La votación concluyó con una participación de 1.479 hermanos, de los cuales 809 votos (55%) han sido para Gonzalo Pérez Oliver, frente a 635 votos (43%) cosechados por Juan Ogazón. Además, se registraron 21 votos en blanco (1,4%) y 14 nulos (1%)
La Hermandad de San Gonzalo ha celebrado hoy un controvertido cabildo de elecciones. La corporación del Lunes Santo citaba a sus hermanos este domingo 21 de diciembre con dos aspirantes a hermano mayor: Gonzalo Pérez Oliver y Juan Ogazón Montes.
Cientos de hermanos han desfilado por los salones parroquiales para ejercer su derecho al voto desde las nueve de la mañana hasta las cuatro de la tarde. Recontadas las papeletas, la cofradía anunciaba el nombre de su hermano mayor electo, Gonzalo Pérez Oliver.
Una vez proclamado el resultado del Cabildo de Elecciones, el hermano mayor electo se dirigió a la corporación mediante una carta difundida a través de los canales oficiales, en la que quiso subrayar, ante todo, su agradecimiento “por el apoyo, la confianza y el cariño que hemos recibido durante este proceso”, destacando que la presentación de la candidatura había supuesto “un honor y una experiencia enriquecedora” que reafirma el compromiso y el amor hacia la Hermandad.
En su mensaje, insistió de manera especial en el reconocimiento colectivo, expresando un claro “gracias a quienes participaron en el Cabildo, a quienes confiaron en nuestra propuesta y a quienes nos acompañaron en este camino”, recordando que todos los hermanos comparten “la misma devoción y el mismo propósito: engrandecer nuestra Hermandad y servir a nuestros Sagrados Titulares”.
El nuevo mandato se presenta, según sus propias palabras, como “una nueva etapa” que será afrontada con “humildad y entrega”, poniendo el acento en que “la verdadera fuerza está en la unidad”. En este sentido, reivindicó el trabajo común en ámbitos esenciales como “Caridad, Acción Social, Priostía, Formación, Cultos y Cofradía”, anunciando además que “mi despacho estará siempre abierto para todos los hermanos que deseen servir a la corporación con nuevas propuestas”.
Finalmente, el hermano mayor electo dejó fijadas las líneas maestras de su gobierno, comprometiéndose a “trabajar con transparencia, diálogo y responsabilidad”, con el objetivo último de “buscar siempre el bien común y el crecimiento de nuestra Hermandad”.
Antecedentes de un proceso electoral bajo supervisión
La convocatoria electoral celebrada este 21 de diciembre hunde sus raíces en un proceso largo, complejo y sometido a una intensa fiscalización canónica, que comenzó semanas atrás y que estuvo marcado por decisiones clave de la autoridad eclesiástica y por un clima de máxima vigilancia jurídica. La Hermandad fijó definitivamente esta fecha tras un Cabildo Extraordinario de Oficiales celebrado el 17 de noviembre, en un contexto condicionado por un prolongado periodo de supervisión canónica y por semanas de intensa actividad jurídica que afectaron de lleno al normal desarrollo del calendario previsto.
El escenario se reconfiguró de manera decisiva después de que el Arzobispado de Sevilla comunicara el 13 de noviembre la posibilidad de autorizar elecciones el 30 de noviembre, siempre que ambas candidaturas subsanaran los defectos detectados en la documentación, especialmente en varias partidas de bautismo. Aquella opción, finalmente descartada, implicaba la anulación del voto por correo y un previsible retraso del proceso, lo que llevó a la corporación a reorganizar los plazos y a fijar una nueva fecha ya firme: 21 de diciembre.
El origen del conflicto se remonta al 20 de octubre, cuando la Hermandad anunció la suspensión del cabildo electoral previsto para el día 26, tras una impugnación presentada ante la Delegación Episcopal de Asuntos Jurídicos que señalaba irregularidades en el procedimiento del voto por correo. Entre ellas figuraban una errata en la fecha enviada a los hermanos, donde se indicó por error el año 2026 en vez de 2025 y el incumplimiento del plazo mínimo de un mes fijado por las Normas Diocesanas.
A este contexto se sumó el Cabildo Extraordinario de Oficiales del 29 de octubre, en el que la Junta de Gobierno defendió la validez del proceso inicialmente convocado y sostuvo que no procede otorgar plazo de subsanación a la candidatura declarada inválida, amparándose en el artículo 32.4 de las Normas Diocesanas. Según expuso, la candidatura considerada válida había presentado su documentación en los términos establecidos por la normativa y los protocolos diocesanos, advirtiendo además de que permitir una subsanación posterior habría supuesto generar un precedente de inseguridad jurídica y parcialidad.
El proceso enfrentó finalmente a dos candidaturas: la encabezada por Gonzalo Pérez Oliver, con el aval del Arzobispado desde el 24 de septiembre, y la liderada por Juan Ogazón Montes, cuya lista quedó pendiente de subsanar varios defectos de forma. La intervención de la autoridad eclesiástica buscó en todo momento recuperar la igualdad de condiciones entre ambas opciones, condicionando la aceptación definitiva al cumplimiento estricto de los requisitos exigidos.
Con la fijación definitiva del 21 de diciembre, la Hermandad apostó por recomponer los plazos, asegurar la correcta tramitación administrativa y restablecer la estabilidad interna, poniendo fin a uno de los episodios electorales más complejos y fiscalizados de los últimos años. La cita se planteó así como el momento decisivo para normalizar la vida corporativa y cerrar una etapa marcada por impugnaciones, rectificaciones y un estrecho control jurídico, bajo las garantías pastorales y canónicas de la Archidiócesis de Sevilla.





