Peñaflor corona canónicamente a Nuestra Señora de Villadiego en una jornada histórica marcada por la devoción popular

Cerca de dos mil personas participaron en la misa pontifical presidida por el arzobispo de Sevilla y en la posterior procesión extraordinaria de la patrona por las calles del municipio

La localidad sevillana de Peñaflor vivió en la tarde de este sábado una de las jornadas más significativas de su historia reciente con la coronación canónica de Nuestra Señora de Villadiego Coronada, patrona del municipio, en el transcurso de una solemne celebración eucarística presidida por el arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses. El acto central tuvo lugar en la Plaza de España, espacio que reunió a cerca de 2.000 personas en torno a una ceremonia marcada por la emoción colectiva y el profundo arraigo devocional que la advocación mantiene desde hace siglos entre los vecinos de la localidad.

Durante su homilía, el arzobispo puso el acento en el carácter histórico y espiritual de la celebración, afirmando que Peñaflor no conmemoraba únicamente una ceremonia puntual, sino toda una tradición de fe profundamente vinculada a la historia del municipio. En este sentido, recordó que la devoción a Nuestra Señora de Villadiego hunde sus raíces en siglos de memoria cristiana y que diversas fuentes relacionan esta advocación con el propio origen medieval de la población y con la permanencia continuada de su presencia en la vida religiosa del pueblo.

“La principal corona de María son sus hijos”

A lo largo de su intervención, Saiz Meneses definió la coronación canónica como un acto “profundamente eclesial”, subrayando que este reconocimiento supone la confirmación pública de que una imagen de la Virgen ocupa un lugar singular en la fe, en la oración y en la vida cristiana de un pueblo. El prelado destacó además que la corona impuesta a la patrona no añade gloria alguna a María, a quien describió como “la Mujer revestida de sol, la Madre del Señor y la llena de gracia”, sino que simboliza el reconocimiento del pueblo de Peñaflor hacia quien consideran su Madre, Patrona y Reina.

El arzobispo incidió igualmente en la dimensión espiritual de esta proclamación, señalando que la auténtica coronación comienza en el corazón de los fieles. Según expresó, la mayor corona de María son sus hijos cuando viven en gracia de Dios y mantienen viva la fe en su vida cotidiana. En esa reflexión incluyó a las familias cristianas, a los jóvenes “limpios de corazón”, a los ancianos sostenidos por la esperanza, a los enfermos que ofrecen su sufrimiento, a los sacerdotes fieles, a las religiosas entregadas y a los niños educados en la fe, así como a un pueblo que no se avergüenza de manifestar públicamente su condición cristiana.

Un llamamiento a reforzar la vida cristiana y la comunión parroquial

La homilía concluyó con un llamamiento directo a las consecuencias prácticas que, según indicó el arzobispo, debe tener una coronación canónica en la vida de los creyentes. Saiz Meneses afirmó que este acontecimiento debe servir para fortalecer el compromiso de avanzar en la vida cristiana mediante el crecimiento en la fe, la oración, la participación en la Eucaristía y la recepción del sacramento de la confesión.

Asimismo, insistió en la necesidad de profundizar en la fraternidad, la atención a los pobres y necesitados, la formación cristiana y la educación de niños y jóvenes. También reclamó valentía para ofrecer testimonio público de la fe, advirtiendo de que una coronación que no produzca conversión, caridad o fortalecimiento de la vida sacramental y parroquial quedaría incompleta y “a mitad de camino”.

Tras la conclusión de la misa pontifical, Nuestra Señora de Villadiego Coronada recorrió en procesión extraordinaria las calles de Peñaflor, culminando así una jornada que quedará incorporada a la memoria colectiva de la localidad como uno de los acontecimientos devocionales más relevantes de las últimas décadas.