Córdoba, ⭐ Portada

Pedro García amenaza con expropiar la Mezquita Catedral apenas unas horas después de que se firme el acuerdo de la vergüenza entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

«Haremos las modificaciones legislativas oportunas para facilitar la recuperación de los bienes inmatriculados indebidamente por la Iglesia, basadas en el privilegio de inscribir en el Registro de la Propiedad bienes a partir de simples declaraciones de sus propios miembros». Ésta ha sido la evidente amenaza perpetrada por el portavoz de lo que queda de Izquierda Unida en Córdoba (Izquierda Hundida para los amigos) Pedro García -quien, por cierto me tiene bloqueado en Twitter, evidenciando su escaso talante democrático y su tolerancia cero a la crítica- apenas unas horas después de que se haya suscrito el acuerdo de la vergüenza entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Un acuerdo entre el PSOE más radical desde la República que provocó la Guerra Civil y los comunistas totalitarios de morado con el apoyo explícito de delincuentes y terroristas. 

Una amenaza manifiesta que demuestra cuál es su prioridad desde siempre, expropiar la Mezquita Catedral robándosela a sus legitimos propietarios, y por extensión a todos los cordobeses, por obra y gracia de un irracional odio enfermizo a la Iglesia católica y a los miles de ciudadanos que profesan el cristianismo, que en absoluto permanecerán impasibles ante burdas bravuconadas de matón de barrio que a estas alturas de la película no asustan a nadie. Izquierda Unida (léase Izquierda Hundida) no es más que un miserable cero a la izquierda en toda esta ecuación, sin mayor peso que los rescoldos que la llama que un día mantuvieron encendida políticos de altura, como Gaspar Llamazares, que mueren de vergüenza ante el vergonzoso y sumiso vasallaje que lo que queda de esta coalición rinde al marqués de Galapagar. 

Sacar pecho cuando el grupo político al que uno representa ha quedado reducido a la más patética de las insignificancias, más allá de ser ridículo, demuestra una indigencia mental directamente proporcional a la incompetencia que ha demostrado como gestor público. Amenazas que no son más que el canto del cisne de un personajillo que ha jugado unos cuantos años a ser político, que hace tiempo que está absolutamente desahuciado y que sabe que tiene el relevo preparado a la vuelta de la esquina. Bravuconadas ante las que solo cabe una respuesta: la reafirmación de que la mayoría de los cordobeses no vamos a tolerar que nos roben y que estaremos en frente. Que no le quepa duda a nadie, ni siquiera a Pedro.

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