cree que se puede ser músico o compositor de Semana Santa sin ser cofrade como tal?

Es una buena pregunta. Yo entiendo que, quien compone marchas, como mínimo ha de tener una gran sensibilidad para emocionarse con la Semana Santa y con todo aquello que representa, y lo que a uno le invita a reflexionar y a sentir. Al menos, yo lo veo así. Lo que uno compone, sale tanto de la mente como del corazón de uno. Si se hace desde la frialdad, desde el no entender o sentir la Semana Santa, entonces no hay nada que hacer. Creo yo. Un buen compositor de marchas tiene que saber lo que escribe y para quién lo escribe, y el camino es habiendo vivido la Semana Santa desde dentro y con intensidad.

«Yo, ahora, siendo profesor de orquesta y banda interino, estoy de aquí para allá. Ojalá llegue pronto el momento de asentarme definitivamente y ponerme manos a la obra (en relación a ponerse al frente de una banda en Jerez)»

  • Emprendió usted el proyecto de la Joven Orquesta Filarmónica «Campos Andaluces» allá por el año 2019. Cuéntenos sobre este grupo de jóvenes músicos, y qué objetivos se marca con él.

La JOFCA nace del descabellado sueño de un chaval de por entonces 17 años de crear una orquesta. Nos juntamos varios amigos del conservatorio de Jerez, sin ninguna ambición más que la de hacer música nosotros y disfrutarla a nuestra manera. Lo que no podíamos sospechar es que lo que en un principio era un mero grupo de amigos, se acabaría convirtiendo en una orquesta que haría grandes conciertos y giras por Francia o tocando en Viena. A pesar de que hubo pandemia por medio, eso sólo nos incentivó a volver con más ganas, más fuerza, más ilusión. Desde entonces, he procurado que la JOFCA abandere dos luchas que creo justas: la primera, reivindicar el papel fundamental de la juventud, tan denostada que está en nuestra sociedad, y demostrar lo que somos capaces de llegar a hacer por nosotros mismos; y la segunda, poner el foco en los autores de nuestra tierra, a menudo tan olvidados, tan poco difundidos. El patrimonio musical andaluz cuenta con música maravillosa que apenas se programa.

  • En 2024 la orquesta consiguió el primer puesto en el World Orchestra Festival, en Austria. ¿Qué supuso aquello a nivel tanto personal como grupal para sus músicos?

No podría decir tan siquiera que fue un sueño cumplido, porque ni por asomo nos planteábamos tal posibilidad. Ahora que ha ocurrido, no puedo sentir más que orgullo y satisfacción. El hecho de haber vivido algo así no tiene precio. El hecho de que todos los músicos que componen la orquesta, con edades entre los 13 y 23 años, hayan podido tener esta oportunidad irrepetible, para mí lo es todo. Y que encima hayamos llevado música de autores como Falla, Turina o Beigbeder: apaga y vámonos.

  • Dirigiendo la conversación hacia el ámbito cofrade-musical, compone usted sus primeras marchas con 20 años. ¿Dónde encuentra la inspiración para componer alguien tan joven?

Si le digo la verdad, mis primeras marchas son mucho más antiguas, solo que nunca las publiqué porque con la edad que tenía, no creía que me fueran a hacer mucho caso. Quizá algún día las muestre, no lo sé. La inspiración creo que viene, al fin y al cabo, de la inquietud. De la inquietud de crear algo bello, algo memorable. Y para eso no hay edad. Eso sí, no es el único ingrediente. Hace falta saber bien lo que se hace: técnica y conocimiento. Eso sólo lo da el estudio, los libros y la práctica.

  • Además de Germán Álvarez Beigbeder, del que hablaremos más adelante, ¿Quiénes son sus referentes en cuanto a composición?

Si hablamos de música en general, tengo muchísimos. Mi «Trinidad Musical» son Bach, Mozart y Beethoven. Ampliando el rango, tengo gran estima por Mendelssohn, Schumann, Brahms, Schubert, Wagner, Richard Strauss, Ravel, Lully, Palestrina, Debussy, Rachmaninov. Y tirando de un poco más actuales, García Abril, Ennio Morricone, John Williams, John Rutter o Karl Jenkins.

  • Le ha compuesto usted a imágenes jerezanas de gran arraigo, como la Virgen del Desconsuelo, el Cristo de la Viga, los Dolores, la Yedra o la Amargura. ¿Qué ha supuesto para usted?

Todo un honor. Tallas de gran calado artístico y devocional que, de una manera u otra me han acompañado desde pequeño. Nunca había imaginado que procesionarían al son de mis composiciones.

  • También ha compuesto para cofradías más allá de las fronteras jerezanas, como Santa Genoveva de Sevilla o las Penas de Málaga. ¿Es un anhelo para usted que su composición se extienda a lo largo y ancho de Andalucía?

Si le digo la verdad, no es para mí una prioridad. Yo siempre he hecho la música para las hermandades a las que les he escrito, pero sin expectativa de que se hagan famosas, sino con el único objetivo de que fueran como anillo al dedo a sus destinatarias. Si el público cofrade juzga que mi música merece la pena y acaba calando, para mí será un regalo que se extiendan por Andalucía, y estaré inmensamente agradecido. Eso desde luego.

«Un buen compositor de marchas tiene que saber lo que escribe y para quién lo escribe, y el camino es habiendo vivido la Semana Santa desde dentro y con intensidad»

  • ¿A qué imagen o imágenes le gustaría componer, en algún momento de su vida, una marcha procesional?

Siempre he tenido varias en mente, pero creo que todo tendrá que llegar a su debido momento, cuando yo me sienta preparado. Por un lado, a la Piedad de Jerez, la devoción de mi familia. Es un conjunto escultórico de valor incalculable, ¿cómo traducir lo que inspira a música? De momento, siento que es una tarea que me queda grande. También está en mi mente el componer una marcha dedicada a todas las hermandades jerezanas, es decir, a la Semana Santa de Jerez. Y bueno, puede que algún día, si Ella quiere, a la Esperanza Macarena.

  • En materia de composición musical, ¿Cómo definiría su estilo de marchas procesionales? ¿Cuál de sus obras refleja mejor este estilo?

           También es muy buena pregunta. Pues creo que mi estilo es variado, en el sentido de que la Semana Santa es tan diversa que es imposible componer de un modo predeterminado. Es decir, tengo marchas muy alegres como La Virgen de las Mercedes o muy fúnebres como Siete Lágrimas, o de triunfal solemnidad como Flos Carmeli. Sin embargo, creo que el estilo en el que mejor me muevo y me identifica mejor no es ni alegre ni serio, sino arraigado en el folclore andaluz. Así que yo diría que Suspira la Amargura y María en sus Penas son mis marchas más conseguidas. Esa es mi opinión.

  • ¿Cómo fue la primera vez que escuchó una marcha suya en Semana Santa en la calle? ¿Qué siente cuando suena su música tras una imagen sagrada?

Pues la primera que escuché en la calle, si mal no recuerdo, fue La Virgen de San Mateo, en la salida de la Hermandad de los Judíos del año 2023. La Hermandad me concedió además, y en agradecimiento por la composición, poder ir acompañando al palio muy de cerca. Esa misma tarde no sólo la escuché allí, sino entrando en la Catedral y ya cuando volvía por su barrio. Es decir, tres veces. Fue una sensación indescriptible. Recuerdo con cariño que en el fuerte de bajos, el público estalló espontáneamente en aplausos, y no pude evitar sentir un pellizco en el estómago. Probablemente nadie del público sabía que el compositor de la marcha estaba allí, puesto que ni me conocían, pero sin quererlo, me hicieron un gran regalo.

  • Se ha desvelado recientemente que va a componerle usted una marcha a la Virgen de la Trinidad de Jerez con motivo del 25 aniversario de su erección canónica. ¿Qué nos puede contar sobre esta obra?

            La Virgen de la Trinidad fue un flechazo a primera vista. Llegó a Jerez no hace mucho, pues es una talla de reciente factura, obra de Ramón Cuenca. Aun así, bien podría confundirse con una imagen con siglos de historia. Su gesto de desmayo, buscando el apoyo de San Juan Evangelista… me cautivó desde el primer momento. Y como es la primera vez que procesiona, quería que su primera marcha fuese mía. La marcha tendrá esos dos caracteres contrastantes: trágico y doliente, y también dulce y esperanzador. La traducción a música de esa escena: una madre al borde del desmayo y el discípulo amado brindándole su apoyo y su serenidad.

  • Defina quién fue para usted Germán Álvarez Beigbeder.

Germán Álvarez Beigbeder fue un compositor nacido a finales del s.XIX y fallecido a mitad del XX. Pese a la gran calidad musical de sus composiciones, creo que nunca se le ha puesto en el lugar que merece. Él siempre fue un enamorado de Jerez y no quiso salir de la ciudad y darse a conocer. Quizá por ello hoy no se habla de él como de otros autores. Tampoco fue muy prolífico, aunque tiene obras verdaderamente preciosas, tanto para orquesta como para banda, coros, grupos de cámara y piano. Para mí fue un descubrimiento saber que un compositor de tanta enjundia era de mi misma ciudad y, además, de un par de calle más abajo de donde yo vivo.

«Un buen compositor de marchas tiene que saber lo que escribe y para quién lo escribe, y el camino es habiendo vivido la Semana Santa desde dentro y con intensidad»

  • ¿Cree, como otros expertos, que su reconocimiento hubiera sido mayor si hubiera salido de Jerez y darse a conocer en otros lugares de referencia?

Sin duda. Su música merece la pena. La Orquesta de Córdoba grabó algunas obras, estos audios son fácilmente accesibles en internet. Una de las obras, por cierto, se llama Campos Andaluces, y es por esto que nuestra orquesta se llama así. Uno de los hijos de don Germán, sin embargo, sí se hizo mucho más famoso. Al lesionarse el brazo, tuvo que dejar de tocar su instrumento y se dedicó a componer canciones. Se fue a Madrid y allí trabajó para artistas como la Jurado, Nino Bravo o Raphael, componiendo sus canciones más famosas. Su nombre es Manuel Alejandro, que aún a día de hoy vive y creo que goza de una buena y merecida reputación. Me gustaría que su padre fuera tan reconocido como él.

  • ¿Cómo ha cambiado la música procesional desde la época de Beigbeder hasta nuestros días? ¿Ha mejorado?

Mejorar, no diría que ha mejorado. Ha avanzado, ha evolucionado. Beigbeder entendía sus marchas como oraciones musicales, de manera que sus marchas poseen un carácter profundo, sacro, sobrio. Como las que él conoció en su infancia, sin duda, aquellas de los Font. Nunca quiso seguir las modas que venían de Sevilla, inaugurada por Farfán y su Estrella Sublime. Hoy día la marcha procesional tiene muchísimos más componentes que la acercan al folclore y la música popular. También es cierto que hoy día es mucho más fácil componer gracias a las nuevas tecnologías, y se compone mucho… y no siempre bien. En un gran porcentaje, las marchas que se vienen estrenando desde hace unos años no tienen ningún valor musical. No todas, por suerte. Como he dicho, hoy tenemos autores magníficos que velan por que la música que se ofrece a los sagrados titulares sea excelente y no responda a modas. Yo creo que el tiempo pondrá todo en su sitio, como siempre.

  • Ha llevado usted la música de Beigbeder, y también marchas procesionales, a un prestigioso festival de orquestas en Viena, consiguiendo el primer premio para orgullo de Jerez y todos los andaluces y cofrades. ¿Qué lectura saca usted de que tocando obras como «Soleá Dame la Mano» o «Subida al Calvario», haya logrado ganar a orquestas de todo el mundo?

Yo siempre he defendido que la marcha procesional es un género verdaderamente apasionante, porque obliga al autor a sacar todo lo que pueda de sí en tan sólo unos minutos de música. Como los microrrelatos. Una buena marcha vendría a ser una sinfonía de bolsillo. Estas marchas que llevamos demuestran la alta calidad musical que existe en el género. A menudo nos maravillamos con ese Concierto de Año Nuevo vienés, con esos fabulosos valses y polkas que escuchamos y a veces obviamos que tenemos en nuestra tierra música que no tiene nada que envidiarle. Ya quisiera yo un Concierto de Año Nuevo andaluz.

  • Usted que domina cada ámbito… ¿qué tienen en común la música clásica y las marchas procesionales? ¿Y si incluimos al flamenco en la ecuación?

La marcha procesional es otra faceta de la música clásica. De hecho, hay grandes ejemplos de marchas fúnebres escritas por autores como Beethoven o Mendelssohn. Además, la marcha procesional sigue viva, en la calle, cada año… y sigue evolucionando. El flamenco también ha sido determinante en estas dos anteriores. El Amor Brujo de Falla no se entendería si no existiera el flamenco, pero Amarguras, Soleá dame la mano o Valle de Sevilla, tampoco. La música es sólo una, y nosotros nos hemos empeñado en compartimentarla en cajones etiquetados. Pero estos cajones, lejos de estar inconexos, se retroalimentan entre sí. Es gracias a eso que las posibilidades en la composición, aún, son infinitas.

  • ¿Perjudica la proliferación del número de marchas que se componen en la actualidad a la calidad de las mismas?

Sí, sin duda. Dentro de que hay autores muy prolíficos como Gándara, que puede escribir más de diez al año;  y otros más reservados como Hurtado, que como mucho estrena una o dos; ambos tienen cotas de calidad muy altas. Por desgracia, aunque también por suerte, ellos son la excepción. La realidad de la composición, como le he dicho antes, es que hoy en día es tan accesible que cualquiera con un ordenador y unas nociones basiquísimas de música puede sacar algo. Las hermandades deberían asesorarse bien o tener músicos en sus filas que filtren lo que reciben, igual que se hace con otros ámbitos del arte. De lo contrario, seguiremos sobrecargados de estrenos insustanciales y de poca calidad, que además, eclipsarán a los que sí tengan calidad.

«Hoy día es mucho más fácil componer gracias a las nuevas tecnologías, y se compone mucho… y no siempre bien«

  • Grandes bandas de todo el panorama actual -la Paz de Málaga, el Carmen de Salteras, Maestro Dueñas, entre muchas otras- tienen marchas suyas en repertorio. ¿Se imaginaba en su niñez que esto fuera posible?

No, nunca lo imaginé. Y además, siempre, en toda banda que he visitado, me han tratado de manera exquisita. Eso también me habla de la enorme calidad no tan sólo musical, sino también humana, de estas grandes bandas. El renombre no sólo se consigue por interpretaciones excelentes, sino por sus maneras de proceder, también excelentes.

  • En lo que a música se refiere… ¿qué tiene Jerez que no tenga ningún otro sitio?

Como decía Manuel Alejandro en una entrevista que le hicieron en El Hormiguero, él escuchaba a su padre por las mañanas tocando el piano y por la noche a los gitanos cantando en su portal. Eso no lo tiene ninguna otra ciudad: a un Beigbeder y, en la misma calle, a un Luis de la Pica o un Paco Cepero.

  • En cuanto a nivel bandístico, ¿cómo ve la situación actual en lo que se refiere a bandas de música de plantilla completa?

Yo diría que mejor que nunca. Cada vez más bandas están entendiendo lo importantes que son en nuestra sociedad, y que han de apostar por la excelencia musical. Yo diría que desde los 90 y los 2000 hasta ahora, el nivel en toda Andalucía ha crecido exponencialmente.

  • ¿Está usted de acuerdo en que ahora, prácticamente en cada rincón de Andalucía, se encuentran varias formaciones a un primerísimo nivel interpretativo?

Totalmente. Cuando me preguntan cuál es mi banda favorita, no lo tengo claro. Hay tantas bandas tan excelentes, que es imposible apuntar sólo a una. Para mí, el referente en cuanto a calidad musical siempre ha sido, desde pequeño, Maestro Tejera. Pero si me lo permitís, he de mencionar a El Carmen de Salteras y La Paz de Málaga. Dos bandas que, después de conocer en persona, se han ganado todo mi cariño y mi admiración. Uno se espera que, por ser bandas de tanto nivel y prestigio, quizá iban a mirarme a mí, un chaval de 23 años, con algo de desdén… y en absoluto. Me abrieron las puertas y me hicieron sentir en casa, como uno más de ellos. Eso no tiene precio. Por eso yo añadiría que no sólo a primer nivel interpretativo, sino también humano. Por otro lado, se están todas poniendo al día con las redes, difundiendo sus trabajos y sus logros, y eso en el mundo de hoy es muy, muy importante.

  • En Jerez hay una banda de música municipal, que no atraviesa un buen momento. Hace mucho tiempo que no hay una banda de referencia en Jerez. ¿Se plantea usted, a corto o largo plazo, encabezar un proyecto de banda de música tal y como hizo con la orquesta?

La banda es la asignatura pendiente de Jerez. Yo siempre he tenido también en mente ese proyecto, y si nadie más se anima y le echa el tiempo, esfuerzo y mimo que ello requiere, probablemente acabe intentándolo yo. Un proyecto así necesita mucho tiempo y mucha estabilidad. Yo, ahora, siendo profesor de orquesta y banda interino, estoy de aquí para allá. Ojalá llegue pronto el momento de asentarme definitivamente y ponerme manos a la obra. Siempre he pensado que el diagnóstico de la salud musical de una ciudad o pueblo se puede medir a partir de su banda de música… así que Jerez necesita con urgencia una inyección y de las fuertes.

  • En torno a la eterna cuestión sobre la elección de las marchas procesionales de la cruceta, sobre si deben hacerla miembros de la cofradía o el director de la banda, ¿cuál es su opinión?

Es difícil. Lo importante es que se haga con criterio. Un criterio importante es el conocer a la hermandad, a su barrio, a su gente, su idiosincrasia. Pero no puede quedarse ahí, tiene que haber un filtro, el de la calidad musical. Igual que a una imagen no se la puede vestir con harapos, no se le puede ofrecer música mal hecha. Así que, a menos que haya algún miembro de la cofradía que tenga una buena formación musical (más allá de escuchar marchas en su casa), creo que es importante siempre escuchar al director de la banda, abrir la mente y educar el oído. Claro que muchos directores, por ahorrarse problemas, van a tragar con todo. Pero bueno, yo defiendo que la pedagogía tiene que partir de nosotros, los músicos.

«El arte es una escapatoria. Ninguna máquina podrá nunca emocionarnos como un ser humano, porque las emociones no pueden programarse ni responder a algoritmos sin alma«

  • Para concluir en un ámbito más personal, a usted como músico profesional… ¿qué opinión le merece el trato que se le da a la asignatura de Música en el sistema educativo andaluz?

Penosa. Para empezar, sacaría del aula la flauta dulce, que en aulas de 30 alumnos es de todo menos dulce. Y seamos realistas: si bien la práctica de un instrumento es increíblemente beneficiosa, tal como se plantea, no sirve para nada. En otros países, se hacen bandas de música o coros en las aulas. Entiendo que para ello harían falta unas infraestructuras que no tenemos, pero la música se podría enseñar de otras muchas maneras. Por ejemplo, educando el oído, aprendiendo a escuchar música de diferentes géneros, estilos, autores.

  • Estamos viendo con cierta frecuencia cómo se prohíben conciertos de música procesional dentro de los templos, o cómo desde instancias clericales se restringe el acompañamiento musical en determinados traslados extraordinarios o rezo de Rosarios o Vía-Crucis. ¿Qué opinión le merecen estas prohibiciones? ¿Qué relación tiene la música con la oración desde su punto de vista?

Yo, en lo personal, no lo puedo entender. Decía San Agustín que quien reza cantando, reza dos veces. Pues parece que por aquí no lo hemos entendido muy bien. La música es una forma infalible de solemnizar un acto. ¿Qué mal hace? Entiendo que se puedan poner limitaciones, por ejemplo, no se va a tocar una pieza cuyo espíritu sea contrario a la sacralidad o al recogimiento religioso. O, como he dicho, obras de mala calidad. Pero de ahí a enfocarse en la música como si por sí misma fuera causante de algún problema, cuando en todo caso, los solventa…

  • ¿Qué sueño ha cumplido ya Pedro Gálvez en este mundillo? ¿Y cuáles le quedan por cumplir?

Muchos, algunos de ellos sin querer: tener una orquesta propia, haber escuchado mi marcha La Virgen de las Mercedes sonando tras el palio de la Macarena en Calle Feria, haber dirigido en la Sala Dorada de Viena, haber dirigido el Réquiem de Mozart, haber compuesto un pasodoble a Jerez, haberme convertido en profesor de orquesta y banda… y los que me quedan por cumplir son muchos. Por ejemplo, espero algún día dirigir la Novena de Beethoven. También llegar a dirigir alguna orquesta profesional, aunque sea de manera puntual. Por qué no, componerle una marcha a la Macarena, y como hemos hablado, fundar una banda en Jerez, o dirigirla. No lo sé. Estoy abierto a lo que la vida me depare y quiera ofrecerme, si lo tiene a bien.

  • ¿Qué mensaje le daría a todos aquellos chavales que se estén planteando, a día de hoy, conducir su vida laboral hacia la música como usted hizo?

En mi opinión, que si verdaderamente lo desean, que lo hagan. La música no es en absoluto, como piensa el imaginario popular, un oficio sin salidas. Al contrario. Lo difícil es llegar lejos, pero como todo: es trabajo y perseverancia. Y humildad. Además, yo diría que con estas inteligencias artificiales que están surgiendo, y tantos trabajos humanos que quedarán obsoletos o reemplazados por máquinas, el arte es una escapatoria. Ninguna máquina podrá nunca emocionarnos como un ser humano, porque las emociones no pueden programarse ni responder a algoritmos sin alma. No me imagino yo asistiendo al concierto de una orquesta de robots, todos tocando sus instrumentos perfectamente afinados, sincronizados… qué aburrimiento, ¿verdad? El arte será para siempre humano.

  • ¿Dónde se ve dentro de 20 años?

Pues espero que feliz y en mi casa, con mi familia. Es a todo lo que aspiro. Lo que venga de más, bienvenido será.

  • Gracias por atender a este medio, siéntase libre de añadir lo que desee…

Gracias a vosotros por tenerme presente y sacar este pedacito de tiempo y espacio para mí, y darme este altavoz.

«Decía San Agustín que quien reza cantando, reza dos veces. Parece que por aquí no lo hemos entendido muy bien»