Reflexiones heterodoxas | A la vuelta de la esquina

Estamos a poco más de un mes para la celebración del Magno Vía Crucis que aúna la conmemoración del VI centenario de la instauración del primer Vía Crucis legado a la humanidad de Occidente en Scala Coeli, por el Beato Álvaro de Córdoba, y el Jubileo de la Esperanza convocado por el difunto Papa Francisco mediante la bula «Spes non confundit» (La esperanza no defrauda), en la que destaca que la esperanza es un don de Dios y una tarea para todos los cristianos. Podemos discutir la idoneidad de la celebración de tal evento, las condiciones en las que se va a llevar a cabo, tales como los recorridos, los precios de las sillas, el cierre de la “carrera oficial” solo y exclusivamente para quienes compren su silla, se pueden objetar las fechas, las hermandades participantes y hasta el cartel anunciador. Reconozco que, en esto de poner faltas, los cordobeses somos únicos. Vaya por delante mi más rotundo desacuerdo con la proliferación de este tipo de actos, lo que no significa que no vaya a participar porque mi hermandad me lo demanda. Tres cuartos de lo mismo ocurre con la supersaturación de salidas extraordinarias con excusas de lo más variopintas, así como de imágenes cultuales que nunca han pisado las calles de nuestras ciudades y que, de un tiempo a esta parte, saturan el calendario anual, siendo raro el fin de semana que no hay una procesión en la calle, de tal suerte que, hoy en día, una parroquia que no organice una procesión, prácticamente no existe. Dicho lo cual, quiero dejar bien sentado que, nos guste o no su celebración, al final en la próxima magna no vamos a realizar unos simples traslados sincronizados a la Catedral, todo lo contrario, vamos a escenificar una auténtica protestación pública de nuestra fe católica, a cara descubierta, sin trampas ni cartón. Paralelamente, vamos a actuar como un agente económico de primera magnitud para la ciudad, especialmente para el sector hostelero, que bien podría dejarse caer con algún detalle a modo de agradecimiento, pero eso es pedirle peras al olmo. Y es aquí donde yo quiero llegar porque en esto, como en todo, hay formas y formas de acometerlo. Desde luego, los cordobeses vamos a presentarnos ante el mundo cofrade, especialmente el andaluz, con nuestras luces y nuestras sombras, con nuestras virtudes y nuestras carencias porque, al fin y al cabo, somos una Semana Santa en construcción. Somos una Semana Santa con mucho público que acude y exige ver gratuitamente el espectáculo, pero con un porcentaje bajísimo de cofrades comprometidos con nuestras hermandades, por lo que completar los cortejos, me temo, va a ser tarea ardua y complicada, a no ser que los llenemos de críos. Porque, seamos realistas, nuestras estaciones de penitencia están trufadas de cientos de niños que se visten –¿disfrazan?- de nazarenos unos años, pero cuando llega la edad en la que las cosas empiezan a ponerse serias, cuando la formación religiosa y cofrade debiera ser hasta agresiva, como no hay nada o muy poco, desaparecen como por ensalmo: estudios dentro o fuera de Córdoba, si la pareja no es cofrade… mal asunto, la situación económica o, fundamentalmente, porque no hay una tradición familiar que ancle a la juventud a la hermandad de sus padres o abuelos, se desvanecen y punto. Esta falta de compromiso, de continuidad, de tradición se traduce, entre otras cuestiones y volviendo al leitmotiv de esta columna, en el hecho lamentable de que los proyectos patrimoniales se eternizan en su ejecución, por lo que vamos a presentar al mundo pasos en muy distintas fases de ejecución, unos completamente finalizados y otros a medio hacer o, literalmente, en pañales. Ante esta situación, me temo, van a ser muchas las hermandades que presenten un auténtico pastiche, una máscara de lo que realmente son en la actualidad. Me explico, es práctica habitual pedir prestados determinados elementos del guion procesional a corporaciones que no van a participar en el acto, llámense mantos, candelerías, han llegado a cederse imágenes secundarias para componer o completar misterios y, hasta los mismos pasos, con el fin de ofrecer una imagen más acabada ante un escaparate de cientos de espectadores, tanto en vivo como a través de las televisiones locales y autonómica. 

La Agrupación Musical de la Redención de nuestra ciudad. Una de las formaciones más consolidadas del panorama cordobés. Foto: PacoRomán

Otro tanto ocurrirá con el mundo del costal, de todos es sabido que, en la actualidad, prácticamente, no existe una hermandad que cuente con cuadrilla propia. Cuestión distinta es que, en todas las hermandades, haya costaleros que son hermanos con prolongada trayectoria bajo la trabajadera. De hecho, se acude a tal o cual capataz, en función de su capacidad de convocatoria, lo cual me lleva a pensar que el día 11 de octubre, o vienen costaleros de los cuatro puntos cardinales de Andalucía, o vamos a asistir a espectáculos muy tristes, y ya se está hablando de la presencia de capataces de relumbrón. Ojalá y todas las hermandades anden sobradas de hombres, tanto de negro, como de camisetas de tirantes y costal por debajo de la nariz. Y no digamos nada en el apartado musical, aquí, sí o sí, la presencia de bandas foráneas, amén de las que lo hacen habitualmente, será la tónica, dado el panorama que nos asiste, por lo que asistiremos a una auténtica competición por ver quién trae la banda más puntera del momento.

El misterio de la Cena transitando frente a la torre del homenaje del Alcázar de los Reyes Cristianos. Foto: PacoRomán

Como conclusión, no puedo dejar de expresar mi temor y mis dudas acerca del resultado final de la Magna, dadas las dimensiones de la misma. Ojalá y resulte todo un éxito y sirva como revulsivo para trabajar con más ahínco, si cabe, por nuestras corporaciones. Espero que cada cual se presente tal como es, con humildad y la cabeza muy alta, porque no podemos avergonzarnos de lo que, por suerte o por desgracia somos aquí y ahora, todas comenzaron con más entusiasmo que medios, todo es cuestión de tiempo, esfuerzo y dinero. Por ello, no podemos sonrojarnos por ser hermandades jóvenes con escasos recursos económicos y nula implicación de la población de nuestros barrios. Al menos, podremos orgullecernos de un marco único e incomparable patrimonio de la humanidad. 


Foto portada: Carlos Lara y su equipo dirigiéndose a su cuadrilla. PacoRomán